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¿Quién es el creador de la Torre Eiffel argentina?

Rubén Díaz es autor de la Torre Eiffel de Ituzaingó, pero es mucho más que eso. Viajó por 123 países y lo sigue haciendo, provisto sólo de una mochila. Dice que los conocimientos no se los dio la Facultad, sino viajar. Y que sus obras son sólo excusas.

¿Quién es el creador de la Torre Eiffel argentina? - Radio Cantilo

martes 07 Jul, 2020

Rubén Díaz es autor de la Torre Eiffel de Ituzaingó, pero es mucho más que esto. Entiende que las reglas del juego son éstas, para darse a conocer y que más gente tenga llegada a su obra. Pero sería reduccionista asociar a este “arquitecto artista” –o “arquitista”, tal es la definición que prefiere- sólo a ese monumento, una réplica del original en el medio del conurbano y a su vista, desde su casa, si se asoma por la ventana.

Rubén viajó por 123 países y lo sigue haciendo, para llevar alimentos y donaciones a tribus y comunidades de otros continentes.

Hoy está dedicado por completo a otra obra: la República de Carlitos Balá, que se erigirá en la zona Oeste, y a su proyecto de convertir a Ituzaingó en un Paseo de Arte urbano de turismo nacional e internacional. Esto y otro tanto le contó a Clara Vilardebó y a Ciudad Despierta.

 

–“Arquitista”. Así te definís. ¿De qué se forma esta palabra, qué disciplinas comprende, porque te gusta que te llamen así?

–El artista tiene la posibilidad de hacer las cosas y nadie le puede decir que está mal, te pueden decir que no les gusta… ¿Quién le puede decir a Minujín [Marta] que está mal algo? Nadie. Entonces, genera más libertad: hacerlo como uno quiere, cuando uno quiere sin el señalamiento y el cuestionamiento, reglamentación, los códigos… Me considero arquitecto porque estudié para tener los conocimientos necesarios para eso, y artista por mi vocación por la libertad.

–Así, conjugando las dos cosas sí sentís que volás…

–Puedo volar con los conocimientos sobre la Tierra, aprendidos gracias a la Facultad.  No estoy de acuerdo con el título, sí con los conocimientos. El título en forma subliminar es discriminatorio, para lo único que te habilita es para tener una matrícula y poder ejercer la profesión, o para que el cliente al hacerle un trabajo sepa que estás capacitado para hacerlo. Ahora, también es usado para marcar diferencia social.

–Hiciste algo en un lugar que no estaba hecho, ideaste una réplica de la torre Eiffel en Ituzaingó de 16metros de altura, de metal. ¿Cómo fue la experiencia y por qué se te ocurrió?

–En realidad hace muchos años que vengo haciendo obras, tengo ya 24 obras temáticas. La Casa-Colectivo (Bondi House), Caminito, La Boca… pero la que más repercusión ha tenido es la Torre Eiffel. Y lo que yo pregunto cuándo me preguntan por qué la hice es… “¿por qué no?” , si puedo hacer un edificio puedo hacer una torre.

La Torre es un sueño cumplido, la veo por mi balcón que vivo a una cuadra, un privilegio. Y ahora voy a hacer el Obelisco acá en la cuadra también, para que se vean con la Torre. Tengo también el Arco de Triunfo, tengo hecha la Torre de Pisa, ahora estoy empezando el Coliseo, también. Quiero convertir a Ituzaingó en paseo de arte urbano de Turismo nacional e internacional.

–¿Cuánto dura el proceso desde que comenzás a construir un monumento así hasta que terminás?

–Esta es la Torre Santa Rosa, sé que impacta más decir que es la Torre Eiffel. Yo tengo el orgullo de hacerla en Argentina y de ser argentino. No me interesa el glamour, la Torre tiene fines sociales: de lunes a viernes se festejan cumpleaños para chicos discapacitados, los fines de semana el arte es gratuito, cualquier artista puede exponer gratuitamente y no se cobra nada. Podes venir con el “Audi” o caminando porque somos todos iguales ahí adentro: nadie cobra, nadie paga nada. Eso generalmente no se dice.

Yo viajé por 123 países en el mundo Sudáfrica, Asia, América, viajé a aldeas, a tribus, y tengo conciencia de los problemas sociales que hay y de la hipocresía que hay. Los conocimientos que tengo me los dio viajar por el mundo y ver cómo son las cosas y cómo se vive realmente, no como nos cuentan.  Entonces para mí la parte social es fundamental, las obras son una excusa.

Una excusa en la que evidenciás un concepto de arte muy interesante, no sólo vinculás algo estético – que está legitimado y que a la gente le gusta – con otro montón de aristas que tienen que ver con lo social, lo cultural, se cruzan muchas cosas…

–En todas las obras hay algún personaje: el Topo Gigio, la Pantera Rosa… ellos no son nada si dentro no hay emoción y vida. Vos podés tener una casa de 300 metros y nunca tener un hogar, y podés tener 15 metros y sí tenerlo. Los ladrillos si no tiene emoción no hay alegría, no hay satisfacción, los ladrillos no son nada. No sirven para nada. Entonces la arquitectura como concepto edilicio, está vacío e incompleto si no tiene quien lo disfrute. Y si yo no logro algo que se constituya y sienta como un hogar, no logro nada.

–¿Cómo son las repercusiones, qué le pasa a la gente cuándo está ahí frente a la Torre?

–Al principio fue muy difícil. Era Yo contra el Mundo. De golpe era un tipo que decía que iba a construir la Torre Eiffel y convertir a Ituzaingó en arte urbano, hacer 7 obras del mundo… Me trataban de loco, entre otras cosas. Cosa que me enorgullece, loco y ridículo. Y me costó mucho, y de algo de lo que estoy orgulloso es todo lo que he pasado, no de ninguna obra. Es simplemente, cuando quería bajar los brazos, simplemente pensar: “Si yo no creo en mí ¿como puedo pretender que lo hagan los demás?”. Y eso me hacía seguir. Estoy orgulloso de haber seguido mis convicciones, fracasar es no intentar. Las cosas pueden salir bien o mal. Y después del fracaso, si lo querés llamar así, viene un éxito. Una experiencia de vida. Hice el bar de Moe de los Simpson, me di el gusto y me salió mal y tuve un problema con la Fox, lo tuve que cerrar. Lo hice, me di el gusto y lo tuve que cerrar; atrás vino la Torre Eiffel que fue un éxito.

Yo hablo mucho con los adolescentes. Hay cosas que no entiendo: yo creo que no existe la ignorancia, la belleza ni el ridículo, por ejemplo:  yo estuve en el Amazonas con un nativo, que no sabía ni leer ni escribir, pero yo no me podía mover sin él… Entonces ¿quién era el ignorante? Yo, ¿no? Ahora, si al nativo lo traigo a la 9 de Julio y le digo “cruzá como podés”, ¿quién es el ignorante?…  Si yo te llevo a vos a Arabia saudita, vos pasás a ser fea porque la belleza es totalmente diferente y sería ridícula como estás vestida. Entonces, ¿de qué depende la belleza, la elegancia, la ignorancia, la ridiculez?… Del escenario. El escenario es el que nos hace. Si vos te mostrás en una foto con un edificio de Puerto Madero atrás, o en una Villa, las imágenes que vas a mostrar son distintas: en una parecerás una rica y la otra una indigente. Lo importante no somos nosotros sino el escenario.  Entonces cuando entendamos eso, tiene que dejar de existir el bullying, la discriminación por los títulos, que son para trabajar, no son sociales. Yo tenía un número cuando nací, y a mi número le tocó nacer en Argentina, tener una familia, ser rubio de ojos claros, pero por ahí el número siguiente era un somalí que le mataron la familia, los hermanos, los padres.  No es mérito nuestro ser lo que somos, y si hay gente que es diferente, no es bueno ni malo, sólo que nos tocó un poco más de suerte.

–Hoy día con lo que estamos pasando, un escenario desconocido en el que no sabemos cómo movernos, ¿no te parece que es un momento en el que estaría bueno encontrarse con estas reflexiones, para que esta pandemia y escenario no pasen inadvertidos a nadie?

–La pandemia da una enseñanza muy grande: que Dios es socialista. Acá no hay un presidente, un primer ministro, un indigente… no hay diferencias, no hay nada, en esta vida somos todos inquilinos.

–Con respecto a tu obra, ¿qué expectativas tenés, qué te gustaría hacer que te falte?

–Sí, absolutamente hay algo que me obsesiona: la República de Carlitos Balá. Tengo todo el proyecto presentado en el Municipio, hace un año y medio. Pero lo que pasa es que con todos los problemas sanitarios, habitacionales, sociales, suena como medio raro ocuparse de una república de diversión, ilusión y fantasía. Cuando llevo alimentos a las tribus… Mirá yo te hago esta pregunta: si tenés para llevar mil dólares en alimentos, ¿llevás mil de alimentos o llevás 800 de alimentos y 200 de golosinas, juguetes, helado, gaseosa…?

–Y… a mí me gustaría, la segunda opción porque la felicidad son las dos cosas: la panza llena y el corazón contento.

–Exactamente. Sos la primera persona que me responde así. Porque muchas personas no me argumentan. Si sólo alimentamos el estómago, estamos alimentando mascotas, si alimentamos el corazón estamos generando una sonrisa, un recuerdo, una esperanza. Entonces estamos alimentando personas con sentimientos, chicos, padres que ven a sus hijos felices. Porque con esa plata no le soluciono la comida para toda la vida, le soluciono 32 días; entonces, solucionarle 30, es lo mismo. Entonces cuándo uno lleva alimentos no tiene que llevar ropa de marca, no tiene que llevar cámaras, hay que atenderlos, servirlos, estar de igual a igual. Hacer una fiesta, compartirla, respetar la dignidad. La gente va a ver animales y yo siempre les digo ¿por qué no vas a ver a la gente que vive en la comunidad, llevarle alimentos? Te cobran lo mismo y es muy interesante conocer cómo viven.

–No dejo de imaginarte con toda la gente debajo de la Torre, compartiendo eso…

–Mirá, la Torre está ambientada en París, con imágenes de lugares típicos y atractivos de allá … Es más que la Torre, es un paseo para hacer libre y gratuito. El concepto es: SE PUEDE. Si yo a los 66 años pude hacer la Torre Eiffel y verla desde el balcón mi casa, ¿qué no pueden hacer los jóvenes? Yo les digo a los jóvenes: si no se pelean con sus padres, no se rebelan, si no transgreden, si no se equivocan, entonces no son adolescentes. Algo está funcionando mal. Vayan por sus sueños. Yo prefiero equivocarme por mis convicciones y no ganar por convicciones ajenas. A veces hay chicos que me dicen: me fui a Europa, tres días a Londres, tres días acá, allá… todo programado. Y yo les digo… eso déjalo para los 50 años, si vos con 20 años ya tenés todo programado ¿qué aventura estás haciendo? Yo viajo todavía de mochilas. Hay que intentar, lo posible se hace posible. Hay que hacer dedo. A mí me levantó haciendo dedo el Comandante Cero y me llevó a su casa y viví con él. El comandante más famoso de la revolución nicaragüense que sacó a Somoza, tercer guerrillero más importante de América. Haciendo dedo un día le dije a mi hijo de 5 años en La Quiaca… ‘hacele dedo’. Mi hijo era normal en ese momento, me dice ‘Es una locomotora papá’. No importa, hacele dedo. Y nos levantó la locomotora, fuimos a la casa del maquinista, comimos allí. A lo que voy es que si no participás… La gente compra un billete de lotería, ¿qué posibilidades tiene? ¿Una en cientas de miles? Sin embargo, no hace la cosas que yo te digo y tienen las mismas posibilidades.

–Es un placer hablar con vos, que nos compartas tus obras y tus ideas. Muchísimas gracias.

–Gracias a ustedes, nos vemos en otra oportunidad cuando quieran.

 

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