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#DiscosEnCuarentena: “Ciudad de pobres corazones”, Fito Páez

Fue el cuarto –y más oscuro disco- en toda su carrera, donde la rabia e impotencia se traslucían en cada una de sus canciones. Sin embargo, a pesar del pesimismo que arrojan sus letras, se esconde una de las obras más completas del músico rosarino.

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#DiscosEnCuarentena: “Ciudad de pobres corazones”, Fito Páez - Radio Cantilo

jueves 30 Abr, 2020

La historia es conocida: el disco se gestó como el modo de hacer catarsis de Fito luego de lidiar con lo que fueron los asesinatos de Josefa Paz y Delia Zulema Ramírez, su abuela y tía abuela respectivamente. El resultado es un disco de letras llenas de tristeza, rabia, amargura y dolor, acompañado por una variedad de ritmos de rock, y pop, y un cierto coqueteo con el tango.

Quizás no sea el disco más optimista para escuchar en una situación como la que nos toca vivir en estos momentos, pero así como la cuarentena nos ha hecho oscilar constantemente entre la felicidad y la tristeza, la decepción y la angustia, o el optimismo y la esperanza, esta obra –una de las más importantes de nuestro rock nacional- nos enseña que de lo peor también se puede lograr algo muy bueno, por eso también es una obra fundamental para entender quién es Fito Páez.

A lo largo de las once canciones que lo componen, totalizando unos 44 minutos de duración, está muy presente la estética sonora de Charly García, ya sea en el uso de los teclados, los arreglos de guitarra, el uso de sintetizadores o la percusión. Esto se puede apreciar en temas como “A Las Piedras de Belén” (cuyo sonido tiene mucho de Serú Girán), “Gente Sin Swing”, o “Nada Más Preciado”.

Aunque, claro está, también aflora desde las entrañas del músico rosarino todo el talento que venía demostrando con sus tres discos anteriores.

El disco abre con “Pompa Bye Bye”, una charla entre Fito y la muerte que funciona como adelanto del concepto que engloba al disco que estás por escuchar. “De Mil Novecientos Veinte”, es el primer homenaje a sus tías apoyado en percusión y arreglos deliciosos que se vuelven hipnóticos para el oyente.

Por supuesto que “Ciudad de Pobres Corazones”, canción que le da nombre al disco, es la síntesis absoluta de lo que Fito estaba atravesando en aquél entonces. Mientras que le sigue “Ambar Violeta”, para suavizar el golpe que significa la escucha de la canción que la precede.

Dando Vueltas en el Aire” y “Bailando hasta que se vaya la noche”, tienen los ritmos más alegres de todo el disco (más cercanos a lo que escucharíamos en El amor después del amor), aunque sin perder de vista los sentimientos de Páez y la oscuridad que le imprime a todo el material.

“No se pasa el tiempo, al menos para mí, ya tomé pastillas y sigo sin dormir”, la frase con la que abre “Track-Track”, su tema final, es el cierre justo para el disco que, como diría el propio Fito, “jamás quiso componer”.

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