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Terapias alteradas: Los Elementales

Flavia y José hablaron de la novela de Michael McDowell en Una Clínica de Todo. Entrá a la nota y sumergite en el temeroso mundo del escritor.

Terapias alteradas: Los Elementales - Radio Cantilo

viernes 19 Abr, 2019

“Una desolada tarde de jueves, en los últimos y sofocantes días del mes de mayo, un grupo de deudos se había congregado en la iglesia de San Judas Tadeo en Mobile, Alabama. El acondicionador de aire del pequeño templo ahogaba el ruido del tráfico en la intersección de calles, pero a veces no lo conseguía y el estridente graznido de la bocina de un coche sobrevolaba la música del órgano como un acorde mutilado. El lugar estaba en penumbras, era húmedo y frío, y apestaba a flores. Habían distribuido dos docenas de imponentes y onerosos arreglos florales en líneas convergentes detrás del altar. Un enorme tapiz de rosas plateadas cubría el féretro azul claro y habían desparramado pétalos en el interior de satén blanco. En el ataúd yacía el cuerpo de una mujer que no superaba los cincuenta y cinco años. Tenía rasgos cuadrados y duros, y las líneas que bajaban de las comisuras de su boca hasta el mentón eran dos surcos profundos. Marian Savage no se había dejado llevar serenamente. Dauphin Savage, el hijo sobreviviente del cadáver, estaba sentado en un banco a la izquierda del ataúd. Llevaba puesto su traje azul oscuro de la temporada anterior que le quedaba demasiado estrecho y la banda de seda negra que se le ajustaba el brazo parecía más un torniquete que un brazalete de luto. A su derecha, con vestido negro y velo negro, estaba su esposa Leigh. Leigh alzó el mentón para echar un vistazo al perfil de su finada suegra en el féretro azul. Dauphin y Leigh iban a heredar casi todas las posesiones de la muerta”. Así comienza Los Elementales, la novela de Michael McDowell de la que hablaron Flavia y José en la última edición de Una Clínica de Todo.

Los Elementales se publicó en 1981, fue furor en aquellos años y luego pasó al olvido. En 2018, la editorial argentina La Bestia Equilátera volvió a editarla. ¿De qué va la historia? Después de esa escena en el templo de San Judas Tadeo, los Savage, familiares de la fallecida, y los McGrey, amigos de los Savage de antaño, se quedaron solos. Y Dauphin le clavó una estaca en el corazón a su difunta madre. El motivo de ese acto era que las madres Savage solían revivir para regresar y comerse a sus hijos, porque lo que había que matarlas luego de muertas.

Estas dos familias se habían conocido cuando ambas compraron dos enormes casas victorianas en la costa de Alabama para pasar allí los veranos. Tras lo sucedido en el funeral, viajaron, como era costumbre, a descansar a ese lugar. En aquel rincón del golfo había una tercera edificación que nadie habitada y descubrieron que estaba siendo invadida por la arena. Pero no solo eso: en el interior, algo temeroso que provocaba pesadillas en los miembros de la familia, estaba listo para acechar.

“La idea de Los Elementales, McDowell la toma de una categoría de seres mitológicos, descritos por primera vez en obras alquímicas. Estamos hablando de 1400, 1500. Son seres que nacen de los elementos. En realidad nacen del agua, de la tierra, del fuego y del aire. Pero en el caso de Los Elementales, nacen de la arena. Es una novela que va creciendo en horror a partir de días de sol, calor, no hay oscuridad. Hay siempre sol y calor y una arena que está viva”, relata Flavia. Según José, es una novela extremadamente sensorial y visual.

Mientras tratan de enfrentarse a los miedos que les despierta eso desconocido que sucede en la casa, empieza a estar cada vez más latente la posibilidad de que Marian Savage, de alguna manera, haya vuelto a buscar su hijo. Porque no olviden que las madres Savage, después de muertas, se los comen.

Esta novela de culto estadounidense, del clásico gótico sureño, es una pieza trascendental de la literatura norteamericana y reúne en ella no solo los temores sino también los mitos y leyendas que atraviesan su cultura. No te pierdas la reseña de esta obra en la voz de Flavia Pittella y José Bianco.

 

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