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Rodrigo De la Serna: “Ser artista es una grata manera de existir”

El actor, de extensísima trayectoria en el cine y el teatro –y en la música-, viene a La Plata a tocar. Una vez más, El Yotivenco estará haciendo su fiesta en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata.

Rodrigo De la Serna: “Ser artista es una grata manera de existir” - Radio Cantilo

miércoles 27 Nov, 2019

Cuatro cantores le ponen música a un conventillo con guitarras, guitarrones y tambores. Uno de ellos, de porte recio y tanguero, es el que en verdad lleva la voz cantante y ameniza la velada del Yotivenco. Es Rodrigo De la Serna, el actor y músico que acaso se inspiró en esa fotografía para darle nombre al cuarteto (“conventillo”, en lunfardo).

Era 2005 y es probable que estos cuatro jóvenes sólo aspiraran a pasarla bien haciendo música. Con el tiempo, la cosa se volvió más seria. Pero nunca dejó de ser una fiesta y una manera de seguir “militando culturalmente”, como lo definiría De La Serna años después.

Esas milongas y chamarritas, esos candombes y gatos cuyanos, formarían parte de un repertorio cada vez más versátil, que revive sonidos y versos de Juanjo Dominguez, Zitarrosa o Aníbal Troilo. El Yotivenco se convertiría en “el tesoro que amasamos como pueblo durante tantos años”, para De la Serna, y una puerta a la reivindicación del argentinismo y la identidad rioplatense.

“El Yotivenco nos da un sentido de arraigo y pertenencia en momentos en que es todo tan volátil y las identidades culturales son tan efímeras y hay tanto ruido en el ambiente. Nos da una plataforma y un anclaje cultural que es muy valioso conservar… el arraigo con lo nuestro, con lo más lindo que generamos como pueblo”, suelta el cantor en su charla con Ciudad Despierta.

La nueva propuesta del cuarteto, conformado por Rodrigo en guitarra y voz, Juan Pablo Díaz Hermelo en guitarrón, Blas Alberti en guitarra; y Fabio Bramuglia en guitarra, se llama “Volver en guitarra” y sonará en el Teatro Coliseo Podestá este sábado 30 de noviembre, a las 21.30 hs.

Tocar en este espacio, para De La Serna, es maravilloso: “Mirá que he recorrido todo el país pero pocos teatros son tan hermosos. Y es un marco muy propicio para el espectáculo porque habla un poco de eso de esa tradición musical, estética y sonora, que en este lugar es ideal”.

No lo dice, pero en una parte de su corazón está el recuerdo de otros tangueros amigos que dos veces llenaron ese mismo espacio cultural: La Guardia Hereje, un cuarteto platense de guitarras, percusión y cantor que supo refrescar la poesía y dar nuevos aire al tango, liderado por el querido tolosense Alorsa.

Los Herejes fueron el primer vínculo de El Yotivenco con La Plata, cuando en 2008 abren “Tango Criollo Club”, un espacio que reunió la esquina de 7 y 42 -más tarde en Buenos Aires- a grupos como el de Rodrigo, La Biyuya, la Orquesta Fernández Fierro, o La Chicana, entre muchos otros. Grupos musicales todos que llegaron con el propósito de afianzar las bases de esos nuevos aires que ya estaban atravesando al tango. La prematura y dolorosa muerte de Alorsa, en 2009, llegó cuando su proyecto artístico estaba creciendo en el circuito local y también en el porteño.

“Para los que estamos en el palo de la milonga y el tango, Alorsa fue un referente muy importante, fue quien nos convocó a ese ciclo de tangos, y [Leonardo] Gianibelli, que fue su percusionista, nos acompañó muchas veces y formó parte del Yotivenco después de la muerte de Alorsa… Este sábado esperamos tenerlo como tamborilero”, cuenta De La Serna y abriga algunas expectativas para este Volver en Guitarra, que ya anticipa que tendrá esos tambores “en la calle”, entre la gente, como broche de oro del show: “Los músicos y sus tambores saliendo a la calle, invitando al público a cantar es el cierre que es la esencia del Yotivenco”, dice.

 

El actor + el músico

De la Serna sabe que las dos artes se retroalimentan en él, y que el actor siempre está al servicio del cantor.

“El actor le presta la interpretación de estas poéticas tan profundas, esa picarescas tan desaforadas y desfachatadas que tienen algunas milongas. Además yo soy el amenizador de la velada, el que narra el viaje a las profundidades musicales del país. Es un recorrido por las geografías y soy el que va contando el cuentito; tomo de la mano al público y lo saco a pasear por esas latitudes musicales que nos ofrece este país tan grande”, cuenta.

Además, confiesa, a la hora de cantar un tango, algunos son tan dramáticos y “tan hondas sus poéticas que el actor pide por favor salir.

El destino de Rodrigo comenzó a escribirse en su infancia, en el Bajo Belgrano, el barrio donde vivió hasta los años 90. Un barrio con una fisonomía y atmósfera muy tanguera que convocó al “pibe” desde el vamos. Roberto Goyeneche, años más tarde, haría el resto. Un día estaba en las sierras de Córdoba, y “el único cassete” para escuchar era del Polaco. Un joven De La Serna, que no superaba los 18 años, vivió una epifanía al escucharlo. Más de una vez, incluso, confesó que al escucharlo, el Polaco y su orquesta le habían hablado directamente a él y eso lo conectó con la tradición argentina.

“Muchos jóvenes se volcaron al tango por él, por su forma de cantar. El Polaco era un gran comunicador de la música rioplatense”, define. Por entonces Rodrigo se abocaba a sus clases de guitarra, y fueron el tango, la milonga y otros géneros latinos los que lo convocaron en la música.

Pero con los años Rodrigo se volvería un artista integral. No es común escuchar a un actor con un léxico que recorre el campo de las letras, la música y el teatro con la sinuosidad del pez en el agua. “Es la vida que te va llevando”, se arriesga. “Al interpretar obras de teatro sí o si tenés que leer mucho material, estudiar, interpretar personajes históricos y meterte en la historia del país y del mundo. Es una bella y grata manera de existir, ser artista”, dice y se le adivina una sonrisa.

Rodrigo De la Serna es quien le puso el cuerpo a San Martín, Rosas, Jorge Bergoglio y Alberto Granado, entre tantos otros. El impune lobista y gestor de intereses Matías Franco, el estudiante frustrado que se aloja en la casa de Okupas, el barrabrava Lombardo de El Puntero, y el atracador Palermo de La Casa de Papel -la popularísima serie española. Es imposible no referenciar al actor con alguno de estos personajes, algunos grabados en su memoria con un gran cariño.

En el caso del controvertido Juan Manuel de Rosas, en El farmer, De la Serna se abocó también a la dirección, junto a Pompeyo Audivert. La obra es una adaptación teatral de la novela de Andrés Rivera y tendrá su última función este viernes 29 de noviembre en el Teatro La Comedia. “El teatro tiene otro nivel de exigencia, es un salto al vacío, es el ritual más primigenio que tiene el ser humano. Todo se pone en juego, no podés decir ‘Corten! Vamos a otra’, y además hay una exigencia física mayor. Es estar una hora y media dándolo todo. El papel en El Farmer es de las cosas más exigente que me ha pasado en mi vida profesional”, admite.

Cercano en esa escala se encuentra también la interpretación que hizo de Jorge Bergoglio, en sus años previos a convertirse en el Papa Francisco, un papel que recuerda como “duro y exigido”.

Inevitablemente, el repaso por su carrera actoral y musical se torna por momentos vertiginoso para el actor, que se confiesa “tan nocturno como diurno” (en resumen, con pocas horas de sueño). A su vida además llegó su segunda hija, Olivia, en febrero de este año. “Es una vida intensa pero muy linda. Por ahora podemos, ¿viste? Vamos a ver si hay que parar en algún momento”, bromea.

 

 

La militancia cultural

Visiblemente feliz, y agradecido con el recorrido que hoy puede observar a distancia, De la Serna sin embargo reconoce que los actores deben pasar en su carrera por momentos crueles. “Hay que asumir que es un mundo muy cruel, y las tragedias son cotidianas; si no te tocan están al lado tuyo todos los días, y uno tiene que tener sensibilidad y empatía con esas tragedias y con lo duro de la existencia. Lamentablemente es así, más allá de que uno también tenga que hacer esfuerzos para abstraerse y superarlo o no darle relevancia para que no termine afectando tu cotidianeidad… Pero sí hay que saber conectar con este tipo de cosas“, reflexiona, y dice estar expectante -y esperanzado- de cómo seguirá todo en los próximos cuatro años.

Rodrigo encontró en el Centro Cultural El Bondi una forma de no dejarse ganar por la decepción. Se trata de un colectivo cultural que nació en agosto de 2009 en la ciudad de Ingeniero Maschwitz, su lugar de residencia, y que aglutina una gran variedad de actividades culturales “integradoras”.

“Ese espacio había sido un cine viejo de pueblo, estuvo abandonado por décadas y ayudamos a recuperarlo con los vecinos. Hoy es una referencia cultural muy importante en la zona, y una manera de militar culturalmente; me parece que en las bases está lo que deberíamos hace todo, cada uno desde su lugar. En mi lugar, desde la cultura, intentar mejorar la vida y la condición de vida mis semejantes o proponer una alternativa”, dice.

Un espacio cultural y hacer del tango una fiesta, deberían ser, sin duda estandartes para llevar con orgullo. No lo dice, pero eso se percibe ese orgullo en la vehemencia con que cuenta los proyectos a los que le pone la vida.

“Hace años que estoy en la ruta, ¡parece mentira!”, confiesa. “Pero el simple hecho de cantar, la  elección del repertorio… todo esto te hace ir ganando madurez y conocimiento en la materia, te vas metiendo mejor en la interpretación. Más allá de que efectivamente tome clases para potenciar mi voz, estar en la práctica y en la ruta es lo que más te hace mejorar”.

Un vasto recorrido que arrancó cuando era un joven de 23 años, y junto al músico Juan Hermelo (el guitarrón de Yotivenco) se aventuró a pasar la gorra mientras él hacía su espectáculo callejero por algunas ciudades del país. “Me caían billetes en la gorra y era todo muy divertido”, cuenta. De la calle pasaron a los bares, y de ahí a recorrer algunos kilómetros en compañía de sus guitarras.

“Fuimos a Córdoba, a Uruguay, a Rosario, una salita de teatro chica, después un teatro más grande, y hoy estamos en el Teatro Coliseo Podestá, y en diciembre en el Gran Rex. ¡Es una cosa de locos!“, se entusiasma. “Yo no lo puedo creer… la constancia en el mejoramiento de los arreglos, el perfeccionamiento vocal, la elección del repertorio, el conocimiento que tenemos el uno del otro, y toda esa síntesis cultural musical hace que esto sea una realidad muy sólida”. 

Una trayectoria similar, tal vez, es la de muchos de estos grupos musicales que llegaron para renovar el tango y hacer otra puerta de acceso hacia el género para los más jóvenes. De la Serna se asombra gratamente con la efervescencia de los jóvenes en estos círculos, y lo celebra: “Es verdad que el tango sobrevivió en guetos muy cerrados durante años, y hoy por suerte no es tan así”.

“Grupos como la Fernández Fierro, nosotros, fuimos acompañando esa apertura y es interminable, es una cultura tan sólida, tan en evolución que es imposible que se acabe y siempre van a salir expresiones distintas”, agrega.

 

Deducir que El Yotivenco tiene vida para rato es una cuestión simple. Los “hermanos de la música”, como él mismo dice, crecieron juntos y seguirán creciendo, ofreciendo su fiesta criolla de milongas, candombes y gatos que sacarán hasta la calle. Y ahí estará Rodrigo, como siempre, dando vida a otro personaje. Esta vez, el del cantor arrabalero.

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