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Coti vía streaming: Un show inolvidable y la sensibilidad intacta

Prometió y cumplió. El cantautor, brindó el domingo un show íntimo de dos horas y media desde su estudio en Buenos Aires, donde deleitó con clásicos, covers y unas cuantas anécdotas.

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Coti vía streaming: Un show inolvidable y la sensibilidad intacta - Radio Cantilo

martes 14 Jul, 2020

– Por Karina Velis-

 

A las 18, hora en que estaba anunciado el show, comenzó la cuenta regresiva en la página de Livepass, donde 5 minutos separaban a los espectadores de la intimidad del músico. El público, en el chat de la plataforma, por supuesto, manifestaba la ansiedad y se preguntaba especialmente con qué tema empezaría el show.

Un plano general picado, casi cenital, dio comienzo a la transmisión. Coti, sentado en una banqueta alta en el centro de su estudio -de piso de madera bien cuidado por alfombras colocadas estratégicamente-, apareció rodeado de guitarras tal como prometía la foto promocional del show. Camisa tipo leñadora en tonos bordó, jardinero desabrochado y poncho, ambos de color negro, y su característico sombrero en tono camel. Una guitarra electroacústica y la armónica -en su atril de cuello- ambas a cargo del cantautor, musicalizaron la letra de “Nueces”, la balada elegida para el arranque, y que ha sido popularizada con la voz de Ismael Serrano.

Pasada la apertura, un Coti que completaba su outfit luciendo medias de color negro -sí, estaba en medias-, dio la bienvenida a esta experiencia de cantar para mucha gente que no veo y no siento, pero agradezco que estén ahí detrás. “Diamante”, fue el segundo de la tarde, tema que en vivo incluye un tramo de “Free falling” de Tom Petty.

En este lugar nacieron muchas canciones”, relató Coti refiriéndose a su estudio que para esta ocasión estuvo bañado de una gran iluminación, aunque usualmente es mucho más tenue. “Hace unos meses, con un par de amigos tomando mates hicimos una canción que grabamos días después, ya en cuarentena. Habla del reencuentro, algo cotidiano en la vida normal y ahora tan ansiado”. Se refería a “Por ahí”, tema adelanto de su próximo disco, del cual también editó un video con material de archivo e imágenes tomadas desde balcones.

“Tanta Magia” le siguió y a la instrumentación se sumó una especie de bombo electrónico ubicado sobre la mesita. ¿Les gustan mis medias?”, dijo el músico, ante el primer plano de su pie sobre el artefacto. Luego llegó el momento de “Profundidad”. Y con esa misma profundidad dijo: “Espero que estén recibiendo bien este mensaje de palabras cantadas; que les esté llegando la emoción que está en esta guitarra, en este pecho y en esta voz, a pesar de las ‘internetes’.”
El rosarino compartió algunas historias de sus años en Madrid, “años muy hermosos”, catalogó, y aprovechó para saludar a quienes lo veían desde allá. Fue la antesala necesaria para hablar de sus épocas siendo el ‘inmigrante ilegal más famoso’, según contó. “En aquel momento escribí algunas canciones que ahora se estudian en los libros. “El blues del inmigrante” básicamente recorre esta historia y lo que yo sentía en ese momento”.

Al blues le siguió “Oleada” -de autoría compartida con Julieta Venegas-, “La escribí con esta Gibson que compré para grabar el segundo disco, “Canciones para llevar””, aunque esta vez la versión fue con el piano -una mole de casi 100 años de antigüedad- y unas bases de percusión que él mismo activó antes de sentarse en su taburete. Cambio de espacio mediante, un plano detalle de sus manos sobre las teclas y otro del interior del piano, fueron el marco de la canción.

Luego de algunos inconvenientes con la pipeta del micrófono, Coti, poco familiarizado con los cambios de cámara pero con la sensibilidad intacta, interpretó “La chica de la esquina rosada”, un tema inédito que hizo que la emoción realmente traspasara la pantalla.

En una transmisión sin cortes, el músico anunció para justificar el bache: “voy a hacer un cover de Bowie, pero antes voy a tomar un vinito”. Sonó “Life on Mars” al piano, y al finalizar, se lamentó de no sentir la respuesta del público, pero se alivió cuando alguien de producción detrás de cámara levantó pulgares en buena señal.
Cual capitán y también marinero de su embarcación, Coti expresó: “Perdonen que mi asistente está en cuarentena; estoy solo, tengo que ser autosuficiente”, se rió para continuar con la historia de su bandoneón, un ejemplar alemán de 1924. “Me lo regaló mi viejo en Rosario, en mi época de estudiante”, y reflexionó sobre la impronta de este sonido “acá de la mano de los inmigrantes se transformó en el rey del tango; ese sonido tan melancólico hizo que representara lo mejor posible ese sentimiento de los inmigrantes”. La afortunada de sonar en su bandoneón fue “Te quise tanto”.

Con tranquilidad y cierta timidez, volvió a la banqueta y a la guitarra, para darnos un momento en son de bossa nova. A “Bailemos” le siguió “La suerte” y “Paris de tu mano”, sobre la cual contó que está inspirada en la visita de Saint Exupéry a la ciudad de Concordia, “mi abuela siempre me contaba esa historia del escritor del Principito”.

Ya caída la noche, el multiinstrumentista anunció el set eléctrico y tomó su Rickenbacker de 12 cuerdas -un regalo de su hermano- para dar paso a la anécdota: “Lo primero que hicimos acá (en su estudio) fueron los ensayos para el teatro Colón, poco tiempo después tuve la visita de Geoff Emerick” -reconocido ingeniero de grabación de Los Beatles, desde el disco Revolver en adelante-. “Estuvo aquí, dando unas entrevistas, le presté el sitio y luego lo llevé a conocer el teatro Colón”, narró recordándole a la audiencia que puede ver más detalles de ello en su recientemente lanzado documental “Nada fue un error”. Justamente Revolver estuvo presente en el show, no sólo a través del vinilo firmado por el ingeniero, objeto que Coti presentó como de su colección personal, sino a través de la versión de “Eleanor Rigby”, que dedicó a Emerick.

“El enterito no es compatible con el bandoneón ni con la banqueta” sentenció Coti cual si hubiera tenido una epifanía, para luego presentar la siguiente guitarra, en este caso, un regalo que le hizo Andrés Calamaro tras la grabación de su disco “Honestidad Brutal”. “En un estudio por acá cerca que era de Javier Calamaro, empezamos a zapar y aparecieron las primeras canciones de ese disco” recordó, después “hicimos una asado y cayó Andrés y me dijo ‘tomá, tengo este regalo para vos’”. Como cierre del bloque tocó “Los Aviones”.

La siguiente fue “Adiós”, aunque todavía estábamos lejos del final. “Este concierto va a ser largo, y si tienen que ir a hacer algo vayan yo voy a seguir tocando, y si no, lo pueden ver mañana o pasado” anunció. Algo que confirmó luego en su cuenta de Twitter: “Para quienes tuvieron inconvenientes con su conexión y para quienes quieran volver a ver el concierto, el mismo estará disponible durante una semana en sus usuarios

El show siguió con “Tu nombre” y con “50 horas”, sobre la cual contó: “En mis primeros años en Madrid fui a buscar una psicóloga, le comenté que era músico y ella me pidió que le llevara las canciones que escribía. Fueron aquellos momentos en que yo pagaba para cantar. Ella se tiraba en el diván y yo le cantaba”, bromeó.

Y si de sillones se trata, también apareció una anécdota al respecto: “Estos sillones, -dijo refiriéndose a un juego de living vintage de cuero color tiza-, vienen de Deep Purple. Su mismo promotor nos había llevado a Villareal -una ciudad entre Barcelona y Valencia, en España-. Estaban en el camarín tapados, yo me sentí muy cómodo, levanté la tela y vi que tenían un diseño hermoso. Estaba buscando sillones para mi estudio en Madrid y le pregunté al promotor. Él me pidió perdón por el estado de los sillones y me explicó que los había comprado para una gira de Deep Purple y los tenía que cambiar. A mí se me empezaron a afilar los dientes”, confesó que terminó comprando el juego para su estudio en Madrid y luego los trajo a Buenos Aires.

Casi llegando a las 2 horas de show, una vez más tomó armónica y guitarra para hacer “Dónde están corazón”. Y luego implementó para “Días”, una grabadora que lo acompañó con un loop de guitarra y bombo electrónico, mientras él tocaba el piano. Allí mismo también hizo “Luz de día”, canción popularizada por Los Enanitos Verdes de su disco “Néctar” de 1999 del que Coti fue productor.

En algún momento voy a aprender a terminar una canción y no recibir aplausos”, dijo al finalizar el siguiente tema, “Otra vez”, y luego alcanzar un momento de reflexión: “Ojalá esto pase pronto. Tenemos que empezar a sentirnos como una humanidad. Las fronteras son algo caprichoso, solamente políticas, pero no humanas.”, y agregó esperanzador: “De los errores se aprende, se estudia. Los científicos van a encontrar una solución a partir de los errores, así que “Nada de esto fue un error”, remató.

Gracias por cantar conmigo, no los escucho pero los siento”, se dirigió a su público un cálido Coti que pidió disculpas en varias oportunidades por algún que otro bache o desprolijidad. “Este concierto lo hicimos con la ayuda de mi familia y respetando todas las normas de sanidad. Gracias de verdad por ser parte de esta aventura, se despidió agradecido y cerró con “Antes que ver el sol”, sobre cuyo final cerró los ojos y le dio paso a su imaginación para escuchar al público corear la canción. Luego, lanzó un beso a cámara y salió de plano. En el chat algunos pidieron otra con la famosa “una más y no jodemos más”.

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