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Orquesta de Cateura: música nacida en un basural

Desde Asunción, Paraguay, surgió la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, desde el corazón del basural más grande de la ciudad. Surgió por el sueño de Favio Chavez Morán, y se convirtió en un proyecto social con oportunidades para muchos.

Orquesta de Cateura: música nacida en un basural - Radio Cantilo

jueves 14 Nov, 2019

Un basural. Un hombre con un sueño.

Eso bastó para que se formara en Cateura, en la región de Bañado Sur de Paraguay, una orquesta integrada por niños y jóvenes músicos, que hace 13 años salen de gira por el mundo y se meten en los teatros y auditorios más reconocidos.

“Hacer mucho con poco”, es la sucinta filosofía de Favio Chávez Morán, el creador de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura. Ver a estos chicos tocar es la prueba más contundente de que siempre hay una oportunidad, aún para quien nació en medio de la nada.

Favio no era de Cateura, llegó allí como responsable de educación ambiental y empleado en un trabajo virtualmente técnico. Y se encontró con una comunidad en total estado de vulnerabilidad, en riesgo de exclusión social; niños y jóvenes sometidos a trabajo infantil, gente muy humilde, con casi ningún servicio básico, que trabajaba en el vertedero descartando basura, para luego reciclar y vender.

“Por mi trabajo tuve la necesidad de tener un vínculo más cercano con la comunidad y eso me llevó a ver la gente no sólo como recicladores, sino también como personas con condiciones muy particulares pero también con sus anhelos y sus deseos”, cuenta Favio.  “Conocí a sus hijos y me planteé hacer un poco más de lo que me correspondía… hacer una actividad zonal en mis tiempos libres”.

Cateura es el vertedero más grande de Paraguay, situado en una de las zonas más pobres de Asunción. Está circundada por un río, y entre la ciudad y el río hay zonas inundables. Nadie debería vivir aquí, sin embargo viven. Están cerca del vertedero, que recibe gran parte de la basura de la ciudad capital.

“Las condiciones eran muy extremas, y para enseñarles música yo tenía mis instrumentos musicales y otros del grupo que yo había formado en mi pueblo. Pero no más que eso. Hay una frase que suelo usar, que es muy descriptiva: En Cateura un violín vale más que una casa. Entonces, ¿cómo empezar esto sin que ejerciera una presión para ellos? ¿Cómo hacerlos involucrar con la música de manera libre?”, se planteó Chávez allá por 2006.

En ese contexto, el concepto de reutilizar la basura no era novedoso. Chávez se encontró con casas hechas con material reciclado, juguetes y hasta los atuendos de algunas mujeres. Encontró que la creatividad de las personas las llevaba a crearse atuendos con retazos de telas tirados al basural y logrando, incluso, modelos únicos. “Cuando la música comenzó a ser una necesidad, la basura comenzó a ser una respuesta. No encontré a nadie que hubiese hecho algo en un contexto así, pero sí sabía que había grupos como Les Luthiers que hacían instrumentos alternativos para sus shows de música o de parodia”, menciona.

“Tampoco tenía la posibilidad de poner un micrófono en cada instrumento ni había un amplificador en cada casa, entonces el primer desafío fue el de encontrar materiales y experimentar con ellos de tal manera que funcionaran por sí mismos sin ayuda electrofónica”.

Fue así como Chávez arengó a los chicos a empeñarse a encontrar materiales y experimentar con instrumentos muy simples al principio, de percusión o guitarras, que después de un proceso de 13 años fueron perfeccionados y utilizados en un amplio repertorio que la Orquesta trasladó a más de 50 países del mundo.  “Pudimos llevar la experiencia a una variedad musical infinita: Mozart, Piazzola, folclore paraguayo y latinoamericano, Los Beatles, y hasta Metallica, con quienes compartimos escenario”.

Él no se había propuesto generar un proceso continuo ni crear una escuela de música. “La historia nos llevó hacía allí”, resume.

Corrió la noticia, se acercaron realizadores con idea de hacer un documental sobre la Orquesta de Reciclados y durante varios años les realizaron un seguimiento, desde el comienzo de las clases hasta la primera gira. “Eso nos dio un despegue maravilloso, fue desafiante y vertiginoso… nos llovían propuestas”, cuenta sin alterar en nada su tono de voz equilibrado y constante.

Cateura estaba adquiriendo connotaciones impensadas para Favio, aún sin acompañamiento oficial ni por parte de organismos de Cultura ni de Medio Ambiente. Esta falta de apoyo fue, en definitiva, la fortaleza del equipo: “En contraposición a lo que se pensaría, no fue una desventaja. Porque nos empecinamos en salir nosotros adelante; hoy la Orquesta de Cateura es al mismo tiempo un proyecto de integración social con su propia escuela de música que es totalmente gratuita, la única en Paraguay”.

 

El proyecto de Cateura

La Orquesta encontró una manera puntual de autofinanciarse: el país anfitrión se hace cargo de los gastos y los recursos para que la Orquesta no deba invertir en las giras. Los recursos de Cateura están orientados a la comunidad, al desarrollo y a la asistencia social, dado que implementa un programa de construcción de casas para las familias de los chicos músicos y un programa de becas para los chicos destacados (25 universitarios y 45 en la escuela y el colegio). A su vez, desarrolla un programa de asistencia médica y trabaja para la mejora del entorno de la comunidad, los servicios de agua y electricidad.

“Lo hacemos con los recursos que recaudamos con los conciertos en el exterior, pero también tenemos un número importante de conciertos en el interior de Paraguay: el último año hicimos 60, más 13 giras en el exterior”, contabiliza Chavez.

A los niños se les intenta transmitir que están en un proceso formativo, y que la participación en la orquesta es parte de su proceso de formación. Cada chico tiene el momento preciso en el cual integra la orquesta, participa de los ensayos y luego se proyecta a la presentaciones públicas. El ejercicio fundamental es la música y ellos lo hacen con la orquesta. “Eso genera una motivación excepcional. Pero todo esto se tiene que generar con el acompañamiento imprescindible de la familia”, apunta Chávez, y esto da paso a una realidad con la que se encontraron al momento de considerar a los niños para realizar las giras.

“Empezamos a hacer los papeles para el viaje y nos dimos cuenta de que con la que conviven no es su madre, es su tía, es su abuelo, que su madre está en España o no sé dónde trabajando… que la tenencia es irregular, que los dejó así nomás y se fue, sin ningún tipo de resguardo legal”, cuenta. El proyecto, finalmente, desnudaba problemáticas profundas, y con las que tuvieron que comenzar a lidiar. Porque no era el ideal de Favio que los niños aprendieran música para tocar entre cuatro paredes, pero cuando pasaron a ser figuras de la orquesta dejaron de ser anónimos: “El niño que destaca y demuestra su talento comienza a ocupar un espacio social y es reconocido por la comunidad. Ahí es donde deja de estar oculto y aparecen todos los problemas sociales que estaban ocultos y que le afectan”, suelta.

Esto redundó en problemas con la Justicia, debido a la reglamentación vigente en Paraguay referida a los niños que viajan al exterior. Chávez lo resume: “La Corte Suprema supone que un niño que viaja tiene suficiente dinero o una familia funcional para viajar, nunca se plantea que un niño sin recursos o con familia disfuncional pueda hacerlo. Hemos logrado que a propósito de esto se cambien algunas reglas, considerando el tema de la orquesta. Lo conseguimos con mucha pelea… El apoyo de la gente fue lo que más ejerció presión para que esa estructura pesada tenga que reconocer estas cosas”.

 

La Orquesta brinda, de algún modo, oportunidades que son realmente diversas para cada chico. Algunos niños pequeños no dimensionan aún lo que viven, “las oportunidades les atropellan”, dice Favio, quien asegura que la lucha se da para que los chicos proyecten esa oportunidad más allá de ellos. “Todavía soñamos con que estos chicos y estas familias asuman el desafío y sepan que esto es una oportunidad para proyectar algo más”, apunta.

De los 25 universitarios becados, casi el 100 por ciento conforman la primera generación que accede a un nivel terciario de estudios. Cosas que se revelan, de pronto, y que “estaban escondidas bajo la alfombra”.

“Eso significa que nadie en la familia ha estudiado, y es como romper un círculo vicioso de años, décadas, generaciones y no en todas las familias es valorada la educación. Estos chicos no van a encontrar en su familia el ambiente favorable para estudiar. Necesitan una familia que los contenga, los acompañe, los anime. Podemos ponerles todos los elementos, materiales, financieros, pero falta una pata importante que es el acompañamiento familiar. Suponemos que es algo que se tendrá que dar algún día….”, dice, sin abandonar la esperanza. Una cualidad que define a Chávez, y sin la cual nada de lo que hizo hubiera sido posible.

Más cuando, a esta falta de acompañamiento familiar, se le suma algo peor: “Algunos padres asocian que cuando viaja el niño, como la Orquesta les da un viático, puede traer dinero a la casa. Pero ése no es el objetivo. Las cosas no se agotan en ese dinero en particular sino en la experiencia que está detrás de esto. Es un trabajo que requiere de mucha paciencia y comprensión de nuestra parte, mucha tolerancia, ponerse en el lugar de esas personas que nunca tuvieron una oportunidad y que cuando les llega… no la pueden recibir“.

Claramente, su trabajo es noble pero desafiante. Tiene grandes satisfacciones, pero  también tiene sus amarguras, cuenta, porque siempre aparecen los oportunistas deseosos de sacar algún rédito con esta obra de bien. Por eso Favio agradece en Ciudad Despierta el interés y la oportunidad de visibilizar su proyecto.

“No estamos exentos de gente, como los políticos, que buscan su conveniencia o arrimarse a nuestro proyecto para un beneficio particular. Entonces el reconocimiento que recibimos de los periodistas es un aliciente importante para nosotros”.

“Somos personas que acusamos el golpe cuando las cosas no salen bien. Gracias a Dios este proyecto nos ha dado una piel de cocodrilo y un espíritu para ir sobrellevando cada vez más adversidades”, culmina.

La Orquesta hoy se encuentra de gira por Brasil. Otra experiencia que se suma a todas las vividas por los pequeños integrantes de la orquesta, que de regreso a Paraguay, seguirán reciclando instrumentos y ensayando sus temas. Un ejemplo de que la música puede ser un puente para unir realidades… y transformar el futuro.

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