Entrevistas

Rolando Hanglin: “La radio les va a ganar a todos”

Controvertido, locuaz, irónico. Hanglin es la voz de RH Positivo, el programa que dejó su marca en la radio argentina, y el creador de El Gato y el Zorro, al aire desde hace 30 años con Mario Mactas. Un animal de radio que también habló de radio en Ciudad Despierta.

Rolando Hanglin: “La radio les va a ganar a todos” - Radio Cantilo

viernes 23 Ago, 2019

 

 

Mario Mactas: “(…) Tout suite me incorporo, por apelar a una lengua foránea, de tal manera que tout suite pondremos a la tarea que venimos a desarrollar aquí por la cultura, en general, a veces de manera más intensa, por el pensamiento, otras veces por la ciencia….

Rolando Hanglin: No te preocupes Mario por acudir a otras lenguas para expresarte, para los oyentes es igual, ellos tampoco entienden el castellano.

Mario Mactas: Ah es verdad, entonces no me preocuparé. Qué gran consuelo el de la ignorancia generalizada.*

 

*(Fragmento de El Gato y el Zorro, 2006)

Los eruditos se deshacen en pleitesías el uno con el otro. Abordan temas que consideran trascendentales como aporte a la cultura general del país. Rebaten teorías, se escandalizan, plantean hipótesis edulcoradas con palabras elegantes y académicas. Y sobreviene la carcajada… de uno u otro, pero no perderán solemnidad para continuar con sus reflexiones.

El absurdo es la base de un sketch que durante 30 años no movió su estructura: El gato y el zorro. Su creador, Rolando Hanglin, es escritor y periodista y prácticamente un ícono en la radio argentina. Junto con Mario Mactas, quien completa la fórmula, traerán ese sketch al Teatro Metro de La Plata.

Nació como un pase radial en la Radio Continental de los ’80, y ocupó casi naturalmente un espacio que ya Rolando y Mario estaban habituados a tomarse. “No nos costó, porque lo que hacemos Mario y yo data de cuando éramos alumnos del Colegio de Buenos Aires, y de casualidad trabajamos en la Editorial Atlántica y después en Satiricón. Bueno, no tan de casualidad. Éramos de una generación. Y nos gustaba hacer sketchs y ridiculizar personas; ahí había  un poco de nuestros profesores, un poco de gente ridícula que vemos por ahí…”, describe Hanglin.

A El Gato y el Zorro le antecede El Tiburón Blanco, que Hanglin hacía junto al recordado Adolfo Castello. A pleno con su programa RH Positivo, lejos de buscar un cómico a su lado, pidió un cómplice y Mactas calzó justo. En el repaso de personajes de la novela de Carlo Collodi, Las aventuras de Pinocho, quedaron el “Gato” y el “Zorro”, dos animales astutos siempre a la caza de alguien a quien estafar.

Sobre esta idea, casi sin buscarlo demasiado, se fue creado un diálogo entre dos académicos que roza todas las orillas, y que básicamente es improvisación.

No escribimos ni una letra. Cuando una vez en la vida hemos pensado un guión rudimentario, salió mal, no estuvo muy gracioso, así que de ahí en adelante decidimos no planear nada. En todo caso tiramos el título, o el tema. Tenemos temas que nos divierten y después ya sabemos por dónde vamos a andar”, dice Hanglin.

“Por ejemplo, que la ballena no es un mamífero. Es un mito, porque la ballena no le puede dar de mamar a los bebés porque se le cuaja la leche con el agua del mar…. Bueno, todo este disparate científico lo cultivamos mucho y nos divierte. A veces el chiste está en sorprender el uno al otro con una comparación o con un disparate, uno más grande que el otro. No somos más que dos mediocres agrandados que se expresan con cierto lujo, pero dicen todo tipo de estupideces”, remata, entre risas.

Afirmaciones muy disparatadas y dichas con total seriedad. Allí está el contraste. El periodista, animal de radio desde hace más de 40 años, y dedicado al humor, asimismo, durante el mismo espacio de tiempo, sabe que “por el camino del absurdo se puede llegar muy lejos”.

 

Hanglin no cree que hoy deba apelarse a otras estrategias para hacer reír a un público probablemente disperso entre la coyuntura y el alud de información que recibe. “Hacer humor hoy y antes es lo mismo. Los argentinos siempre vivimos situaciones complicadas. Tuvimos la Revolución Libertadora, los montoneros, el gobierno militar, la hiperinflación. Este nunca fue un país muy organizado, siempre DES-organizado y con problemas. Un país muy rico, igualmente… pero no se nos nota mucho”, acota.

“Hace 50 o 60 años los argentinos eran los jeques árabes de entonces, los europeos venían, y por las hambrunas que habían pasado, estaban deslumbrados. Se decía que las calles de Buenos Aires estaban asfaltadas en oro”, relata. “Es cierto, hoy pasamos un momento difícil, no es ninguna papoña, es difícil en serio, pero nuestra generación posiblemente siempre la ha pasado difícil. La Argentina hace años viene tropezando. Ahora, de alguna manera el argentino encuentra la manera de reírse igual”, agrega.

Seguidor confeso de los grandes humoristas, Hanglin recuerda a Olmedo como “el más grande de todos”, además de Javier Portal,  Capusotto, y “entre los más antiguos”, Landriscina y el Gato Peters. Pero la lista de referentes en radio es igualmente extensa, y confiesa haber tomado un poquito de cada uno de ellos.

Si una virtud define a “Lanny” Hanglin durante estas cuatro décadas de radio, ella es su don como entrevistador. Nadie que lo haya escuchado “conducir” una conversación con otro, al aire, puede negar haber sido atrapado por esa charla, por la naturalidad con que esas dos personas hicieron fluir lo que hablaban. “Tengo personajes a los que admiré por su forma de trabajar. Juan Carlos Mareco, Antonio Carrizo, Bernardo Neustadt. Pero el referente de conversación mío fue mi vieja“, confiesa.

Hebe Salomé Unia de Hanglin, su madre, era una bella mujer, profesora de Historia y madre de tres hijos, que como entretenimiento solían llamarla: “Mami vení a contarnos de cuando eras chica…”. “Las cosas que pasaban cuando ella era chica eran para nosotros el gran hit -cuenta Rolando-. Mi vieja contaba los acontecimientos históricos como si fueran cuentos. Tenía el arte de darles esa forma, hacerlo entretenido y nada solemne. En parte copié cosas de mi madre. La historia es algo que me apasiona, estudio historia y escribo sobre historia”.

“Pero además, hay algo que creo que es lo más simple de todo: escuchar. No agarrarte el tiempo para hablar vos. Eso me pasa: no tengo pensado nada para decir yo. No quiero decir nada, quiero escuchar lo que dice el otro. No sé si tiene algún mérito”, agrega el periodista. “Puede pasar que en la charla, otro tire un tema que no tiene nada que ver… pero es un detalle humano, típico de la conversación, y vale la pena prenderse de él para derivar en otra cosa”.

Alguien que conoce del paño desde hace tantos años, como Hanglin, sabe que aquello de “la magia de la radio” no son clishés. Que la magia aparece, precisamente, en esa voz del otro lado que se convierte en presencia, y que explica que la radio sea eterna como medio.

La radio les va a ganar a todos. Tiene un encanto que otros medios no tienen. Y tiene algo real: la voz humana. Es un vehículo para la voz humana. A su vez, da una gran libertad corporal. En la tele, pasa todo lo contrario. Estás allí y te hacen un chasquido con los dedos en señal de Rápido, rápido!.. ¿Con qué necesidad hay que ir tan rápido? La velocidad normal es la velocidad crucero”, reflexiona, y trae al recuerdo al memorable Hugo Guerrero Marthineitz, otro ícono de los medios, y también de la TV: “El negro Guerrero Marthineitz hacía pausas de 1 minuto y medio cuando le daba la gana, y era fascinante eso, porque… ¿qué necesidad hay de apurar o de llenar el silencio de sonidos, hablar sandeces? Esto no le deja nada a una persona inteligente”. 

Hanglin cree que la manera de hacer TV en Argentina es ésa, con la presión de la mirada y el tiempo, y que precisamente por eso siempre se sintió más cómodo en la radio.

 

En la radio sos más libre. Nadie sabe si estás de zapatillas, desnudo, o con galera y bastón. Es tu voz. Por eso la veo como el medio superior a todos. En la tele, te encontrás con muchas personas que te miran y te dicen que te corras que mires para allá, te apuran. Ponen ocho personas a debatir en esos famosos paneles y todos interrumpen a todos, nadie termina de decir nada concreto. Cuando querés volver sobre tu idea, ya pasó….. Para qué, si ya hablaron 4 tipos antes que vos”, humoriza.

Alejado ya de los dos estereotipos que más lo representaron en el pasado –su vocación nudista, su vocación machista– Rolando hoy se define contrario a las discusiones antipáticas y promotoras del odio. Intenta, como siempre, causar humor sin ofender,  y cultivando un género especial que ya tiene numerosos fanáticos.

Prueba de ello son los treinta años de El Gato y el Zorro, que además hoy visita los escenarios de los teatros, como lo hará en el Metro este domingo 25 de agosto. La fórmula clásica, dos eruditos absurdos, pero con un condimento más: la risa de la gente.

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