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22 Locos: Historias increíbles de futbolistas excepcionales

Jorge Vallerstein nos cuenta todo acerca del libro escrito por el equipo de la revista “Un Caño”, que recopila anécdotas de los personajes más curiosos que tuvo el fútbol.

22 Locos: Historias increíbles de futbolistas excepcionales - Radio Cantilo

viernes 02 Nov, 2018

Escuchá de vuelta la columna completa acá:

 

Sinopsis de 22 locos:

“Cuando a alguien se le dice loco no se alude, por lo general, a un cuadro clínico de cura improbable. Por el contrario, suele ser una lisonja, el modo de resaltar una diferencia positiva. El mote aporta un aura romántica.

Pues bien, algo de eso hay en la selección hecha por la prestigiosa revista Un Caño para este libro. Un modesto reconocimiento a la inconducta necesaria en el reino del fútbol, devenido escenario de negocios donde la pasión se enarbola como consigna de hierro, aunque se aplica para vender cervezas y tarjetas de crédito.

Sin embargo, los locos de este plantel no son  ejemplares. Los hay simpáticos y dados a la fiesta. Otros son sombríos, egocéntricos, depresivos o patéticos. Quizás apenas uno (Sócrates) porta un espíritu revolucionario y atento al prójimo. Si algo los une, es la herida que los ha vuelto frenéticos y fugaces. La piedra en el zapato, la vida insuficiente y el páramo de la fama, todos caminos que conducen al exceso.

Si este equipo internacional registra una coherencia, se debe a que los futbolistas escogidos son, además de personalidades disruptivas, grandes talentos con la pelota en el pie. Excepción hecha de Brian Clough, un entrenador, y de Nobby Stiles, un picapiedras del equipo inglés que ganó con fraude la Copa del Mundo de 1966.

Pero, como suele decirse, las excepciones vigorizan la regla”.

Acerca de la revista:

Un Caño nació en junio de 2005 con un objetivo: hacer la mejor revista de cultura deportiva que se pudiera, en vista de los avatares económicos y los magros presupuestos que siempre manejamos.

Desde su origen en papel y después en la Web quedó claro que en Un Caño no habría un director o una estructura jerárquica tradicional. Todas las decisiones se tomarían en asamblea, que así le decimos a la mesa de café donde deliberamos. Tal vez aquella organización original convirtió la revista en lo que es: una isla de libertad en donde cada uno de sus integrantes dice lo que piensa siempre. El único requisito que se reclama para cada uno de los que escriben es la honestidad intelectual. Sabemos que la objetividad es una entelequia y tampoco nos interesa ejercerla. Con ese mismo espíritu emprendemos esta nueva etapa junto a Planeta, con una colección a nombre nuestro”.

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