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Ficción, rock y cuentos de terror de la mano de Mariana Enríquez

Claves, tramas y puertas de acceso para leer y comprender a una de las escritoras contemporáneas más importantes de Argentina.

Ficción, rock y cuentos de terror de la mano de Mariana Enríquez - Radio Cantilo

lunes 25 Jun, 2018

“Pues bien, el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad”.

Sigmund Freud, “El poeta y la fantasía”

 

Es inevitable mencionar que a los 21 años (1995) Mariana Enríquez publicó “Bajar es lo peor” y luego de casi dos décadas, volvió a la carga con crónicas de cementerios, novelas y cuentos de terror. Parece que aquella pausa le sirvió para acumular experiencia y encontrar una versatilidad – envidiable- a la hora de escribir (tanto en lo que se refiere a la diversidad de géneros literarios, como a la calidad). Lo último suyo es la novela “Éste es el mar”, publicada el año pasado, y esperamos con expectativa la próxima (en la que se encuentra trabajando; será larga y de terror).

Cómo hacer algo novedoso

En este libro la autora nos demuestra que desde siempre leyó literatura fantástica. Es importante entender el detrás de escena de esta novela, porque evidencia lo que pueden lograr las diversas influencias. Mariana Enríquez desde temprano estuvo interesada en el Rock, y luego, en el ámbito periodístico profesional, muchas de sus notas estuvieron basadas en esta temática. Entre sus artistas favoritos se encuentran: Nick Cave, Elvis, Bowie, Los Rolling Stones, The Cult, Iggy Pop y escucha Springsteen para corregir sus textos. Cometió locuras como fan. En 2001, con los últimos pesos que tenía, fue a La Habana a ver a los Manic Street Preachers (otra de sus bandas favoritas). La cuestión de los fans irrumpe con una fuerza deslumbrante en esta novela corta y de hecho, forma parte de la trama central.

Hay un cuento magistral de Ray Bradbury, “La Multitud”; acerca de un hombre que descubre que en las fotos de los accidentes de tránsito de las últimas décadas aparecen siempre las mismas personas alrededor del hecho. Esa idea tan perturbadora, fue el disparador para que Mariana Enríquez se pregunte: ¿qué pasaría si en las fotos de los recitales de los Rolling, Nirvana o The Doors, aparecieran siempre las mismas fans pero con diferente vestimenta? Y así surge “Éste es el mar”, que transcurre en Los Ángeles, donde una serie de hadas tiene como objetivo entrenar a otras, aprendices, a ser fans o a que estén cerca de los ídolos. El objetivo final, es convertir a las estrellas de rock en leyendas; para esto, la muerte del artista en su plenitud (y juventud) es condición indispensable. Como dijera el reconocido dramaturgo italiano Luigi Pirandello: “A un personaje no se le da vida en vano”. Por esto, Helena, la protagonista, tiene la misión de “guiar” a James Warren, cantante de The Fallen, a ser la última gran leyenda del rock. Helena se convierte en secretaria de James y lo acompaña en una larga gira por Estados Unidos.

En la simpleza de este argumento, se suceden las peripecias de la narración. Otro de los puntos elementales, es la presencia de la mujer alrededor del rock; el rock no es solo de hombres. A lo largo de las páginas se destaca el atributo femenino como una de las claves en la mitología del rock, sin ellas no hay ídolo; lo construyen. En palabras de la escritora: “Sin las chicas que gritaban por Los Beatles o Elvis, ellos no existirían”. Necesariamente la novela tiene un aura juvenil, debido a que la admiración desmedida hacia un artista, por lo general, surge en la adolescencia, y es precisamente por este tipo de fanatismos que existen las leyendas.

Es interesante como se pone en relieve, a través de la ficción, que la cultura del rock es un modo der ser, una ideología. Se menciona la industria discográfica, la moda y los estereotipos (siempre a la luz de la temática de género, luchando contra el pensamiento binario de que algo es para hombres o para mujeres); examinando la paradoja de cómo aquello que se gestó como contracultura, al mismo tiempo, tiene su forma de mercado y consumo.

Sin perder de vista el hilo conductor, la escritora, hace un recorrido por estos conceptos que eligió contar desde la fantasía (la literatura de la imaginación), los pasajes poéticos y lo gótico. Tan bien narrado, que se puede leer de un tirón. La idea central es original y el producto final está muy bien logrado.

“Éste es el mar”, además de lo anterior, es una despedida de la juventud; de una forma de vivir un género musical. Pero al mismo tiempo, genera melancolía por los grandes momentos que transitaron las generaciones de los ´80 y los ´90 y leerla, reivindica la resistencia del rock: ese fenómeno cultural que se ve legitimado a través del fanatismo.

Cuentos de terror

Stephen King y Shirley Jackson son dos referencias extranjeras que resuenan en lo que produce Mariana Enríquez. Es un género difícil de encontrar en el ámbito local, aunque Diego Muzzio (gran hallazgo “Las esferas invisibles”) y Luciano Lamberti podrían ser comparables.

Cada uno de los doce relatos, está contado desde un registro cotidiano y se utiliza la actualidad y la superstición para retratar de manera macabra, con un clima siniestro, a través de imágenes penetrantes y difíciles de olvidar, las páginas que componen este libro. Algo ingenioso que suele utilizar la autora, son las historias dentro de sus cuentos, como si fuera cambiando “la lente de la cámara” de un párrafo a otro, solo que con mucha soltura y naturalidad. Hay veces que no ahonda en detalles, y es un acierto; la oscuridad del texto, se encarga de disipar al lector que necesita explicaciones.

En el cuento que lleva el nombre del libro, ante una oleada de violencia doméstica, las mujeres empiezan a ser quemadas por sus parejas. Esto desencadena una nueva forma de protesta por parte del resto de las mujeres. “La Hostería”, muestra los resabios de la dictadura argentina. “Los años intoxicados”, entre otras cosas, se refiere a un contexto político y económico particular (hay una alusión al dólar genial, ¡cómo olvidarnos del dólar en el terror argentino!) y la psicodelia del rock. “Fin de curso”, una adolescente que se arranca las uñas y se lastima. Y, en lo personal, el mejor cuento: “La casa de Adela”. Aquí se prueba la ferocidad que el terror puede tener en el lector. Es escalofriante, y al igual que alguno de los mencionados, puede dejar pensando a quien lo lea varios días.

Leer a Mariana Enríquez es escuchar una de las voces más importantes de la narrativa contemporánea argentina. Su literatura, impregnada de realismo e imaginación, abre camino a una trayectoria en espiral que converge hacia lo oscuro y debería funcionar como un arquetipo para escritoras y escritores que deseen incursionar en el género. Gracias a sus relatos, podemos redescubrir el terror en el ámbito porteño, y al leer sus historias serpenteantes, nos invade ese vértigo de “vaya a saber con qué nos encontraremos”.

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