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Detrás de César Aira, uno de los escritores favoritos de Patti Smith

Después de doce años Patti Smith regresó al país y se presentó en 2018 en la Sala Sinfónica del CCK donde, entre otras cosas, leyó poesía y aprovechó para (una vez más) verbalizar su admiración por el escritor oriundo de Coronel Pringles, César Aira. Nos metemos en la obra del escritor argentino cuyo número de libros publicados alcanzó las tres cifras.

Detrás de César Aira, uno de los escritores favoritos de Patti Smith - Radio Cantilo

jueves 21 Nov, 2019

<<Contaba (…) historias que, de verdaderas, al contarlas se volvían inventadas, y de inventadas, verdaderas>>.

Italo Calvino, “El barón rampante”

 

 

Con Horses como su álbum debut en 1975 la cantante estadounidense ya había dejado en claro que se proponía hacer algo diferente (una figura femenina en el punk con poesía en sus canciones) y a lo largo de estos años se ha consolidado como una pieza clave en el ámbito de la música a nivel internacional.

Fue crítica de revistas de rock, nos tiene acostumbrados a dar conferencias por el mundo o realizar exposiciones de sus fotografías y, como si esto fuera poco, escribe como los dioses. Su contacto con la literatura se remonta a la niñez. Desde ese entonces ha leído mucho. Quizá por eso su carrera como escritora comenzó a temprana edad: primero con cuentos, luego poemas y diarios personales. Ha publicado varios libros, entre ellos, Just Kids (2010), acreedor del National Book Award for Nonfiction y M Train (2015).

No es llamativo que una mente transgresora como la de Patti admire a otra como la de César Aira, ese escritor que pareciera “adquirir relevancia” cada año cuando se acerca la fecha del Nobel de literatura o cuando es nombrado por alguien importante. Roberto Bolaño fue el encargado de introducirla al mundo airano que pronto la cautivó, llevándola a reseñar en 2015 “El cerebro musical”; relatos reunidos del escritor argentino.

La propuesta para leer a Aira radica en resetear nuestra mente y romper con los preconceptos sobre la literatura y con nuestras estructuras como lectores. Caso contrario, nos veremos inmersos en historias en donde el verosímil se ve reformulado (el viento habla o los personajes tienen un vocabulario técnico inesperado), hay finales abruptos, los personajes mutan y no tienen psicología -son funcionales al relato- y  son habituales los giros drásticos en el texto.

Alguna de las influencias de Aira han sido Borges, Lautréamont, Rimbaud, Duchamp, Copi, y considera su maestro (y gran amigo) a Osvaldo Lamborghini, quien definitivamente lo impulsó a ser escritor. Por lo tanto, no debe asombrar que sus libros contengan surrealismo e hiperrealismo. Su método es muy simple (aunque reservado para talentos como el suyo): dejarse llevar al momento de escribir. La improvisación (pensada, como le gusta decir) va generando una escritura en continuo, sin correcciones, donde el devenir de las páginas subsana lo escrito.

Le aburre saber cuál va a ser el final de sus novelas, de ahí la sinuosidad y desplazamientos erráticos en sus relatos.  ¿Cuántas veces hemos escuchado a escritores decir que no podemos sentarnos a escribir si no hay al menos algo planeado? Aira desafía estos paradigmas y parte desde distintos lados; de una idea, de ciertos argumentos, de nada, de él mismo como personaje, de eventos autobiográficos aislados o hasta de un título. Como ese genio loco que mezcla sustancias químicas encerrado en su laboratorio, Aira, con su narrativa, experimenta todo tipo de posibilidades. Como alguna vez dijo: “fabrico juguetes literarios para adultos”.

A lo largo de su obra demostró varios de sus recursos y reconoce que no quiere cumplir con las expectativas del lector. Antepone el procedimiento al resultado. Quizá por esto siga siendo conocido mayoritariamente en ambientes literarios. No le interesa hacer best sellers. Una frase suya interesante es: “mis novelas son cuentos de hadas dadaístas”. No hace libros que busquen retratar la sociedad en un momento dado, que hablen de cuestiones políticas o derechos humanos. Ha escrito ensayos y se toma pequeñas atribuciones para hacer breves reflexiones filosóficas en sus libros a través de los personajes. Hay detractores y defensores de lo que hasta ahora ha hecho Aira.

¿Por qué libro empezar? Si nos guiamos por el primer contacto de Patti con el autor, estos tres son los que la sedujeron rápidamente:

Después de un suceso importante, el pintor Johan Moritz Rugendas, en su visita a Latinoamérica, se obsesiona con seguir de cerca los pasos de los indios para dar comienzo a la pintura en acción. Pone en peligro su vida acercándose a los malones y logra por medio de varias perspectivas  retratar esos acontecimientos, dejando al descubierto la complejidad de la obra de arte para abordar la realidad. El episodio en cuestión, le da al personaje una nueva concepción del mundo.

Mediante un presente de enunciación Aira, en París, devela como se escribió la novela. Nos muestra las cartas desde el principio. Nos cuenta que siempre tuvo en mente ese título para una novela. Adelanta quienes serán los personajes y pone en marcha su lapicera para contarnos una historia muy particular.

Un joven corpulento e ingenuo ayuda a cartoneros a trasladar los carros hasta sus casas. Junto con otros personajes la historia adquiere un giro policial con un ritmo creciente hasta su desenlace.

Adicionalmente: “Cómo me reí”; un pequeño libro dedicado a aquellos lectores que se acercaron a Aira para expresarle de manera efusiva como se habían reído en sus libros. En el libro “Cumpleaños”; el escritor explica su relación con el paso del tiempo y el concepto sugerente del rendimiento decreciente aplicado a la literatura; sostiene que si los primeros escritos son buenos, es cada vez más difícil  conseguir la calidad inicial. Por otro lado, en “Cómo me hice monja”; en la escena inicial aparece un niño, un padre y un helado de frutilla. En las líneas siguientes el niño, llamado César Aira, se concibe como niña, hay un asesinato y nadie se convierte en monja.

Otros posibles, sin pretender ser exhaustivos, son: “La liebre”, “Ema la cautiva”, “Las aventuras de Barbaverde”, “El mago”, “Yo era una mujer casada”, “El llanto”, “El mármol y Varamo”.

Entonces, ¿Por qué leer a César Aira? Tal vez porque en la búsqueda de nuestra identidad como lectores deberíamos estar abiertos a historias distintas, y así, nos encontraremos con un escritor que mostrará su libertad absoluta, la artesanía de su prosa y una admirable imaginación.

Cuando Nietzsche leyó por primera vez a Dostoievski quedó asombrado por la profundidad de sus palabras, “el deleite de fuerza superior” y el “alarde genial de psicología”. No esperemos eso de Aira, tampoco es lo que busca.  En todo caso notaremos una divergencia respecto de lo que por lo general se consume. Puede gustar o no. Pero en definitiva, cuando leemos, lo hacemos por placer, y queremos que nos cuenten historias. Algunas nos parecerán brillantes, muy buenas, malas o irrecomendables. De todas algo se aprende, y hasta no alcanzarlas no lo sabremos. De lo que sí tenemos certeza, es de la relación que existe entre César Aira y Patti Smith: ambos extendieron los límites de la expresión artística y su paso por este mundo ya dejó una importante huella.

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