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Cuando el cielo no se ve, ¿hasta dónde me querés?

De qué hablan los jóvenes cuando hablan de amor, y algunas otras dudas más.

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Cuando el cielo no se ve, ¿hasta dónde me querés? - Radio Cantilo

viernes 21 Jun, 2019

Si lo miramos con simpleza, Romeo y Julieta “murieron de amor” por una falla en la comunicación. Uno pensaba que el otro estaba muerto y se mató. Cuando la otra despertó y vio que el otro estaba muerto, se mató de verdad. Una cadena de malos entendidos y tropiezos en un plan que apuntaba a vivir juntos para siempre, los llevó a perder la vida para encontrarse juntos en la eternidad. La historia lleva generaciones reproduciéndose, y la lectura que podemos hacer hoy sobre ese tipo de amor de seguro no es la misma que hicimos ayer.

Con Romeo y Julieta, The O.C, Dawson, Rebelde Way, Glee, The Society, y cientos de series, películas, bandas y canciones imposibles de enumerar, pasamos nuestros años de adolescencia y temprana adultez consumiendo y hablando de cierto tipo de historias de amor que refuerzan un modelo o verdad hegemónica. Los “felices por siempre”, la búsqueda de la “media naranja”, la idea de amor romántico, los celos como demostración de afecto, los sacrificios en vida para demostrar amor y tantas otras premisas por lo menos cuestionables han sido aprobadas y replicadas en la cultura moderna en todas partes del mundo, todos los días.

En raptos de soberbia generacional, muchos mayores de 25 definen a los adolescentes como “la generación perdida”, denigrando su forma de relacionarse, sus códigos en el amor, sus encrucijadas o el simple hecho de escucharlos todo el día hablar sobre eso.

La escritora y docente Tamara Tenenbaum, autora de El fin del amor, querer y coger, entre muchas cosas que hace muy bien en su libro, da cuenta de su crianza en una casa y con una educación judía, y el impacto que vivió frente a las reglas de juego laicas cuando llegó a la adolescencia. A la hora de referirse al amor, Tamara habla de “institución”. La institución del amor, esa compleja vinculación que nace desde la emoción y que nos lleva la vida terminar de interpretar y atravesar, puede conceptualizarse como lo hacemos a la hora de pensar en la familia, o en el matrimonio. Por supuesto, y es importante hacer esta salvedad, el amor es vivido y jerarquizado con tantas reglas sociales, crianzas, educación religiosa en caso de haberla, y senos familiares haya en el mundo.

Por ejemplo, para los judíos ultra ortodoxos de la comunidad en Brooklyn que retrata el documental One of us (y que Tenenbaum cita en su libro), el matrimonio entre dos personas es un acuerdo entre familias, y el amor no es siquiera una mínima condición para unir a dos personas de por vida. Para ellos, el acuerdo de casamiento no tiene que ver con emociones sino más bien con la preservación de otros valores ligados a la vida religiosa. No se percibe como un bien privado, ni a la vida en general. Y, aunque las mujeres de esa comunidad no lo expresen de esta forma, las chicas terminan la secundaria y tienen la tarea de contraer matrimonio y procrear. No solo porque su fin es el de tener familia, sino porque de no encontrar un hombre que “las mantenga”, nadie más lo hará. Aparecen entonces muchas otras prioridades y factores a la hora de pensar en una unión antes de pensar en el amor, y para las madres de esas chicas judías lo que su hija sienta por un compañero de escuela no es un tema relevante o a tener en cuenta.

Tamara narra en su libro que cuando comenzó a vivir su juventud laica descubrió que, a diferencia de todo lo que conocía hasta entonces, sus compañeras/os de escuela, y los/as amigos/as de ellos/as, todos/as, hablaban todo el día de amor. Le consultamos si creía que seguía siendo así entre los pibes de hoy, y la respuesta fue categórica: “sí. Absolutamente. Tengo estudiantes de secundaria y los veo y escucho hablar con la misma obsesión con la que lo hicimos nosotres. Hay muchas nuevas discusiones, nuevos y viejos mandatos. Veo muchas chicas y chicos bastante angustiados también con la idea del amor libre y viviéndolo. Muchas chicas no se sienten cómodas y se angustian, como qué hacer si intelectualmente están de acuerdo pero no lo pueden llevar a cabo”.

Hoy las relaciones humanas se debaten, como de seguro lo hicieron siempre, entre los mandatos que vienen con nuestros padres y los que nosotros mismos queremos imponer. La ruptura de uno irremediablemente se convierte en otro. Acabar con la idea de que los celos son naturales y están bien, nos impone la de no celar ni entender al otro como una posesión.

Mariela Peña escribió No creas todo lo que te digo y No creas todo lo que ves, novelas de ficción para adolescentes que tienen como protagonista a Ambar, una estudiante secundaria que crea tres identidades diferentes para sobrevivir: una Ambar en casa, otra en la escuela y otra en redes sociales. En la historia de esta chica aparece su afición a la literatura, sus mambos existenciales y la desarticulación del “amor romántico”.

Como producto del intercambio con sus lectores, la escritora comenzó a través de Insta Live lo que denominó “tertulias literarias”, en donde se encuentra con jóvenes de todos lados a leer poesía y charlar sobre literatura, la escuela, los amigos, y el amor. Cuando le consultamos cómo aman los pibes hoy, nos respondió que “aman diferente”, y explicó: “por supuesto que aman, pero creo que estamos empezando a hablar de un amor menos especulativo que el romántico, que está repleto de reglas absurdas.  Tengan o no parejas monógamas, los vínculos están empezando a ser más sanos y se permiten considerar alternativas, como las parejas abiertas o salirse de la heteronorma. El amor ya no está ligado a la idea de sacrificio sino al de libertad. El mayor proceso de deconstrucción que atraviesan lxs adolescentes es el de limpiarse de las frustraciones transferidas por los adultos. Les cuesta muchísimo y lo sufren terriblemente. Los adultos enseñan, como dije, desde la frustración, el complejo, el prejuicio y es lo primero que absorben. El tema de los celos y el sentido de posesión del ser amado, por ejemplo, les trae grandes problemas. Pero, hoy tienen la información, las herramientas y, sobre todo, a sus pares con consciencia de que hay ciertas barbaridades que estaban naturalizadas y aceptadas como parte de lo que son los vínculos amorosos que ya está probadísimo que son un error. Se animan a dejar de repetir recetas falibles y ya no están tan dispuestos a resignar su libertad por seguir mandatos contra natura”.

¿Serán lxs jóvenes, entonces, quienes combatan nuestros errores en el planteamiento, raíces conceptuales y preceptos para hablar de amor, para enfrentarse tal vez a una paradoja el doble de complicada pero más sincera? No sabemos si aprenderemos a vivir el amor desatado de toda idea de posesión, de temor, incluso de violencias. Si la pareja monógama seguirá siendo la formula clásica por mucho tiempo más. Incluso, y aunque quede fuera de este artículo, no sabemos cuántas sexualidades y formas de percepción terminen existiendo. Pero sí sabemos que los jóvenes lo están intentando, y de seguro les vaya mejor.

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