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El rol de la mentira en nuestra realidad cotidiana

La política, el fútbol y las publicidades son abanderadas de los grandes engaños a los que nos tienen habituados, sin que pensemos cómo es posible que sigamos aceptando que nos mientan.

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El rol de la mentira en nuestra realidad cotidiana - Radio Cantilo

miércoles 04 Sep, 2019

¿Por qué nos acostumbramos a las mentiras? Una pregunta que a estas alturas casi nadie se molesta en responder ya que es mucho más sencillo hacer caso omiso que realmente pensar en algo que resuelva este interrogante con cierta lógica.

Vivimos acostumbrados a decir “no le creo nada”, “es todo un negocio”, “nos están estafando”, sobre todo cuando se trata de charlas en las que se habla de política, fútbol o publicidades con grandes beneficios para los consumidores.

Los candidatos nos mienten, prometen cosas que jamás cumplirán con tal de recibir un voto. El fútbol es el mayor negocio deportivo del mundo, donde año tras año se arreglan partidos y campeonatos. Las publicidades y grandes descuentos son siempre una trampa, jamás una empresa va a querer que nosotros tengamos más beneficios que ellos mismos.

Entonces, ¿qué nos lleva a creyendo en estas mentiras que forman parte de nuestra vida cotidiana como una característica más en el proceso de socialización del individuo?

La necesidad de creer en algo es tan vieja como la humanidad. De hecho, la capacidad de pensar ideas con algún grado de abstracción, es lo que nos distingue del resto de los seres vivos. La realidad es que necesitamos un relato que contenga nuestras vidas, les dé sentido, y no tenemos los elementos suficientes para comprobar la veracidad de lo que creemos de una manera total. Tenemos un impulso a creer, y de llegar a encontrar algo como falso, lo reemplazaremos por otra creencia que sentiremos verdadera”, explica Javier Gasparian, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires y director de la empresa de Investigación y Consultoría “El Quid de la Cuestión”.

 

“¿EN QUÉ TE HAN CONVERTIDO?”

Desde comienzos de año hemos visto cómo las campañas electorales de los diferentes partidos demuestran un grado de cinismo muy alto, con candidatos que hasta hace unos meses atrás atacaban ferozmente al espacio del que hoy forman parte. Escudados en la mentira de “trabajar por los argentinos”, dejaron de lado lo que supuestamente deberían mantener, es decir la ideología.

A poco más de un mes de las elecciones generales comenzarán nuevamente las promesas electorales que, en su mayoría, jamás llegarán a concretarse. Aumentos de salario, baja de impuestos, mejorar la calidad de vida de todos los argentinos, serán parte de las plataformas políticas que –una vez en el poder- harán lo que realmente les convenga a sus miembros del Gobierno.

¿Por qué seguimos aceptando el hecho que “todos mienten” pero de igual forma defendemos una causa al punto de la militancia?

Según Gasparian, “hemos llegado a un estadio de evolución, donde aceptamos que eso que llaman ‘mentira’ constituye un lenguaje y un modo de comunicación. Es decir, se sabe la posición de quien comunica, su interés, y desde ahí se evalúa o no la conveniencia de aceptar o no ese relato o promesa. No necesariamente porque se lo crea, sino por el imaginario que provoca”.

“Como ejemplo, nadie en sus cabales podía pensar que Macri cuando en 2015 prometía ‘pobreza 0’ lo iba a conseguir durante su gobierno, pero si se esperaba que la pobreza fuera un eje de su gestión y allí sí la sociedad se encuentra con lo que finalmente decreta como ‘mentira’ y finalmente la rechaza en la elección a través del voto. Eso no quiere decir que crean en las promesas de sus contrincantes, pero sí, le pone un límite y separa lo que es publicidad, de estafa”, añade.

 

DEL REPUDIO A LA CONVIVENCIA NUEVAMENTE

Sábado 24 de noviembre de 2018, día en que debería haberse jugado el partido de vuelta por la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors. Dos días antes, es decir el 22 de noviembre, la policía había allanado la casa de uno de los líderes de la barra brava a quien le secuestraron –entre otras cosas- tickets para la reventa y grandes sumas de dinero.

Como recordará la sociedad por los próximos años, este partido jamás se disputó –de hecho tuvo que ser trasladado a Madrid-, por graves incidentes en las inmediaciones del estadio entre la barra brava (que no iba dejar por nada en el mundo que el partido se jugara sin su presencia) y la policía. Durante semanas estuvieron en la agenda de cuanto canal de tv, programa de radio, portal de noticia o periódico hubiera, repitiendo el escándalo y analizando la convivencia entre políticos, policías y mafiosos en el ámbito futbolístico.

Los fanáticos del fútbol en argentina se mostraron preocupados, molestos e indignados por lo que había sucedido. Por haber quedado ante los ojos del mundo como una sociedad de violentos que no saben convivir en armonía.

Aunque, como decía el anillo que tenía el ex presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, “Todo Pasa”. Menos de un año después los estadios volverán a llenarse para ver una semifinal entre los mismos clubes que protagonizaron el bochorno de 2018. Aquellos hinchas que insultaban a los barras seguirán cantando sus canciones, orgullosos de hacerlo, y aceptarán que esto jamás va a cambiar y –por lo tanto- está bien que suceda.

“La realidad es dinámica y los procesos de evolución son lentos pero constantes. En este sentido, en apariencias parece que volvemos hacia atrás a veces, pero nunca vuelve a ser como antes, y en esa modificación/actualización junto al aprendizaje de la experiencia anterior, se juegan nuestras decisiones, sean a posteriori, correctas o equivocadas, a veces tropezando con la misma piedra, a veces esquivándola hasta encontrar la próxima”, considera Gasparian. .

 

“NO TE QUEDES AFUERA”

¿Realmente podemos pensar que las grandes empresas estarán dispuestas a relegar parte de sus ganancias para que tengamos algún tipo de beneficio? Si estás leyendo esto, seguramente tu respuesta sea “NO”. Pero, a pesar de convencernos de ello muchos de nosotros seguimos cayendo en la trampa del marketing y la publicidad.

Tener descuentos para comprar el último teléfono celular, ciertas zapatillas, una marca de mochilas en particular o hasta la más reciente camiseta de fútbol que utiliza nuestro club favorito, son quizás las mentiras que con mayor gusto aceptamos, engañándonos a nosotros mismos con que realmente hicimos un negocio favorable para nuestro bolsillo.

Dado que las creencias nos constituyen, y todos poseemos alguna (o muchas), sean cuales fueren, éstas se organizan como una mercancía más: Se compran, se venden, se publicitan, construyen militantes a favor y en contra; en suma, nos organizan”, afirma Gasparian.

Podemos considerar entonces que las mentiras son una parte esencial de nuestra sociedad, acostumbrada a esconder, modificar la realidad y, lo más triste de todo, aceptar que las cosas no van a cambiar porque no tenemos la voluntad necesaria de hacerlo o simplemente porque nos queda mucho más cómodo ni siquiera planteárnoslo.

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