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¡Comprobado, la música realmente cambia tu percepción del gusto!

Mientras degustamos con nuestra boca, es el cerebro el que en realidad nos hace saborear lo que estamos comiendo. Descubrí cómo los sonidos pueden influir directamente en el proceso, alterando una parte de nuestros sentidos.

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¡Comprobado, la música realmente cambia tu percepción del gusto! - Radio Cantilo

martes 30 Jun, 2020

En marzo de este año Netflix publicó la primera temporada de “100 Humanos”, una serie breve basada en analizar el comportamiento de las personas bajo la óptica de la neurociencia, biología, psicología y sociología. Si bien los resultados que arrojó esta investigación que utilizó a las personas como verdaderos ratones de laboratorio fueron sorprendentes, hubo uno puntual que realmente resulta fascinante.

La música que escuches al momento de comer algo puede alterar el gusto de las cosas. Bajo esta premisa se desarrolla uno de los capítulos que muestra a tres grupos de personas sometidos a probar diferentes alimentos, aunque con una banda sonora distinta. Todos comieron lo mismo: una galleta cracker, un vaso de jugo de arándonos y un pedazo de chocolate de cacao puro sin azúcares.

Unos lo hicieron escuchando el sonido grave de los trombones, otros con música de flauta y el tercer grupo sin música alguna. En el caso de los primeros se descubrió que percibieron al jugo con un gusto amargo; quienes escucharon el sonido agudo le pareció que la galletita y el jugo eran más bien dulces; mientras que a los terceros fueron los que percibieron la falta de gusto de la galleta y el sabor agridulce del jugo. El amargor extremo del chocolate no varió para ninguno de los participantes.

Ahora, ¿por qué es que sucede esto? Podemos remontarnos a un estudio realizado por la Universidad de Oxford en 2015 que descubrió que nuestro cerebro puede engañarnos al momento de saborear la comida. Según este estudio, la música clásica puede hacer que el vino tenga un gusto más delicioso; la música lenta puede favorecer que los aromas duren más en la boca, mientras que al aumentar el tempo, duran menos; cuanto más nos guste lo que estamos escuchando, más nos gustará lo que estemos comiendo; el sonido agudo del piano puede hacer que frutas como la frambuesa o la mora sean todavía más dulces de lo que son.

Charles Spencer, el director de este estudio, concluye que “la música modifica la preferencia por ciertos alimentos porque el cerebro se engaña al recibir impulsos eléctricos. Esto hace que se pueda percibir un sabor más salado, dulce o amargo de lo que realmente es”.

Como queda en evidencia nuestro cerebro transfiere las sensaciones que nos provoca la música a lo que pensamos sobre la comida y la bebida. Por lo que aquellas personas que se esmeran en elegir la música adecuada para la comida correcta no estaban tan equivocadas como más de uno podía llegar a pensar.

Por este motivo es que el rock and roll se lleva mucho mejor con el picante que el resto de los géneros musicales, sobre todo aquellos que invitan a relajarse. Es que a favor del rock podemos mencionar que se trata del estilo que pone nuestro cuerpo en un estado de alerta que lleva a poder percibir mejor el picor de ciertos alimentos

Según el científico alemán Thomas Hummel, la música también puede hacer que nuestro apetito incremente, dependiendo de la armonía de los ritmos que oímos. Es que cuando comemos o escuchamos música liberamos dopamina (implicada en el placer y el deseo), serotonina (ayuda a realizar la digestión, controlar la temperatura corporal y hasta influye en el deseo sexual), y endorfinas (encargadas de hacernos sentir placer), que se encargan de alterar o modificar la percepción de ciertas cosas.

A modo de conclusión, entonces, podemos afirmar que no existen malos chefs sino que –en realidad- no eligieron la banda sonora apropiada para acompañar sus platos.

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