Entrevistas

Mempo Giardinelli: “No hay nada más fácil que hacer a un chico lector”

Escritor, periodista, animal de lectura. Así se define Mempo Giardinelli, uno de los de los escritores argentinos más reconocidos en la Argentina y en el mundo. En Ciudad Despierta, habló de libros, ficciones, y memoria.

Mempo Giardinelli: “No hay nada más fácil que hacer a un chico lector” - Radio Cantilo

miércoles 03 Jul, 2019

“Escribimos, suelo pensar, como desean los toros. No hay corral que los detenga, no hay alambrado ni muro que no se atrevan a cruzar aunque se destrocen el cuerpo”.

La imagen es de Mempo Giardinelli, en una conferencia por el día del Escritor que ofreció en el Museo de Medios de Comunicación de Resistencia, Chaco, en 2004. El impacto de la metáfora es genial. No quedan dudas de la esencia de la escritura para quienes “son” literatura, como Mempo, y como tantos poetas y escritores que respiran porque escriben, que escriben porque respiran.

Mempo Giardinelli, nacido en esa Provincia, es uno de los escritores argentinos más reconocidos en Argentina y en el mundo. Sus obras de ficción fueron traducidas a más de veinte idiomas, entre ellas novelas, cuentos y ensayos. Hoy trabaja sobre otras dos novelas, y lamenta no encontrar el “tiempo espiritual” imprescindible para concluirlas.

“Cuando tuviste un sueño, una idea, tenés que sentarte a escribir. Y eso no es traducirla en palabras sino también buscar el aspecto estético, la belleza, la profundidad, y eso requiere un tiempo. Yo siempre ando con mi libreta negra, y encima tengo una letra maldita que ni yo la entiendo… Mucho fue escrito en el colectivo, en trenes… y eso es un trabajo apasionante. Yo soy literatura, si no soy esto, que me entierren“, dice categórico.

Por esta profunda razón es que Giardinelli no cree que un escritor deba tener un objetivo para escribir. Un escritor tiene esa imparable vocación por dejar escrito lo que siente. Por eso es que Mempo propone pensar: “No creo que Raymond Chandler, o Fiódor Dostoievski o Carson McCullers hayan escrito paraSimplemente, si no escribían se morían. Yo escribo porque es mi respiración, y no se me ocurre pensar para qué”.

Incansable promotor del libro y la lectura, Mempo se reconoce un “animal de lectura” y dedica una buena parte de su vida al fomento de la lectura y el pensamiento. Reconoce leer más de lo que escribe y estar comprometido con esto, que le fascina y le demanda tiempo. Pero también es un hombre que desde joven quedó estrechamente ligado a la realidad política nacional desde su carrera de periodista, y hoy es uno de los pocos referentes del pensamiento libre y crítico en nuestro país.

No fue gratuito. El golpe militar de 1976 obligó a Mempo a exiliarse en México, donde residió hasta 1984. Como saldo de aquellos años fuera de su terruño le quedaría algo tan valioso como la amistad del escritor mexicano Juan Rulfo, y una compulsión muy fuerte por escribir sobre la realidad, sobre la memoria como antídoto del olvido.

“Me fui de la Argentina cuando era muy joven porque mi primera novela había sido quemada. Salí muy traumado de eso. Pero salvé la vida. Cuando me llamaron y me dijeron “recibimos visitas” me di cuenta de que tenía que huir porque la próxima visita era mi casa. Los años posteriores tuve mucho conflicto con la creación, y mi primera novela Por qué prohibieron el circo se publicó treinta y pico años después. Fue revisitada, pero sin tocarle una coma, tal fue el acuerdo que hice con mi editor: se publicaba tal como había sido prohibida”.

“La memoria en mí opera como un imperativo de mi generación que tiene que ver con el tiempo que viví, la tragedia argentina de la dictadura, la memoria de los desaparecidos, los compañeros y compañeras que, si bien no me influenciaron literariamente, indefectiblemente está la memoria dando vueltas”, ratifica Mempo y cita su novela Santo oficio de la Memoria, y su historia estrechamente vinculada con la desdicha del país.

 

 

No obstante, es etapa concluida para el escritor y así lo hace saber. “No porque yo lo disponga, sino porque el imaginario mío ha sido trabajar por otras líneas. Hay temas que son eternos y universales. El amor para mí lo es, aunque jamás escribí una novela de amor. El viaje es otro de mis temas, el Chaco… nadie me lo pidió pero fui el que colocó al Chaco en la literatura latinoamericana, para bien o para mal, lo cierto es que antes no existía”, relata. “Pero nada de lo que escribo es autobiográfico, yo soy un escritor de fantasías, para mí la literatura es imaginación. Hay elementos míos sin dudas, pero yo considero que la literatura extremadamente autobiográfica sueñe estar teñida o de un ego muy grande, o una especie de inseguridad respecto de lo que se te va contar…  y suelen ser cosas bastante aburridas”, ironiza.

Ya en 1996 Giardinelli hablaba en El país de las maravillas del estado en que se encontraba la cultura en Argentina y la necesidad de fomentar la lectura y el pensamiento. Su inquietud no quedó en palabras, sino que decidió ponerse ese mismo año a la cabeza del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, desde donde, asegura, el trabajo más profundo debe hacerse con los adultos que abandonaron la lectura.

El problema de la falta de lectura no es de los chicos -afirma dos veces-. Es un problema de los grandes. A ellos hay que convencerlos de la necesidad de la lectura, de la política de la lectura, del derecho a leer, de las consecuencias de la no lectura, de las virtudes la lectura, maciza, consuetudinaria”.

Y reafirma su idea: “No hay nada más fácil que hacer leer a un chico. Yo te hago un niño lector en una noche. Le leés, le contás un cuento, le hablás, te interesás por su opinión; el chico te dice lo que le gustó, le preguntás si quiere que le leas otro, y si no le decís nada te lo va a pedir él.  Al otro día tu hijo, tu sobrino, tu nieto, te va a decir: ¿no me leés otro? Los chicos son de plastilina, son maravillosos”.

“El problema no son ellos, son los grandes. Son los adultos los que no leen. El libro es muy caro, te dicen. Mentira, andá a la biblioteca que son gratuitos. Es que no tengo tiempo, porque vengo tan cansado…, te dicen. ¡Mentira también! Compartí con tu mujer, con tu compañero, con tu amor, el poema 20 de Neruda, Puedo escribir los versos más tristes esta noche…, y ¿sabés cuánto dura esa lectura bien hecha, en voz alta, mirando a los ojos a la chica o al caballero? Un minuto, 40 segundos. Entonces no me jodan con que no tienen tiempo o son caros los libros. Excusas ridículas de gente que abandonó la lectura, que no fue bien inducida… A esa gente tenemos que recuperar”, asegura.

Mempo siempre cuenta que, cuando era un niño, lo único que abundaba en su humilde casa del Chaco era lectura. Su madre, maestra de piano, y su hermana doce años mayor, leían libros y revistas todo el tiempo. Eso, sin dudas, fue formador del “animal de lectura” del presente, y puede explicarlo gráficamente, fiel a su estilo: “Si un chico ve a sus padres como idiotas trece horas frente al televisor mirando TN y arruinándose, seguramente hará lo mismo. Si un chico ve a su papá leyendo, un rato cada día, en la cama a la noche, ese chico va a ser lector seguramente. Los chicos se referencian en quienes aman.

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