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Festival LNG: “La música no tiene moral”

Te contamos cómo se vivió el evento que hizo vibrar a Córdoba durante el fin de semana.

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Festival LNG: “La música no tiene moral” - Radio Cantilo

martes 19 Nov, 2019

Babasónicos arrojó una lanza imaginaria aquel diciembre de 1992 en la presentación de Dynamo en Obras. Soda Stereo había tenido un gesto para las bandas emergentes que se valoraría más tarde: en el pico de su popularidad, invitaron a toda la generación sónica, el tan mentado nuevo rock argentino, a clausurar una década y mostrar los sonidos del futuro.

Esa vez, Adrian Dargelos, cantó “cuando pase el temblor” con desparpajo, algo de inconsciencia y la arrogancia que supo cultivar desde la cuna. Eran tiempos para marcar la diferencia. Igual que ahora.

Durante la 5° edición del Festival La Nueva Generación, en Córdoba,  esta parábola empezó a completarse. Una nueva comunidad artística, dispuesta a tomar esa lanza, “se hace cargo” y lo asume con lenguaje propio: la subversión de los géneros, el crecimiento sostenido y la comunión fraternal como rasgo de una nueva escena para la música argentina.

El viernes el festival comenzó con charlas, conferencias y exposiciones de diferentes actores de la industria (productores, managers, realizadores, etc) emulando la lógica que se viene repitiendo en los festivales de todo el mundo.

Ya el sábado, desde temprano, un público predominante de 17 a 25 años, con la carga del celular a full y cuidando su ajustado look del intenso calor, se fue acercando al predio. Pelos rojos, violetas, lentes modernos, shorts, medias hasta las rodillas, glitter y un sentido inequívoco: era el festival de ellos.

 

BOMBO EN NEGRA (Día 1)

Dos escenarios, uno pegado al otro, para disfrutar de un estado de “bombo en negra y amor sin fin” así se plantearon los sets de 1915, Gativideo, Valdes, El Zar,  Hipnótica e Indios. Una pista de baile, con matices pop, y el viaje ondulante de los sintetizadores. Juan Mango (el proyecto solista de Juan Saieg, cantante de Usted Señalemelo) cambió el mambo. Un show despojado, minimalista, que sirvió de transición y puente para el brillo elegante de Bandalos Chinos y su pop cancionero timoneado por un cantante que sabe entretener.

El cierre se puso intenso. Los Peces Raros armaron su concierto “non stop” con la electrónica como vehículo y el perilleo constante.  Las guitarras, la batería y el teclado al servicio de un sonido que emula un dj set con el filo del rock orgánico. En un parpadeo la jornada finalizó.

EL ESLABÓN (día 2)

“Decir que son el futuro es incorrecto, es desconocer que ya son presente y no tomarlos en su dimensión” dijo Dante Spinetta en la zona de Camarines. Dante es un eslabón, un tipo que siempre estuvo atento a difundir las nuevas movidas y compartir, con mayor o menor efectividad, proyectos con muchos de estos artistas.

La segunda jornada fue, por cantidad y variedad, una concentración de estilos y matices difícil de procesar. Se sumaron, además, 2 escenarios. En total, 3 externos y uno indoor.

El primero en sacudir la modorra dominguera fue Acru. Un show picante a tracción de la vieja escuela rapera como bandera, algo de freestyle y la arenga permanente a una comunidad numerosa que demandaba agite y palabras cortantes. 45 minutos para ser una de las revelaciones del festival.

El escenario Nave, donde participaron la mayoría de las chicas programadas, tuvo algunos problemas logísticos y al ser cerrado, el calor era agobiante. Por ahí pasaron Los Salvapantallas en su último concierto, el R&B de Chita, el baile urbano de Miss Bolivia y el futurismo distópico de HTML.

El concierto de  Nicki Nicole demandaba expectativa y cumplió. La joven, que apenas en abril inició su carrera,  es un verdadero éxito exponencial para quienes estudian las variables de las plataformas y los algoritmos. Un show sólido, planteado con seguridad y ocupando el escenario con soltura. Decir que hace Trap le queda corto, pero definirla a 6 meses de su aparición es apresurado. Lleno absoluto en su set.

 

LA NUEVA GRAN COSA

El cancionero popular y la bohemia porteña a cargo de Conociendo Rusia, la sensualidad y el vértigo con el crooner local Juan Ingaramo, el prolijo show de Dante, la apuesta por las melodías contagiosas de los internacionales The Whistest Boy ALive  y el presente superlativo de Usted Señalemelo marcaron el camino ascendente de la tarde.

El predio absolutamente lleno a la espera del DUKI. Su presencia: pura potencia. Complicidad con su público, atento a que ahí está su fuerte. Mientras otro intentan explicar el fenómeno, el lo riega a puro arrebato y rodeado de amigos (Khea y Nicki Nicole subieron a cantar). Goteo, el mejor tema de su último disco, cerró un set tan veloz como visceral.

Turno de Catriel y Paco Amoroso. Hace un año exacto sacaron su primer tema juntos y hoy tocan para 15 mil personas. Deformes en su estructura, difícil de definirlos pero hipnóticos en sus formas. Están en estado de gracia y lo saben. La ATRband hace lo que quiere: desde el progresivo al funk. Paco y Catriel lo aprovechan sabiendo que ese colchón musical los ataja y pueden fluir casi como performers.

Los Babasónicos armaron un set que comenzó a brillar promediando la segunda mitad. “estos pibes nos escucharon alguna vez” dijo Dárgelos al respecto de toda esta generación. Y claro que fue así. Ante los hits inoxidables todos se rindieron.

El momento más esperado en la previa era el de Wos, por presente pero también por proyección. Y no defraudó. Junto a su banda mantuvieron una vara altísima, poderosa y con mucho flow. Wos es quien sintetiza hoy la diversidad de estilos y géneros que atraviesan al festival. No por que los haga, sino porque en su propuesta no deja afuera a nadie. Incluye. Todos querían escuchar a este nuevo fenómeno ATP que agota cada lugar y se mete de a poco en los hogares argentinos.

Para el final y a modo de celebración LOUTA, que entiende lo que le pide el partido, se volvió menos performativo y más directo. Baile, invitados y éxtasis general.

Durante dos días más de 30.000 personas disfrutaron de un festival hecho a su medida. Tal vez la nueva generación sea una gran excusa, un paraguas discursivo. Basta que alguien se dé cuenta que está siendo la nueva gran cosa para dejar de serlo. Por eso ninguno habla de eso, simplemente se dedican a serlo.

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