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Jueves de cuentos: Juan Polti, half back

El Gallo Bluguermann le puso voz a la famosa historia de Horacio Quiroga. Entrá a la nota y reviví el relato.

Jueves de cuentos: Juan Polti, half back - Radio Cantilo

jueves 09 May, 2019

Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones. 
Tal es el caso de Juan Polti, half back de Nacional. Como entrenamiento en el juego, el muchacho lo tenía a conciencia. Tenía, además, una cabeza muy dura, y ponía el cuerpo rígido como un taco al saltar, por lo cual jugaba al billar con la pelota, lanzándola de corrida hasta el mismo gol. 
Polti tenía veinte años, y había pisado la cancha a los quince, en un ignorado club de quinta categoría. Pero alguien de Nacional lo vio cabeceador, comunicándolo en seguida a su gente. Nacional lo contrató y Polti fue feliz. Al muchacho le sobraba, naturalmente, fuego y este brusco salto en la senda de la gloria lo hizo girar sobre sí mismo como un torbellino. Llegar desde una portería de juzgado a un ministerio es cosa que, razonablemente, puede marear. Pero dormirse forward de un club desconocido y despertar de half back de Nacional, toca en lo delirante. Polti deliraba, pateaba, y aprendía frases de efecto: 
-Yo, señor presidente, quiero honrar el baldón que me han confiado”. 

“El quería decir blasón, pero lo mismo daba, dado que el muchacho valía en la cancha lo que una o dos docenas de profesores en sus respectivas cátedras. Sabía apenas escribir, y se le consiguió un empleo de archivista con cincuenta pesos oro. Dragoneaba furtivamente con mayor o menor lujo de palabras rebuscadas, y adquirió una novia en forma, con madre, hermanas y una casa que él visitaba. La gloria lo circundaba como un halo. ‘El día que no me encuentre más en forma’, decía, ‘me pego un tiro’. 
Una cabeza que piensa poco y se usa, en cambio, como suela de taco de billar para recibir y contralanzar una pelota de fútbol que llega como una bala, puede convertirse en un caracol sonante, donde el tronar de los aplausos repercute más de lo debido. Hay pequeñas roturas, pequeñas congestiones y el resto. El half back cabeceaba toda una tarde de internacional. Sus cabezazos eran tan eficaces como las patadas del team entero. Tenía tres pies: esta era su ventaja. 
Pues bien: un día, Polti comenzó a decaer. Nada muy sensible, pero la pelota partía demasiado hacia la derecha o demasiado hacia la izquierda, o demasiado alto, o tomaba demasiado efecto. Cosas estas que no engañaban a nadie sobre la decadencia del gran half back. Solo él se engañaba y no era tarea amable hacérselo notar. Corrió un año más y la comisión se decidió al fin a reemplazarlo. Medida dura si las hay y que un club mastica meses enteros, porque es algo que llega al corazón de un muchacho que durante cuatro años ha sido la gloria de field. 
Cómo lo supo Polti antes de serle comunicado, o cómo lo previó -lo que es más posible-, son cosas que ignoramos. Pero lo cierto es que una noche el half back salió contento de casa de su novia, porque había logrado convencer a todos de que debía casarse el 3 del mes entrante y no otro día. El 3 cumplía años ella. Y se acabó”. 

 

Poné play y escuchá el final de esta historia en este Jueves de cuentos de la mano del Gallo Bluguermann. 

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