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Leonardo Sbaraglia: “Dolor y gloria habla de la posibilidad de transformar los dolores más profundos en una forma de arte”

Leonardo Sbaraglia pasó por el aire de "Lo Artesanal" y dialogó con Juan di Natale y Hernán Moyano sobre su participación en la película "Dolor y Gloria" de Pedro Almodóvar

Leonardo Sbaraglia:  “Dolor y gloria habla de la posibilidad de transformar los dolores más profundos en una forma de arte” - Radio Cantilo

martes 11 Jun, 2019

La primera imagen de Dolor y gloria nos presenta a Salvador Mallo (Banderas) sentado y sumergido en una piscina. La quietud -veremos con el correr del metraje- lo acompaña aún fuera del agua. Aquejado por múltiples dolores, Mallo ha visto su carrera como cineasta agotarse, quedarse anclada en los títulos que lo convirtieron en un artista valioso. Hasta que un día el pasado golpea su puerta: la Cinemateca lo busca para rendirle un homenaje, a partir de la exhibición de Sabor, una de sus primeras películas. Dubitativo al comienzo, finalmente decide presentarse luego de la proyección para dar un coloquio, pero para eso debe reencontrarse con Alberto Crespo (Asier Etxeandia), el actor que protagonizó aquel film. El detalle –no menor, por cierto- es que con él las cosas terminaron muy mal. “Desavenencias artísticas” que los alejaron e hicieron que no se volvieran a dirigir palabra. Treinta años atrás.

Dolor y gloria se conecta temáticamente con La ley del deseo (1987)La mala educación (2004), dos películas que también hacían foco en el derrotero de un cineasta. Las tres tienen como epicentro el deseo (nombre de la productora de los hermanos Almodóvar y Esther García) en sus múltiples estadios: desde la infancia (con el descubrimiento del placer merced a la contemplación del otro), la adultez joven y el acercamiento de la vejez, en donde -a partir de los recuerdos y del tránsito por el arte- el placer  perdido puede ser recuperado. Desde este punto de vista, tal vez Dolor y gloria sea la película más proustiana del director de Todo sobre mi madre (1999). Con esta última también guarda puntos de conexión, vinculados al tiempo en el que el personaje protagónico formó su personalidad y sus afinidades afectivas, en una niñez austera que lo encontró rodeado de mujeres. La presencia de la madre (compuesta aquí por Penélope Cruz) retorna también en la adultez, en uno de los flashbacks más justificados en términos dramáticos de toda su carrera.

Almodóvar encuentra en esta película (que tiene mucho de sinfonía, porque cada elemento resulta significativo y entabla un vínculo sensorial con el entorno) un equilibrio notable. Por un lado, recupera su pasión por el melodrama sin dejar de sellar su estilo en cada fotograma (están, claros, esos acordes tan almodovarianos y la predilección por los colores primarios), pero por otra parte se contiene en pos de no correrse de la subjetividad de su criatura. Banderas está estupendamente bien; preciso, sobrio cuando debe estarlo y más álgido cuando el dolor o el placer tocan su cuerpo. Pero sería injusto no decir que está estupendamente bien dirigido. Con esa economía (gestual, pero también de puesta), la película entrega secuencias conmovedoras, como por ejemplo la inicial (de gesta lorquiana), en donde un grupo de mujeres cantan mientras lavan la ropa en la orilla del río; o el momento del reencuentro de Mallo con un ex amante interpretado por Leonardo Sbaraglia, una muestra de cómo puede haber erotismo a flor de piel sin necesidad de exponer cuerpos al desnudo.

Juan di Natale: ¿Habia una relación previa entre Almodovar y vos?

Leonardo Sbaraglia: No. El vinculo que en esta profesión se conoce con todo el mundo. Yo vivi siete años en España y me lo cruce muchas veces, pero en situaciones sociales. Y tampoco fueron tantas. Fui a su casa en 2002 cuando iba a hacer “La mala educación” y entonces estaba viendo a muchos actores Españoles y me toco también. Cuando empieza a preparar una pelicula, empieza a llamar a todos. Lógicamente todos los actores están dispuestos a estar hasta dos o tres semanas haciendo pruebas con él. En esta pelicula, llamo a tres o cuatro actores antes que a Antonio Banderas. Y con ellos estuvo trabajando mínimo ,dos o tres semanas. La gente sabe que puede quedar o no. La vez que me toco, a la media hora me di cuenta que no iba a funcionar. En este caso, en particular, lo busco primero en España pero en un momento hubo un cambio y el personaje cambio. Ahi es donde se dio la oportunidad para sumarme. 

Hernán Moyano: ¿En el momento del rodaje tuviste cierto nervio y tuviste que exorcizarlo de alguna manera, no?

L.S: Si, mucho nervio. Porque uno escucha muchas cosas sobre Almodovar, leyendas que se van armando. Te vas imaginando situaciones hipotéticas que podrían darse, equivocamente. En el caso de Almodovar hay muchas leyendas. Sobre actores que hablan sobre como trabaja. Ahí, es donde uno empieza a preguntarse ¿Que me va a tocar a mi?. Estamos hablando de un genio y puede pasar. Uno esta advertido. Yo soy adulto y estoy preparado por si pasa algo por su cabeza, fuera de lo común. Eso te pone nervioso porque vos queres que todo fluya. Por suerte los nervios los pude incorporar y el vinculo fue excelente. Fueron dos semanas de rodaje y cada vez nos llevábamos mejor. En esta pelicula, particularmente, trato a la gente muy bien. El estaba muy conmovido haciendo la pelicula. Empezas a ver la pelicula y te empezas a conmover y no sabes muy bien porque. Para mi tiene que ver con eso. Con muchas cosas que él siente. 

H.M: ¿Como trabajaste las escenas con Banderas que tenias que transmitir esa intimidad propia de dos personas que tuvieron un vinculo?

L.S: Por un lado, la escena estaba muy bien escrita, entonces cuando sucede esto, tenes que subirte a un Ferrari y sabes que todo va a andar perfecto. Es una tranquilidad subirse a una lógica que funciona diez puntos. Desde que me dieron la escena esa, en los primeros encuentros con Almodovar y hasta que encontré por primera vez con Banderas, le di veinte vueltas. Ni siquiera sabia si la iba a hacer en argentino, entonces la practicaba en español y claro. Cuando llego el rodaje, ya la había pasado muchas veces. Ademas, con Antonio tuvimos muy buena química. Antonio es de esos actores que estaba muy abierto a ese encuentro conmigo y fue muy generoso. Un gran compañero. Ademas, la casualidad que tuvimos muy buena química. No todas las veces sucede. En esa escena puntual, teníamos que tener una química enorme. Es muy difícil actuar la química con una persona que casi no habías visto nunca. Apenas, habíamos tenido un solo ensayo con Antonio. 

H.M: Es una pelicula de los que hacemos cine. ¿Como te pego a vos?

L.S: Somos así. La procesión es muy importante para mi. Muchas veces uno dice, “no podes estar todo el día trabajando”, pero luego te das cuenta que es lo que te gusta. Pero al fin y al cabo es lo que te gusta. Tratas de centrarte en otras cosas, pero se hace difícil. Yo creo que lo que tiene la pelicula es que habla de la posibilidad de transformar todo, los dolores mas profundos, los misterios mas profundos, los vacíos, en una manera de arte. Es muy lindo que exista la posibilidad de hacer arte. Aunque suene cursi, el arte salva. La posibilidad de crear metáforas, salva.

Escucha la entrevista completa con Leonardo Sbaraglia haciendo un click en el reproductor

 

Dolor y Gloria

Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine, y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. “Dolor y Gloria” habla de la creación, de la dificultad de separarla de la propia vida y de las pasiones que le dan sentido y esperanza. En la recuperación de su pasado, Salvador encuentra la necesidad urgente de volver a escribir.

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