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Los Libros de Ale: te presentamos “Libre Deuda”, de Esteban López Brusa

Alejandro Bidart te trae la última publicación del escritor platense para todos los amantes de la literatura.

Los Libros de Ale: te presentamos “Libre Deuda”, de Esteban López Brusa - Radio Cantilo

lunes 03 Sep, 2018

 

Se trata de una serie de relatos en los cuales pareciera que el autor está cerrando historias o cancelando deudas que le pasaron a lo largo de la vida: situaciones, amores, familiares y amigos.

Si es tu primera vez con este autor quizás no sea el más recomendable para iniciarse. Sin embargo, si ya leíste otros de sus trabajos, vas a encontrarte con el cierre de varias historias.

El libro se compone por una serie de fragmentos entrelazados por algún disparador. En los primeros tres relatos -nombrados justamente como 1,2 y 3- tienen relación directa con la muerte, y acá te dejamos uno para que puedas leerlo:

 

1

 

Eso sí, se echó horas y horas en la cama

detrás de la cerradura,

habitó de espaldas el dormitorio

y se le entumecieron las arterias

y sus principios (la cerradura es un principio),

mientras vaciaba las marquillas en quiebra

como una industria 1978/79/80, sé

el rezago planea sobre papá, te doy

chances de un papel donde escribir

que no, pero se recostó en el lado A de la cama

con cigarrillos de mesa de luz y un cenicero,

abrí la puerta entre el humo

y los niños vimos sus by passes perniles,

su violencia ahora en granos, su nada, su torso echado

entre la luz escasa por los postigones

que le compró al mundo cuando pudo.

Es hoy ir a verlos y, zas, ya no trancan bien,

se hincharon las maderas sin cetoles

esmeriladas por eso que da con nosotros y nuestros chistes

en un cierre de sesión, aunque se trate todo ahora

de archivos temporales. En el ’91 (19)

dejó esta tierra el hombre cuya caja negra

no tuvo voz ni voces, QEPD: la paz que nunca añoró

se la desean para un seguro descanso

estas iniciales huecas y frágiles como un humo,

andá a saber si le cabe un post mortem

del tipo qepd: quedó en pelotas difunto,

es muy difícil adivinarlo, vendía queso y dulce de leche

en envases de cartón, hasta que cerró su negocio y su persona

en un atado de cuarenta y tres setenta

y de nervios mal llevados,

de un día para el otro

se fumó, se esfumó (lo cremaron unas horas después).

 

Son estas pilas que hay que tirar de a una

por los efectos desalmados de las radiaciones

para millones de años, será bueno entonces

el suelo con venenos adonde vinieron a abrevar

los drones, las inteligencias de los bobos,

los zombies cívicos

que hablan ahora mismo con la gracia

de unos zapallos sin hadas. Hay mucha lengua

sorbiendo las toxinas de la tierra prometida,

la multiempresa del mañana, están contentos;

ni que le pongan

magia a la varita voy a creerme

otra cosa que el estrago real

sobre nosotros y la inmensa mayoría. Ya

lo vivimos en familia, es feo

pedalear y caerte en el vacío, encima

los tapones en las paredes de los conductos sanguíneos

expusieron a señor padre a esas lindas cirugías

que los médicos practicaron para salvarle la vida,

o la salud -en la salud no sé

si es lícito tomar en cuenta la cabeza, quizás sea mejor

dejarla afuera.

 

Los vencimientos se hacen valer

en las etiquetas de los comestibles

y en el escarmiento que te postró en la cama

cuando te sacaron de la góndola

como a una persona fuera de fecha.

Te acabaron el calendario, transfirieron

tus activos, incubaron en un niño sus fantasmas:

un hombre va a replegarse en su

propio encierro sobre un colchón azul náutico,

y van a surgirle ganas de fumar y de morirse

sin ya nada más que hacer. Peor,

haciendo a tientas lo que nunca supo

que haría otra vez: vivir

sin querer.

 

Pero una familia no necesita groserías,

ni nadie que las diga.

Donde hubo padre, hagamos de cuenta

que dice el refrán,

cenizas quedan.

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