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Luz Galathea: “La música fue la nave que me salvó de todo este naufragio”

A los 16 años ya estaba atrapada por la música. Tocaba en bandas en una época en la que no había cabida para lo diverso. Pudo entenderse y aceptarse, y hoy es una militante trans que se para frente al mundo a cantar. Contó su historia en Ciudad Despierta.

Luz Galathea: “La música fue la nave que me salvó de todo este naufragio” - Radio Cantilo

miércoles 18 Mar, 2020

Luz Galathea abraza su guitarra y se prepara para los primeros rasgueos. Es ella con toda su impronta, con toda su libertad. Tiene una actitud de satisfacción, de plenitud, de gratitud con el camino recorrido. Exhibe fuerza, carácter, soltura.

Nada de ello fue gratuito. Luz tenía 16 años y ya estaba atrapada por la música. Tocaba en bandas y hacía covers de los Stones en ambientes musicales machistas, en una época en la que no había cabida para lo diverso. Ella se movía y sentía como una muchacha, pero su imagen era ambigua.
Ese ambiente la fue desterrando lentamente de los escenarios y pasaron años hasta que pudiese encontrarse con ella misma, otra vez entregada a la música.

“Era muy complicado todo, tenía amigas que me hacían el aguante para poder manifestar mi identidad o lo que sentía, pero no sabía que era trans. Y es muy jodido atravesar todo esto en soledad…”, cuenta Luz.

 

 

Que la joven transitara el camino de su sexualidad al mismo tiempo que el de la música no fue fortuito. Su papá tenía un taller mecánico y había estudiado guitarra. A la noche, cantaba tangos en bares con un conjunto de tres guitarristas. “Mi viejo de día era Clark Kent, y a la noche se sacaba el mameluco y era Superman… lo íbamos a ver al teatro o a un club de barrio y para mí eso era un flash”, rememora la artista.

En su “familia de marcianos”, como ella la llama, también su madre era artista. Dibujaba y daba clases de danzas populares. Luz recuerda muchos discos esparcidos por cada rincón de su casa y sabe que eso la hizo descubrir sus zonas sensibles, y, de alguna manera, la fue “formateando”.
Después llegaron los primeros grupos, las primeras presentaciones, las miradas reprobatorias… el distanciamiento con la música. Todo fue muy rápido. “Todo lo que tenía algún condimento glam, o alguna señal de que no conviniera al sistema binario, era muy rechazado. Padecí toda esa situación, tuve intentos de suicidio… Era un chico pero era muy femenina. Tenía 16 años, fue durísimo”.

Pero lo peor aún no había llegado. Se presentó una tarde en su casa, en forma de tío subido a su camioneta, anunciándole que la llevaría a debutar con una prostituta. Sin saberlo, se enfrentaba al momento visagra de su vida.

“Era un paso obligado para todos los varones. Pero ¿cómo hacía yo con la chica para decirle que a mí no me gustaban las chicas? Se llamaba Victoria y fue la primera persona que me vio en términos femeninos. Nos sacamos la ropa, ya estábamos en el edén, y ahí fue cuando le conté lo que me pasaba. Con toda naturalidad, me dice: ‘Me hubieras avisado así no me ponía en bolas al pedo’. Fue mi primera psicóloga. Me dijo: “No tenés que desesperar porque la vida cambia todos los días’, recuerda Galathea.

“Fue fantástico. A partir de ahí empecé a conocer gente que me ayudó muchísimo. Era muy complicado en aquella época precámbrica, teníamos cuatro dedos de frente pero todos parados; éramos de la caverna. Victoria también me decía: ‘Tu primera vez tiene que ser un lugar donde vos estés cómoda, que los dos estén dispuestos y se sientan bien’, y era cierto… si no es como las vacas, a las que las obligan a tener relaciones con el toro para reproducir”, cuenta también.
El episodio con Victoria fue la prueba más difícil a la que una joven Luz se vio sometida, y a la vez, el más revelador. Pasaron 40 años y cada vez que lo recuerda puede dar detalles de esa charla, puede transmitir el peso real que tuvo en la búsqueda de su identidad. “Esas palabras me abrieron una puerta posible que no estaba a la vista”, dice hoy la artista, que inició a partir de entonces un camino alejado de la música, elegido más por una necesidad de esconderse que de reencontrarse.

Encontró un refugio en la religión. Primero intentó en el postulado de los Benedictinos, y luego con los Franciscanos de Pompeya, en donde finalmente ingresó y trabajó en la Villa 21.
“Pasé por mucho ostracismo, traté de encontrar salidas escondiéndome en distintos espacios. Pero los curas se dan cuenta si tenés o no la vocación y qué hay detrás de toda tu búsqueda”, relata. “Yo hacía todo con sinceridad pero también para esconderme, no quería volver a mi vida. Ahí conocí al padre Antonio Puigjané, un luchador incansable por los derechos de la gente, en el medio de los atropellos terribles que había en esa época. Fue una pausa para repensar las cosas y encontrar las respuestas… porque seguía en el marco de una balsa”.

Más tarde, Luz encontraría el lugar que la contuvo hasta el presente. De manera casi casual, conoció gente de SIGLA, la Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina. “Lo que ocurre es que te define tu deseo y tu emoción -procura explicar la artista-. Yo sentía y deseaba como desea y siente una chica. Pero no sabía darle un nombre. Hasta que llegué a SIGLA y conocí qué era la transexualidad, pude volver a la música y retomar mi vida… hoy ya voy por mi tercer disco”.
“Necesitaba esa conexión conmigo para ver esa luz profunda que está opacada por las capas de los mandatos sociales. Es como una cebolla, empezás a sacar esas capas, a desarmarla, y quedan muchos jirones en el camino. La música ha sido la nave que me salvó de todo este naufragio”, asegura, dibujando metáforas en el aire. Y se ríe de eso: “¡No sé contar historias! Entonces recurro a las imágenes”.

Es que justamente el dibujo, la imagen, la poesía, también la salvaron de hundirse una y otra vez en los pantanos que fue encontrando en su camino. Galathea dibuja exquisitamente, como su madre lo hiciera durante tantos años, y está a días de presentar una muestra de sus ilustraciones y fotografías en la ciudad de Buenos Aires. Durante años, también, trabajó haciendo música para cine y documentales.

Como música, las reminiscencias spinetteanas están presentes. “Los Beatles fueron una fuente importante, pero Almendra me impactó porque hablaban en mi lenguaje… eran esos pibes que buscaban sus acordes. Y empecé a transitar esa huella. El Flaco Spinetta fue una influencia muy importante también en la poesía, como Alejandra Pizarnik, como tantos otros”, explica.

Sin embargo Luz eligió no militar desde sus letras. En su música, le escribe a la mujer en todas sus facetas, como niña y como madre. Pero para hacer activismo está su presencia, porque cree en el compromiso desde la acción misma.

“Siendo trans soy una manifestante única en cualquier espacio donde voy, me presento como artista trans, y en mi mente está que todas y todes tratemos de operar ese cambio, la participación tiene que ver con eso”, dice, y recurre a otra imagen: “Esto es como los platos del malabarista, ¿viste que siempre los mueve? Porque si no los mueve se quedan quietos, entonces, no es que hoy hacemos algo y ya está, la ley tiene que hacerse piel, y eso va con la participación, el compromiso, la palabra. La ley se hace viva en nosotros, si no la vivimos entonces está en el papel y no transforma lo social. No es algo cómodo pero es la dinámica que tiene”.

Galathea celebra que estemos asistiendo hace décadas a un cambio de paradigma, que es el paradigma de lo binario, y lo relaciona con la lucha que una gran parte de la sociedad entabla, cada uno, desde el lugar que le toca.

“Es bueno que ya se esté construyendo el puente que nos lleva a una plena diversidad no solamente en nuestra sociedad, en todo el mundo. Y tenemos la suerte de participar de la construcción de ese puente y va a terminar cruzando a generaciones que están por venir”, y vuelve sobre el involucramiento de todos, tan necesario: “Todos tenemos este trabajo, ustedes desde los medios, yo desde un escenario… son lugares desde donde dar la lucha para ayudar a esclarecer”.
A modo de ejemplo bien podría citarse la respuesta que lanzó en sus redes Galathea a los dichos de la ex modelo Gisela Barreto sobre la infancia trans, que generaron el repudio generalizado y hasta la interpelación del INADI. El mes pasado, Barreto había dicho que “un niño, cuando es niño, juega. Cuando juega a que es pájaro no vamos a decir que se percibe como pájaro. El niño imita lo que ve, sigue lo que ve”.

“Es lamentable y peligroso cuando una vez más la ignorancia, el fanatismo y la superstición tienen un medio de comunicación para expresar sus barbaridades. Son las mismas creencias que en el pasado llevaron a miles de víctimas a la hoguera. La ignorancia engendra pesadillas”, disparó Galathea en aquel entonces.

“No puedo dejar pasar una confusión, la gente está bastante confundida como para escuchar un disparate y tomarlo como una verdad”, explica. “Soy una pisciana que puede ser muy tranquila pero también puede arrancar pasional. Yo nací de Tita Merello”, culmina con orgullo.
Compositora, rockera, jazzera, dibujante, fotógrafa. Luz es muchas y es una, y ama ser todo eso adjetivada inmediatamente con la palabra “trans”. Eligió esa forma de militar, y es feliz de ese modo.

Tal vez, porque representa una lucha en la que puso alma y cuerpo, para poder hoy cantar y rasgar su guitarra en paz, plenamente como Luz, la rockera trans.

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