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Modernidad: apps para que la soledad no sea un problema

La soledad es hoy un tema de agenda que debe encender las alertas en las grandes ciudades. La tecnología aparece allí como solución, con apps o plataformas que permiten encuentros y hasta alquilan amigos. Un médico investigador y una consultora nos ayudaron a pensar el problema en Ciudad Despierta.

Modernidad: apps para que la soledad no sea un problema - Radio Cantilo

viernes 24 Ene, 2020

La soledad. Si bien muchos lo desconocen, es hoy un tema de agenda política, sobre todo en grandes urbes. Algunos gobiernos del mundo entendieron a la soledad indeseada como un signo de alerta. En países como Inglaterra se creó recientemente una Secretaria de Estado que se ocupa del problema de la soledad. Una línea telefónica oficial recibe llamados de solos o solas que en la mayoría de los casos sólo necesitan hablar, comunicarse.

La tecnología, por su parte, visualiza un campo y juega allí mismo, con apps o plataformas que permiten encuentros, asignan mesas en algún bar para charlar con desconocidos, o casas en las que uno puede compartir una cena con un extraño, y hasta aplicaciones -al mejor estilo Airbnbpara alquilar amigos.

Diego Bernardini es médico e investigador y se ocupa de la problemática de la soledad desde hace años. Reclama que no sólo los médicos tomen esta realidad como un signo de alerta, sino que alcance una dimensión de análisis social, entre todos.

“Lo que hoy preocupa es la soledad no deseada, la persona que se enfrenta de golpe a una viudez, a la partida de sus hijos, a una mudanza también no deseada”, explica. “Es importante diferenciarla de una persona que fue solitaria toda su vida, de la que es razonable esperar que también envejezca de manera solitaria. Pero sí llama la atención que a pesar de que estamos en la era del co-working y de la comunicación, la soledad indeseada alarma, porque hay una evidencia robusta que nos muestra que esta soledad tiene efectos nocivos para la salud: enferma, produce tristeza, malestar y acorta la vida”.

Las estadísticas hablan hoy de que cada diez argentinos, tres viven solos, por elección o imposición. De acuerdo con clasificaciones de Naciones Unidas, Argentina es un país envejecido, con un 16 por ciento de su población que acusa por encima de 60 años. Dentro de ese porcentaje, un millón 300 mil viven solos, y de ellos, unos 300 mil dicen “sentirse solos”, y ese grupo es el que debiera despertar el interés -también en nuestro país- en la agenda política.

“La realidad es que las personas estamos viviendo más, mayor cantidad de años, y esto hace que de alguna manera nos empecemos a replantear la segunda mitad de la vida. Los mayores de hoy deciden vivir ese tiempo de manera distinta. Es una nueva longevidad con otro grado de participación, con otra salud y con otro bienestar económico. Entonces, claro que es una gran oportunidad pero también impone sus desafíos”, acota Bernardini.

Claramente, la soledad está en la lista de esos desafíos. Los seres humanos como especie somos seres sociales; la conexión social pasó a ser una forma de vida, mejoró las condiciones y la longevidad de nuestra especie. Por esta y otras razones, preocupa que el número de solos – 800 mil personas aproximadamente sólo en Buenos Aires- siga en crecimiento. “Antiguamente, el que se quedaba solo, atrás de la tribu, se lo comían las fieras. Hoy no hay fieras, pero hay tristeza, hay problemas de salud mental, y hay depresión, que puede afectar mucho más a las personas solas“, apunta.

Sin embargo, no se trata de un problema exclusivo de los mayores. Bernardini cita estudios en población norteamericana dirigidos a jóvenes estudiantes canadienses, en los que el resultado ha sido sorprendente: el 40 por ciento de esos estudiantes admitió “sentirse solos”.

 

La prescripción médica es clara: el impacto en la salud de la soledad es tan importante como el del consumo de tabaco o la falta de actividad física. “Necesitamos que las personas tengan relaciones sociales”, enfatiza Bernardini, quien asegura que ya existe la “prescripción social” en el mundo de la medicina: “Indicamos a esa persona que participe de reuniones sociales, de grupos de amigos, de trabajos voluntarios, clubes deportivos, centros de día, programas universitarios, porque allí no sólo tienen un estímulo al conocer gente nueva, sino que también tal vez empiecen a tener un proyecto de vida, mantener esa curiosidad que tenemos desde que nacemos”.

 

Un millón de “amigos” a través de las apps

En una era de innegable hiper-comunicación, las aplicaciones y las redes sociales pueden ser un recurso de ayuda y de conexión.

Algunos estudios señalan que quienes viven solos muestran tendencia a buscar más la conexión y la creación de lazos con otros, hacer actividades recreativas o culturales. El problema pasa, claro, por cómo se busca.

“Tener más likes no significa tener más contacto social. Es importante diferenciarlo”, dispara Bernardini, quien sin embargo, alienta al uso de redes y de plataformas de encuentro. “El recurso puede resultar bueno para poder pasar de la pantalla a un encuentro real, es lo que pasa con las redes de encuentro. ¡Muchos me preguntan si existe un Tinder para personas mayores!”, se ríe.

En esa tendencia de los solos a buscar actividades recreativas, como viajar -un plan que proporciona grandes satisfacciones- repararon algunas empresas que ya ofrecían servicios de tours individuales, y decidieron dar un giro más: la posibilidad de alquilar amigos.

Estas apps visualizaron a aquellos viajeros que prefieren aventurarse solos y que encuentran en ello la triple ventaja de hacer un plan de acuerdo al propio deseo de uno, con libertad total, y encontrando la gran oportunidad para conocer gente nueva y otras culturas de una forma diferente a la que se daría en compañía. Lograr todo esto con la misma eficacia que si fuésemos un viajero local, parecía ser un sueño, y Rent a friend logró interpretarlo.

Se trata de una app estadounidense en la que personas ofrecen sus “servicios de amigos”, como participar en actividades o sencillamente encontrarse y hablar si alguien busca con quién hacerlo. En tanto, la brasileña Rent a local friend se enfocó en los viajeros que buscan la compañía de los residentes para sentirse “locales” y compartir un paseo por la ciudad que quieren conocer.

 

Gaby Martinez es consultora de imagen y vestuario, y especializada en tours de compras en Rent a local friend. En otras palabras, es una amiga de alquiler en una de las dos plataformas que más usuarios ha captado (la otra es la app Ameego) y trabaja en la ciudad de Buenos Aires. Gaby, venezolana de origen, había comenzado a hacer tours por su cuenta, con su Instagram personal y sus propios amigos. Curiosa por naturaleza, amaba caminar y descubrir nuevos sitios o nuevas ferias itinerantes, y por esta afición supo que tenía capacidad para captar esa información y darle un uso con un fin para sí misma y para los demás.

 

“Cuando visitas la plataforma te fijas cuál de los diferentes amigos tienen afinidad con lo que tú quieres. Puedes contratar el tour por una cantidad de horas, y durante ellas puedes elegir con quien te puedes ir a tomar un café tomar un helado, caminar por la ciudad, ir al museo, y tal vez terminar comiendo algo en un restaurante”, explica Martinez sobre el funcionamiento de la app.

“La idea es que las personas se sientan locales en la ciudad y no netamente turistas”, agrega.

Distante claramente de una app de citas, como Tinder, el objetivo es ofrecer compañía y, si surgiera, una futura amistad. En concreto, brinda la posibilidad de alquilar un amigo para pasar el rato, ir a ver una película o comer en un bar. También permite alquilar a un amigo para hacer recorridos ya planeados, para que le muestre una ciudad desconocida y otras actividades.

Pero hay gran cantidad de posibilidades y ofertas. Tantas, como necesidades tienen los usuarios solitarios de estas apps, y hasta los no tan solitarios. Rent a local friend también pensó en quienes no son adeptos a salir a la calle de excursión, y para ellos también creó la posibilidad de contratar un amigo virtual.

“Son dos modalidades, puedes hacer la guía en persona con el viaje que elegiste, esto dura entre 3 y 8 horas, o hacer la selección de 30 minutos donde la persona con el perfil que te gusta la seleccionas y te guía virtualmente sobre cuáles son los mejores puntos para conseguir, por ejemplo, cosmética natural, los mejores restaurantes veganos o la mejor hamburguesa en Palermo. La idea es optimizar el tiempo a todos los visitantes”, resume Gaby.

La app cuenta actualmente con más de 1.300 amigos inscriptos en casi 280 ciudades y 130 países. Vincularse con ella es sencillo: sólo es necesario crearse una cuenta gratuita, para alquilar o también para ofrecerse como amigo. Los protocolos de seguridad son tan claros como los de cualquier página de renta en el mundo -como las popularísimas Airbnb o Booking. La plataforma pide un registro a partir del pasaporte del usuario, sus datos completos y los tours se hacen sólo si se tiene previamente el contacto de la persona, sus redes y teléfono personal, previa certificación de que “no hay nada raro”, en palabras de Martinez.

“El prejuicio más común que existe hacia estas plataformas es que la gente pueda confundirlas con una web de citas, pero yo nunca, hasta ahora, tuve una experiencia en ese sentido. Es muy claro lo que se ofrece. Es muy interactivo y diferente, y te da la posibilidad de generar un ingreso extra”, comenta la especialista en tours de lifesytile de la app, quien aclara a su vez que la disponibilidad para los servicios depende de cada uno y suele acordarse entre ambas partes.

La especialidad de “lifestyle” tiene que ver con ofrecer lugares típicos o diferentes. “En Palermo por ejemplo, hay una moda interesante en todo lo que es arte, y si la persona quiere escuchar bandas independientes pero no sabe a qué lugares ir o no está a gusto con otras opciones al cien por ciento, nos contacta y le armamos un tour específico en base a sus intereses”.

Apps, plataformas, programas que giran en torno a cuestiones parecidas: crear lazos allí donde la realidad no los brinda.

¿Alternativas a la soledad? Miles

Antes de que alguien ponga sobre la mesa sus prejuicios, quizás sería útil repensar estos métodos como otras formas de socialización, sobre todo en grandes ciudades donde las personas se convierten en estadísticas, y las distancias son mayores. Quizás también sea útil pensar en los propios reparos que hacemos a la soledad en sí misma. Despojarnos de ellos sería una buena base para pensar cómo se puede estar bien estando solos, y cómo muchas veces no se logra ese bienestar aún estando acompañados.

Por caso, una investigación interesante, que el médico Diego Bernardini cita, es la que hizo un grupo de estudiosos de la Universidad de Uppsala en Suecia, con respecto a la tenencia de mascotas. Luego de estudiar un campo de tres millones de suecos, la conclusión más concreta a la que arribaron fue que tener una mascota es una forma de asegurarnos una compañía, y un estímulo más para nuestros días.

“En Suecia tener una mascota requiere de un registro obligatorio en el Estado. La última investigación se enfocó en más de tres millones de personas entre los 40 y 80 años que nunca habían tenido problemas cardiovasculares. A partir de ese año les hicieron un seguimiento que duró 12 años. Al cabo de ese tiempo encontraron que los dueños de perros tenían muy bajo riesgo de muerte cardiovascular que aquellos que no tenían su mascota”, detalla Bernardini. “Tener un perro no sólo garantiza compañía, sino también alguien a quien cuidar y a quien pasear. Salir al exterior a pasearlo no sólo aumenta las posibilidades de interactuar socialmente sino que nos permite movernos, y hacer actividad física. Por lo tanto sin dudas repercute en la salud”.

Tener mascotas, tener conexión con el mundo virtual, estar permeables a encarar nuevas actividades, acordes a nuestros intereses y gustos, o incluso inscribirse en una plataforma que nos designe un lugar y una persona de compañía, son todas opciones válidas en la búsqueda por el propio bienestar. Sin preconceptos y atentos a una única cuestión, y sin dudas muy personal: qué estímulos y de qué colores estamos pintando nuestra vida.

 

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