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Música para mi funeral: Anne Sexton

Se encerró en su auto, lo encendió y se murió. Flavia repensó el deseo de morir en muchos poetas en la última edición de Una Clínica de Todo.

Música para mi funeral: Anne Sexton - Radio Cantilo

viernes 10 Jul, 2020

El 4 de octubre de 1974, Anne Sexton almorzó con Maxine Kumin para revisar las galeradas del manuscrito de Sexton The Awful Rowing Toward God (El horrible remar hacia Dios), programado para publicarse en marzo de 1975. Al volver a casa se puso el abrigo de piel de su madre, se quitó sus anillos, se sirvió un vaso con vodka, se encerró en el garaje, y encendió el motor de su automóvil, suicidándose por intoxicación por monóxido de carbono. Sus restos se hallan en el cementerio-crematorio de Forest Hills, a las afueras de Boston.

Anne Sexton – Querer morir 

Ya que preguntas, la mayoría de los días no puedo recordar.
Camino en mis vestidos, sin marcas del viaje.
Luegoel casi innombrable deseo regresa.

Aún así no tengo nada contra la vida.
Conozco bien las briznas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como los carpinteros quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me he declarado con simpleza,
he poseído al enemigo, me he comido al enemigo,
me he apropiado de su arte, de su magia.

De esta forma, pesada y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el orificio de la boca.

No pensé en mi cuerpo frente al filo de la aguja.
Hasta la córnea y las sobras de orina habían desaparecido.
Los suicidas han ya traicionado el cuerpo.

Nacidos muertos, no siempre mueren,
pero encandilados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños sonreirían al mirarla.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!—
eso, por sí mismo, deviene en pasión.
La muerte es un hueso triste; magullado, dirías,

y, sin embargo, me espera año tras año,
para tan delicadamente deshacer una vieja herida,
para vaciar mi aliento de su prisión terrible.

Balanceándose allí, los suicidas a veces se encuentran,
furiosos con el fruto, una luna hinchada,
dejando el pan que confundieron con un beso,

dejando la página del libro descuidadamente abierta,
algo sin decir, el teléfono descolgado
y el amor, lo que sea que haya sido, una infección.

 

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