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Día del baterista argentino: conocé cómo empezaron a tocar tus ídolos

Referentes de la escena rockera argentina cuentan sus primeros pasos en el mundo de la música, la conexión con el instrumento y sus principales referentes.

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Día del baterista argentino: conocé cómo empezaron a tocar tus ídolos - Radio Cantilo

jueves 11 Jul, 2019

El gran batero argentino. Esa es la primera frase que resuena cuando se nombra a Oscar Moro, dueño de los palillos y base elemental de Los Gatos, Riff, La Máquina de Hacer Pájaros, Color Humano y Serú Girán. Un 11 de julio pero de 2006, fallecía a los 58 años y a partir de esa fecha se conmemora el “Día del Baterista Argentino”.

 

En radiocantilo.com nos pusimos en contacto con los y las bateristas que marcan la escena nacional actual para conocer más sobre sus inicios en la música. Mirá:

Juanito Moro – hijo de Oscar Moro y actual baterista de Riff

 

“Yo comencé a tocar a los 14 años como cualquier hijo de vecinos con los compañeros del secundario, armamos una banda y nos encerrábamos hasta ocho horas a tocar lo que se nos cantaba en la terraza de mis viejos. Crecí entre parches, tambores y palillos, incluso tardé bastante en decidirme a tocar. Mis principales referentes son internacionales: Steve Gadd y Vinni Colaiuta. De acá los que más me gustan son Pomo, Sebastián Peyceré, Pato Raffo, Juan Barone y Jota Morelli. Hay bateristas muy grosos en nuestro país y no tenemos que envidiarle nada a nadie

 

 

Andrea Álvarez – Solista / También formó parte de Rouge, Soda Stereo, Charly García, entre otros

 

“Soy baterista desde los 15 años. No sé por qué elegí la batería, pero cuando uno trata de estar en el instrumento en realidad la pregunta es por qué no todo el mundo lo toca porque es genial. No tuve referentes femeninas cuando era niña pero enseguida las busqué y siempre las encontré. Los bateristas fundacionales argentinos fueron mi faro al principio y Moro, por el cual se conmemora hoy el Día del Baterista fue mi ídolo y después mi amigo. Horacio Gianello fue mi gran maestro y guía, baterista de Arco Iris. Hoy estoy feliz porque hay un montón de bateristas mujeres… no mujeres que tocan la batería, de esas hay un montón. Hablo de grandes bateristas que están volviendo más linda la escena musical. Para mí ver bateristas comprometidas mujeres y grosas es una emoción grande. Y creo que este día del baterista es especial porque en este último año descubrí muchísimas genias del instrumento y me siento muy feliz

 

 

Gabriel Pedernera – Eruca Sativa

 

“Es maravilloso que tengamos nuestro día los y las bateristas que elegimos este instrumento maravilloso. Qué mejor que sea celebrando a un grande como Oscar Moro, un referente gigante. Yo empecé de muy chiquito a tocar, la verdad es que no tengo recuerdos haciendo otra cosa que no fuera tocando la batería. Mis padres me llevaron a un concierto cuando era niño y dicen que me quedé hipnotizado. A partir de ahí empecé a aprender y hasta el día de hoy que ya tengo 33 lo hago, ya hace mucho más de 20 años que toco, sigo aprendiendo y sorprendiéndome de bateristas más jóvenes de nuevas generaciones que traen otras informaciones. Lo más importante que tiene esto es disfrutar de la música y la vida, tratar de ser mejores personas todos los días”

 

Ludovica Morell – Miranda

 

“Arranqué a tocar medio por accidente a los 5 años volviendo de las primeras clases de música en el jardín y haciéndolo con platos, vasos y cubiertos. Mis papás se cansaron de que rompa cosas y me compraron una batería mandándome al mismo tiempo a estudiar. La batería es algo que me encantó siempre, no me veo tocando otro instrumento porque no hay nada que se le compare. Tenemos un país con grandes bateristas y mis referentes son Oscar Moro y Andrea Álvarez. Ella fue un espejo y agradezco que haya habido una persona como ella para admirar cuando estaba creciendo. Los primeros años en los que no habíamos tantas como por suerte somos ahora”

 

 

Fernando Samalea – Metrópoli, Fricción, Clap, Charly García, Andrés Calamaro, Gustavo Cerati, Illya Kuryaki and the Valderramas, entre muchos más

 

“Dada mi preocupante tendencia a percutir con tenedores, lápices, cucharas o lo que hubiese al alcance, Sergio e Hilda me regalaron el disco Drum Battle, de los bateristas Gene Krupa y Louis Bellson. Esa edición nacional —Duelo de tambores— los mostraba en la portada con sus respectivas Slingerland y Rogers. Lo gasté en el reproductor, hasta que el sonido de la fritura del acetato se equiparó al de la propia orquesta y tuve que comprar otra copia. También solía escuchar con mucha atención Que retumben los parches, de Sandy Nelson. El sentido del ritmo comenzaba a hacer mella y yo no pensaba más que en buscar referencias mecánicas: latidos del corazón, relojes, campanas de barreras ferroviarias o el ondular del lavarropas, que ofrecía irresistibles combinaciones tribales. Como un hermoso presagio, en el verano de 1970 y apenas cumplidos los seis años, pude escuchar y ver una batería en acción. De vacaciones en Mar del Plata, nos dispusimos a cenar con mis padres en una cantina cercana a Camet… Advertí que un grupo musical amenizaba con canciones del momento en un rincón del salón. Nadie les prestaba demasiada atención, excepto yo. Leí distraído el menú y luego olvidé por completo el plato servido adelante. “¿No comés, Fernando?” En el intervalo, me acerqué con decisión al baterista. Había observado atentamente los movimientos y, sin mucho preámbulo, le pedí si me dejaba tocar unos segundos. Asintió con una sonrisa, levantándome por las axilas y sentándome en la banqueta. Era tan alta que ni alcancé a los pedales de bombo y hi-hat. “Tomá las escobillas, nene, así no me retan los dueños”, me dijo, cauto, evitando darme los palillos de madera, que hubiesen posibilitado un estruendo mayor entre los distendidos comensales. Al fin estaba ante un instrumento de verdad, dando golpecitos discretos, con las piernas abiertas apretando el redoblante para no caerme. Jamás había experimentado algo más excitante, teniendo esos tom-toms y platillos en perspectiva a centímetros, percibiendo el olor de sus materiales. Agradecí efusivamente al hombre y, antes de volver a la mesa, deslicé suavemente las yemas de mis dedos por la porosidad del parche de tambor. El embrujo se consumó. —¡ Me encanta la batería! Voy a tocar alguna vez —solté en la mesa. Al día siguiente, convencí a mis padres de ir a escuchar a otro baterista y fuimos a la Confitería París, sobre la propia rambla marplatense. No le quité los ojos de encima a quien llevaba el ritmo en la pequeña orquesta, de traje negro, corbata, pelo engominado y anteojos de marco grueso. Disfrutaba también con los percusionistas de circo, como uno que escuché en el puerto de la ciudad feliz, en ese mismo veraneo. Manipulaba con destreza el efecto crescendo del redoble, alcanzando el clímax con el tradicional platillazo. Pero quien terminó de convencerme fue el de otra función circense, en el Luna Park de Buenos Aires. El repertorio no sería el más distinguido, pero en mis tímpanos sonaba como música de los dioses. Poco después, mis tíos Santiago y Susana dieron el primer paso: “¡ Felices siete, ahijado!”. Atentos a mi evidente de no trabajar jamás, me trajeron de regalo una minibatería de juguete… ¡con un payaso pintado en el par – che delantero del bombo!”

Fragmento extraído del libro “Qué es un Longplay” de su autoría.

 

 

Silvana Colagiovanni – Jimmy Rip y Led Ladies

 

“Arranqué a los 13 años y simplemente se me ocurrieron ganas de empezar a tocar la batería y fui por ello. Estudié con Juan Pedro Estanga, Tristán Taguada, Pepita Vieira, Pipi Piazzola y un montón de profesores que me nutrieron. Espero tocar toda mi vida y actualmente estoy con Led Ladies, Jimmy Rip and the Trip y Tambora, un ensamble de percusión que doy con varios alumnos percusionistas y bateristas. También estoy grabando y componiendo para un proyecto personal que se llama Druma

 

Agustín Rocino – Catupecu Machu, Maleboux y Fantasmagoria

 

“Mi historia con el instrumento es bastante particular porque yo en realidad soy bajista y empecé a tocar la batería en Catupecu Machu, una banda muy grande a la que entré con 29 años. Si bien siempre fue un instrumento que me gustó y tocaba en algunos temas de mi banda anterior Cuentos Borgeanos, la terminé de descubrir de grande y tengo una conexión hermosa porque es un instrumento muy físico e interesante que lleva el ritmo de toda la canción y el grupo. Estoy enamorado del instrumento y sigo con él a lo largo de estos últimos años y supongo que de los próximos también”

 

 

Simón Quiroga – Vox Dei

 

“Empecé a tocar la batería de muy chico, tipo a los cuatro o cinco años. Me sentaba en la batería y no llegaba a los pedales. Esto fue de la mano del señor Rubén Basoalto, baterista original de Vox Dei. Él era como mi tío, lo conocía de toda la vida y me ayudó con las primeras lecciones. Recuerdo que tenía dos baterías, una la llevaban cuando se iban de gira y la otra la tenía en la sala de ensayo. Cuando se iban durante todo el fin de semana me la armaba toda chiquitita para que yo pudiera llegar a los pedales y tocar con normalidad

 

 

Gastón Baremberg – Fito Páez

 

“Mi relación con la batería empieza a los cinco años por un regalo sorpresa de mis abuelos y no paré nunca más. Mis referentes, si bien hay muchísimos de afuera y hasta clásicos, a mí me voló la cabeza ver en vivo a Moro y Pomo. Fueron dos que me volaron la cabeza

 

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