×

Novedades

Terapias Alteradas: El Exorcista

Pasó un nuevo programa de Una Clínica de Todo con un clásico de la literatura de terror.

Terapias Alteradas: El Exorcista - Radio Cantilo

martes 09 Jul, 2019

 

Compartimos un fragmento de El Exorcista, de William Blatty: 

 

“Regan tenía los ojos desmesuradamente abiertos, y parecía retroceder frente a algo odioso, terminante, chillando ante el terror del desenlace. Luego, de pronto, la cara diabólica se apoderó de ella una vez más, la inundó. La habitación se llenó de un hedor insoportable, y un frío helado se filtró por las paredes. Los golpes cesaron, y el penetrante grito de terror de Regan se convirtió en una risa gutural y canina, de victoriosa furia. Rugía con una voz profunda, ensordecedora.

Bruscamente, con un grito áspero, Chris corrió hasta la cama; Regan estalló en cólera contra ella. Con las facciones infernalmente contraídas, alargó una mano, cogió a Chris por los pelos y, de un tirón, le hizo bajar la cabeza.

 

—¡Aahhh, la madre de la puerca! -rugió Regan con voz gutural-. ¡Aahhh!
-Luego, la mano que sostenía la cabeza de Chris la levantó de un tirón, mientras con la otra le asestó un golpe en el pecho que la proyectó, tambaleándose, a través de la habitación; finalmente, Chris fue a estrellarse contra una pared con violencia increíble, acompañada por las estridentes y diabólicas carcajadas de Regan.

Chris cayó al suelo aturdida de espanto, en medio de un torbellino de imágenes y ruidos; todo a su alrededor comenzó a girar enloquecido, borroso, desenfocado, al tiempo que oía un intenso zumbido, que se tradujo en un concierto de ruidos caóticos, distorsionados. Trató de incorporarse. Demasiado débil, se tambaleó. Luego miró hacia la cama, que aún veía borrosa, y a Regan, que estaba de espaldas a ella. Las palabras cesaron cuando Chris empezó a arrastrarse dolorosamente hasta la cama, con la vista aún nublada y las piernas doloridas; pasó junto Karl, que tenía la cara manchada de sangre.

 

Luego retrocedió, temblando en todo su cuerpo, acometida por un increíble terror, pues le había parecido ver confusamente, como a través de una neblina, que la cabeza de su hija giraba lentamente en redondo sin que se moviera el torso, en una rotación monstruosa, inexorable, hasta que, al fin, pareció quedar mirando hacia atrás. Chris parpadeó ante aquella cara que le sonreía como loca, ante aquellos labios partidos, ante aquellos ojos de zorro. Lanzó un grito y cayó desmayada.

Publicidad

LEETE TAMBIÉN...