Entrevistas

Fotografías vivas de la noche y del Rock and Roll

Aunque no le gusta que la rotulen como fotógrafa del rock, su nombre está inevitablemente asociado a la escena de los años 90, y a los mejores retratos de esa época. Nora Lezano pasó por Ciudad Despierta y nos contó cómo vive el día después de la inconsciencia.

Fotografías vivas de la noche y del Rock and Roll - Radio Cantilo

jueves 02 Ago, 2018

La Nora de hoy está alejada desde hace unos años de los recitales, a los que va por placer, pero ya no a trabajar o retratar. “Estoy viviendo más el día“, asegura, y se describe como la misma, pero “con canas, y unos cuantos años más”.

“También tengo muchos más silencios, más día que noche. Eso principalmente. Y un eterno agradecimiento a la vida que tuve, con sus dolores, con sus cosas lindas, con su locura, con su velocidad, con su inconsciencia. No me arrepiento de nada, porque estuve cerca de la gente que quería”, agrega.

Aquellos años en los que una joven Nora estudiante de biología empieza a vincularse con el mundo de la noche y el rock fueron “de velocidad y de inconsciencia”, que llegaron de manera impensada y no buscada por la propia artista: “No pensaba que iba a meterme en este mundo, no tenía ninguna relación con el arte y con la fotografía, me anoté en un curso con una amiga, todo de pura curiosidad, y creo que esas cosas, cuando menos pretendés, pasan. No quería ser fotógrafa, y mirá a dónde llegué. Cuando menos lo esperás la vida te da una oportunidad y hay que tomarla, hay que estar atentos y tirar de la soga”.

“Era muy seductor ese mundo. El mundo de tus ídolos, tus amores, el mundo de la música. En mi vida siempre fue muy importante la música, y ellos eran quienes la hacían… quería estar cerquita de esa gente, de las artistas, de esos ídolos, ver cómo vivían y a ver si me podían pasar algo de ese talento. Pensé que estar cerca era sólo sacarles una foto, pero finalmente con muchos logré tener vínculo, y esa fue otra vuelta de la vida. Es lo que menos me pensaba… pero uno genera buena onda, cuida al otro con su trabajo, el otro confía en tu mirada, y pasan estas cosas”.

Lezano piensa que este tipo de cosas ocurren en toda relación, o en todo vínculo que se va construyendo “desde el amor, la admiración, y sobre todo el respeto”. “Nunca forjé ningún vínculo con la angurria de sacar una foto más. Fue también saber bajar la cámara… y el otro sabía ver eso. También aprendí a tratarlos como a un par, aunque por dentro me moría, ni yo era menos ni ellos eran más, somos todos iguales, eso también les parecía raro, porque es un mundo de adulación total, donde hay aliados y no amigos. Que venga alguien y te diga las cosas como las piensa, y encima mujer…. ¡Dios mío!”, se ríe Nora, sobre el recuerdo de esa época.

 

El 1º de agosto la cantante, guitarrista y bajista María Gabriela Epumer hubiese cumplido 55 años. Nora la recuerda como a una amiga “muy cercana”, y hace silencios eternos al recordar su prematura muerte a los 39 años, a causa de un edema pulmonar mal diagnosticado. “Tuvimos una relación súper linda. Su muerte la verdad que fue… nada…. esas cosas inesperadas. Uno nunca está preparado para la muerte. Peor aún con esta muerte, en donde hubo mala praxis, bronca. Pero era un ser increíble, amoroso, dulce, inteligente, una mina hermosa, hermosa… que chocó con todo, porque con esa imagen tan aniñada, era flor de mujer. Se contraponía con la fuerza que mostraba en el escenario. Charly siempre siempre la recuerda, habla de ella, la nombra…”, dice por último Nora.

Una situación en particular y un recuerdo reúne a estos amigos, jóvenes rockeros, una noche de locura en Mendoza, y escenas que después quedarán para la historia. Anécdotas repetidas en crónicas periodísticas pero que se recrean desde el tono que una de las protagonistas le imprime: “Habíamos ido a bailar a un lugar divino, habían cerrado el lugar para nosotros. Cuando estábamos saliendo, Charly me agarra de la mano, yo agarro de la mano a Gabriela, y así estábamos llegando a la puerta y una chica le rompe un vaso en la cabeza. Fue tremendo. Subimos a una combi, Charly se apoyó sobre mí y me manchó con sangre toda mi remera… A partir de ahí hubo una serie de malentendidos. Nos fuimos abajo a la habitación con las chicas [Mariela Chintalo y María Gabriela Epumer], y ahí es cuando Charly se tira a la piscina… caos, la policía afuera, mil fans, el chico que lo filmó cuando se tiró…  ¡Incluso tengo unas fotos del televisor donde veíamos lo que estaba pasando!”.

Fueron años que no le generan (sumida hoy en un mundo más apaciguado) ningún tipo de arrepentimiento. “Para haber llegado a esta tranquilidad necesité toda esa velocidad, esa locura, esa inconsciencia y toxicidad. Estuvo bien, porque todo eso hizo y hace quien soy. Ese pasado con la gente, las pocas horas de dormir, la noche, y el exceso”, piensa.

“Casi no escucho música hoy. No suelo hacerlo. Paso mucho tiempo sola en mi casa en silencio. Y leo, escribo, dibujo. Estoy en un momento de crisis… pero creo que es el mejor momento de mi vida. Las crisis están buenas, son momentos de cambio. Si me pedís una imagen de cómo estoy hoy, es como un grabador, estoy en pausa y por tomar carrera para poner play. No agazapada, estoy como un bicho canasto, estoy super abierta, y no hay tensión en esta soledad”.

 

Fueron años locos. Pero estamos todos vivos
 

En medio de esa soledad Nora escribe, con apoyo de la ilustradora Josefina Walsh. Se trata de una autobiografía, hecha con pasajes de su infancia y juventud, textos breves y “poetizados, escritos con cierto lirismo”. Se llamará “La hija de la suerte”. “Es un libro bastante triste, porque tuve una infancia triste. Tal vez tuve una vida re feliz, pero en este libro voy contando cosas con mis ojos tristes. Y los dibujos son una genialidad, y una cosa totalmente nueva para mí, porque estoy como dirigiendo el dibujo, yo digo lo que quiero ilustrar, y Josefina hace su interpretación y lo dibuja. Para mí esto es como revivir un poco una gran cantidad de momentos y sanarlos. Se llora mucho, y por supuesto se sana. Está bueno llorar, yo lloro mucho“, cuenta.

 

A esta obra, autorreferencial y con sabor a nostalgia y tristeza, se opondrá otro libro que verá la luz en 2019 y que reúne… dibujos de perros. “A todas las personas que fotografié a lo largo de toda mi carrera les pedí que me dibujaran un perro, a los famosos y no famosos. Porque me encantan los perros, soy perro en el horóscopo chino, y tengo una conexión muy especial con ellos”, cuenta Nora, que se divierte al recordar que de esa búsqueda que se propuso hace años resultaron “el perro-caballo, el perro-oveja… para todos los gustos. Es una locura, pero está re bueno y ya está en proceso“.

 

La escritura siempre estuvo ligada a Nora, que solía andar con anotador y lapicera en su cartera, y no perdió ese hábito, si bien reconoce que en aquellos años “había una necesidad compulsiva de documentar todo”, y lo hacía desde la fotografía y la escritura, del mismo modo.

 

Sin dudas, con una mirada de sus ídolos diferente, que el paso de los años hizo que cambiara: “Cuando uno es joven, está ese ‘te amo, te odio, dame más’; hay una cosa en el fanatismo que es enceguecedora y que juzga, que no perdona nada al ídolo; tiene esa cosa de “facho” increíble… Pero a medida que fui conociendo a estos ídolos vi que son mortales como uno, y fue buenísimo porque se ve más real, se ven las cosas como son, y no con esa mirada fantasiosa del fan”.

La charla con Nora ocurrió minutos después de compartir una cena y una copa de vino con amigas, y a pocos días de haberse visto con Charly García, con la alegría de su vuelta a los escenarios, y feliz también él de poder tocar. “Hace dos semanas fui a cenar con él, y está divino. Me da mucha alegría verlo contento cuando toca, él estaba como esperando este momento de salir a tocar, y lo ves cuando se sienta, y la gente le grita, y toca, ¡y él es tan feliz! y uno lo es también. ¡Porque volvió el Charly de siempre, más viejo… más lento! (risas), pero hermoso”, remata.

No te pierdas la entrevista completa, y dale Play acá:

 

 

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