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Los géneros musicales a través de nuestra vida: ¿Qué escuchamos según la edad?

Indudablemente hay estilos que nos acompañan toda la vida y otros a los que nos acercamos según el momento que estemos atravesando. Por eso acá elaboramos un listado de algunos de ellos y reflexionamos al respecto.

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Los géneros musicales a través de nuestra vida: ¿Qué escuchamos según la edad? - Radio Cantilo

martes 23 Jun, 2020

No hay con qué darle, hay géneros musicales que claramente envejecen o se quedan para siempre como niños. Hay estilos de música que escuchamos solamente en un momento determinado de nuestra vida, ya sea por la identificación que nos genera o por el contexto social de la época.

Mientras que en tus primeros años de vida bailabas sin parar cualquier cosa que sonara en la radio, sin importar lo que fuere, en la adolescencia comenzaste a identificarte puntualmente con alguna banda o sonido en particular. Para los veinte empezaste a abrir tu cabeza y prestarle atención a esas cosas que hasta ahora ni se te habían ocurrido escuchar, y a los treinta comenzaron a emocionarte cosas que recién a los 40 terminarías de entender por completo.

Mientras que para los 50 y 60 tenés una mirada completamente distinta de las cosas, redescubrís sonidos y te reencontrás con el que alguna vez te marcó en la juventud, gracias a la característica nostálgica que inherentemente tiene la música.

A continuación ejemplificaremos todo esto:

Rock: El penal fuerte al medio, género con el que no podés errarle nunca, ya que cualquier ser humano entre los 10 y 70 años sabe apreciarlo.

Pop: Marida muy bien con la primera infancia, parte de los veintis y –si posteriormente lo seguís disfrutando-, cuando superás los 40.

Punk: la adolescencia hecha sonido. Definitivamente es el ritmo que te acompaño durante tus años de secundarios en los que creías que la anarquía era pintar una pared o no usar la misma ropa durante tres días, aunque seguías viviendo en el techo de mamá y papá.

Grunge: Si fuiste contemporáneo seguramente hiciste de todo (comprar o cirujear) para vestirte con jeans rotos, camisas leñadoras y borcegos. Las letras decían todo lo que sentías en una época de incertidumbre y desesperanza ante el nuevo milenio. Finalmente la música, comenzaste a soltarla de a poco cuando creciste.

Tango: Tarde o temprano te llega. Ya sea por herencia cultural, tradición familiar o simple curiosidad, existe un instante en la vida de toda persona que se encuentra con este género y se da cuenta lo hermosamente depresivo que es.

Hip-Hop: Otro género que muestra cómo es la adolescencia de una persona. Es el punk, solo que terminó de popularizarse 20 años después. Por más fan que hayas sido, a medida que vas creciendo, le vas soltando la mano.

Electrónica: Comenzaste a disfrutarlo cuando terminabas la adolescencia. En tus primeros años de facultad conociste a algún manija que te introdujo en el mundo de la joda y, desde entonces, no pudiste parar jamás en tu vida la caravana. Vivís en estado “Sindor”.

Clásica: Te aburría de chico, la ignorabas de joven y de repente te encontraste apreciándola un poco más a mediana edad. Pero, cuando estabas llegando a los 50 el panorama se te aclaró y entendiste de qué va.

Metal: Todas las frustraciones que tuviste desde la niñez, adolescencia y juventud las canalizaste en este sonido. Te ayudó a tapar las voces de los fantasmas que tenías en tu cerebro y, al presente, es tu desfibrilador musical que te ayuda a revivir del aburrimiento.

Reggae: “Ya fue todo, no pasa nada. Está todo bien, posta te digo. Ni me acuerdo ya cuando arranqué a escucharlo, pero sí que me da paz y me hace sentir conectado con mi entorno”.

Indie: Un día, mientras estabas en el buffet de la facultad, alguien que te importaba (porque te gustaba, era cercano o admirabas) te dijo que lo que estaba de moda era escuchar a gente susurrando y tocando melodías que jamás van a darte una sorpresa. Y así le entraste a este sonido que, si pasaste los 35 y lo seguís escuchando es porque no pudiste soltar a tu yo “estudiante”.

Folklore: Sos del interior, tenés familia del interior o llegaste al género en tus veintis porque en la facultad conociste a alguien te hizo ir a las peñas de los centros de estudiantes.

Candombe: Un verano te enganchaste de una persona de nacionalidad uruguaya que te enseñó a escucharlo. No te enamoró, pero de repente estabas entre los 25 y 35 oyendo algo de eso cada tanto.

Murga: Te fuiste a estudiar a otra ciudad, no conocías a nadie y pegaste onda con la movida de todos los que eran del interior. Un día te pintó ir al centro cultural en el que se juntaban todos y terminaste golpeando unos tachos creyendo que estabas en un carnaval.

Folk: Dos momentos: durante los veinti, cuando se te dio por jugar a la nostalgia y la sensibilería, o cuando pasaste los cuarenta y tus hijos están más cerca de la secundaria que la primaria.

Jazz: Era de noche y estabas hasta las manos de exámenes. Leyendo apuntes hasta tarde, tomando tu termo número 368 del día o la taza número 237 de té o café y terminaste escuchándolo. Te gustó como acompañamiento, aunque no volviste a escucharlo hasta que pasaste los treinta y de repente te diste cuenta lo bueno que estaba.

Blues: en la adolescencia le llegaste solo porque tenía buenos solos de guitarra y ayudaban a que te chamuyes a tu chica/o ideal. Como aliciente, era la música que podías poner cuando ibas a hacer “arrumacos” con tu pareja.

Soul: Se te volvió hipnótico, mágico y que te toca de lleno en tu alma, valga la redundancia. Pero no fue hasta después de recibirte y haber pagado derecho de piso en tus primeros laburos.

Ska: en la adolescencia te pintó rebelarte contra el sistema y sentías que bailando este sonido eras parte de una revolución. Llegaste a los 30 y, si bien todavía te hacía mover la patita, ya no te provocaba lo mismo que antes. Pasaste los 40 y comenzaste a escucharlo cada vez menos.

Progresivo: Llegaste por tu viejo o un amigo, no hay otro camino posible. Fue en tu adolescencia y, probablemente, desde que te enamoraste de este sonido inexplicablemente hipnótico jamás lo abandonaste.

Funk: Tus mejores y más productivos años. Entre los 20 y los 40. Ya después de esa edad todavía te gusta, aunque con dos o tres canciones que escuches cada tanto, te alcanza.

Nü Metal: Tuviste una adolescencia entre fines de los ’90 y principios de 2000, que todavía te negás a soltar. De hecho, recurrís constantemente a tu pasado escuchando las canciones que marcaron tu vida.

Salsa: bailaste toda tu vida, literalmente. Al poco tiempo que empezaste a caminar ya estabas moviéndote al ritmo de la música. Por más que tengas 70 años, vas a seguir moviendo tus caderas al primer compás que escuches.

Bossa Nova: Viajaste a Brasil, te gustó el paisaje y te imaginaste que vos también podías vivir en el paraíso ganando lo mínimo e indispensable pero disfrutando de la increíble vista. Era eso o te recibiste de psicólogo o sociólogo después de los 30.

Reggaeton: Se te fundió el cerebro en la adolescencia o tenías unos padres que soñaban con ser dominicanos que te criaron haciéndote sonar a grandes próceres como Daddy Yanky y todos esos que tienen nombres parecidos y hablan en un español-inglés con un acento bastante desconcertante.

Flamenco: Un día fuiste a tomar mates a lo de tu amigo/a que estaba aprendiendo a tocar la guitarra y te contó que había músicos como Paco De Lucía, que la rompían toda. Te encantó, incluso al poco tiempo de descubrir el género lo escuchaste seguido. De a poco te diste cuenta que era lindo y cada tanto escuchás algo, aunque lo usas más como música de ambientación que por divertimento.

Disco: Fiesta, fiesta, fiesta. Naciste con glamour y lo vas a llevar con vos hasta el día que te mueras. Un sonido que, si te llegó, no lo volvés a soltar (aunque los que están al lado tuyo quizás se alejen bastante).

Cumbia: Si es colombiana o argenta de los ’90, sos de las primeras personas que se levantan en los cumpleaños de 15 o casamientos. Es decir, amás bailar y cualquier excusa te viene  bien. Pero, si sos amante del sonido urbano post Argentina 2001, claramente vas a crecer metiéndole ritmo y sustancia a tu vida, que por cierto no va a ser muy larga que digamos.

Cuarteto: Sos cordobés, tenés familiares cordobeses o tuviste que irte a vivir allá por laburo. No existe otra cosa para los fanáticos de este género, que pueden tener 5 años como 90. De otro modo solo lo escuchás si suena en el boliche o festejo que estés. Después de los 50 ya te jode bastante el chengue-chengue.

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