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Símbolos Patrios 2.0, cómo adaptar las costumbres para el consumo de los millennials

José Ordoqui llega con su columna para “actualizar las actualizaciones actuales” o en otras palabras, “el pibe F5” y sus propuestas destinadas a las nuevas generaciones.

Símbolos Patrios 2.0, cómo adaptar las costumbres para el consumo de los millennials - Radio Cantilo

martes 28 May, 2019

Los símbolos patrios huelen a naftalina. Fueron abusados por maestras jardineras que durante años usaron la misma escarapela hecha de papel crepé hasta agotar el recurso. Por eso es hora de derribar las costumbres gastadas y volver a construirlas con el mismo sentido patrio, pero adaptadas a los tiempos que corren.

 

El primer intento en modernizar todo esto lo hizo Charly García con su versión del himno. Aunque juré la bandera con una canción de Alejandro Lerner, considero que es hora que “El Duqui” tenga su propia versión llena de auto-tune y bases de trap.

Otra las propuestas es poner tótems en las plazas de cada prócer, por ejemplo San Martín, donde se proyecte una animación 3D de dicho personaje. De esa forma, tooooodas las plazas “San Martín” del país le darán al público la posibilidad de interactuar con un personaje clave para la historia argentina. Se trata de una propuesta arriesgada, ya que bien sabemos que nuestra sociedad tiende a vandalizar todo lo que esté en la vía pública, pero muy práctica a nivel educativo.

Considero que es hora de modificar los bailes militares en los desfiles patrios. Es hora de meter pasos del Fortnite o al menos que se permita hacer Freestyle durante la ceremonia, para que cada uno le aporte originalidad al evento. Estamos cansados de ver las filas de soldados caminando con sus pasos rectos y aburridos.

La comida es otro de los símbolos patrios que merecen la pena modificarse. Empanadas calientes, locro, pastelitos, chocolate caliente… Ya está. Los millennials queremos empanadas en frasco, para no chorrearnos las manos ni quemarnos los dedos. De lo contrario, no se pueden comer empanadas y estar con el teléfono en la mano al mismo tiempo.

Y ni hablar de adaptar los pastelitos, en su nomenclatura al menos para poder ser incluidos en el menú de las cervecerías o restaurantes de moda. Por eso, en lugar de “Pastelitos” consideramos que deberían llamarse “Patiserie crocante hojaldrada rellena con reducción de dulce de tubérculo batatoide sobre nevada de azúcar intangible”. Todos sinónimos elegantes que describan lo que estás por comer. Suena más poético.

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