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Historias de la mafia: Frank Lucas

En esta ocasión, el Gallo Bluguermann se metió de lleno en la vida del gángster norteamericano. Entrá a la nota y descubrí todos los detalles detrás de este personaje bastante peculiar.

Historias de la mafia: Frank Lucas - Radio Cantilo

martes 30 Abr, 2019

Imagínense, principios de los años 70, Harlem. Picante. Harlem, Nueva York. Los blancos no entran. Si entran, lo más probable es que salgan en una bolsa. En la calle 116 equina avenida 8 hay un auto, un Chevrolet detonado. Adentro, un tipo. Gorra metida hasta las cejas, peluca, barba postiza. Mira todo lo que pasa alrededor. Parece un negro más de los tantos que habitan en Harlem, un busca más. Pero ese tipo en realidad vive en una suite del Regency Hotel, tiene en su placard más de 100 trajes hechos a medida y ese Chevrolet detonado no es el único que tiene: además tiene un Rolls Royce, tiene un Mercedes, tiene un Corvette Stingray”, relató. ¿Quién era ese hombre? Frank Lucas, que estaba controlando su negocio: la venta de heroína.

Frank Lucas nació en 1930, en Carolina del Norte. Su niñez, por supuesto, no fue muy tradicional. Había tenido que hacerse cargo de mantener a su familia a muy corta edad y empezó a robar gallinas, a vender tragos adulterados y a cometer pequeñas estafas. En su lugar natal tenía trabajos formales, otros no tanto y algunos de los que era mejor no conocer demasiado.

A raíz de un conflicto que tuvo en uno de esos trabajos formales, y que podía costarle la cabeza, por orden de su mamá se fue a vivir a Nueva York, porque ahí había lugar para los negros. A los 16 años se instaló en el mítico barrio de Harlem con intenciones de ganar dinero. ¿Cómo lo hizo? Robando. Y no a cualquiera, sino a los peces gordos de las calles neoyorquinas. En una de esas noches de hurtos conoció al que sería uno de sus grandes mentores dentro del mundo de la mafia y el que le permitió adentrarse en el negocio del narcotráfico: Bumpy Johnson.

Frank se transformó rápidamente en un protegido de Bumpy con apenas 17 años. Y todos comenzaron a respetarlo. Tras la muerte del mafioso, Lucas decidió que tenía que ser el sucesor y convertirse en el dueño de las calles de la ciudad. Entendió que no podía haber muchos capos en Harlem si él quería alcanzar ese objetivo. Entonces “decide ir a buscar a otro de los capos que andaba dando vueltas por ahí y le dice ‘vamos a hacer un negocio: yo te voy a dar cinco kilos de falopa para que vos lo vendas y después me das la plata’”. El otro aceptó, pero las ganancias nunca aparecieron. Hasta que un día lo enfrentó y le preguntó por su dinero. ¿Resultado? le dio un tiro en la cabeza en el medio de la calle. A partir de ahí las cosas cambiaron y empezaron a temerle.

Lucas no titubeó en dar su próximo paso y decidió que en Harlem, donde la heroína llegaba a través de la mafia italiana, ya no tenían que existir más intermediarios para eso. Él se haría cargo de la fabricación y de la distribución. Mató al que se interponía en su camino y viajó al sudeste asiático para encontrarse con un tailandés que le vendió ¡137 kilos! Como era imposible ingresar esa cantidad de droga sin ser descubiertos, recurrieron a la ayuda de un militar del ejército estadounidense. Y lograron filtrar toda esa heroína en los ataúdes de los soldados que morían en la Guerra de Vietnam y que eran devueltos en esos cajones a sus familias.

Esa droga que compraba en Asia era la más pura que podía conseguirse. Y la vendía más barata que cualquiera de los dealers que andaban en esos años por Nueva York. Pureza y buen precio fueron la fórmula que lo llevó a convertirse en el rey de las calles bajo el nombre de blue magic entre los 60 y los 70. “La gran crisis de la heroína, el pico de consumo que hay es gracias a él”, explicó el Gallo.

En el 75 fue arrestado por Richie Roberts y en el 76 lo condenaron a 70 años de cárcel por narcotráfico y crimen organizado. En el allanamiento a su propiedad se llevaron casi 600 mil dólares que tenía en efectivo. Algunos meses después de caer preso, Frank decidió convertirse en informante de los federales estadounidenses y les pasó datos de todos los que habían colaborado con él, incluídos algunos policías de Nueva York. Su testimonio, además de facilitar la apertura de numerosos casos, le permitió reducir su pena 15 años y en el 91 fue liberado. Por supuesto no recuperó ninguno de los bienes ni el dinero que había logrado amasar en sus tiempos dorados.

Tras conseguir su libertad volvió a delinquir, desesperado por conseguir algo de efectivo. ¿Quién fue el hombre que lo defendió en esa ocasión? Richie Roberts. Su verdugo se transformó en su abogado. Desde entonces, Frank vaga por las mismas calles que él supo conquistar y, al mismo tiempo, devastar. Ya no tiene dinero ni viste con la elegancia que solía hacerlo. Con casi 90 años, sigue siendo uno de los mafiosos más populares de la historia. Tanto que su vida fue llevada a la gran pantalla de la mano de Ridley Scott en American Gangster (2007), con Denzel Washington como protagonista.

Poné play y descubrí cada detalle de la vida de este mafioso en la voz del Gallo Bluguermann.

 

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