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Lucrecia, la mejor de las nuestras

La directora argentina recibió un doble reconocimiento por sus más destacados films. Enterate de todo acá.

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Lucrecia, la mejor de las nuestras - Radio Cantilo

viernes 29 Nov, 2019

Lucrecia Martel irrumpió en la escena cinematográfica nacional de la mano de La Ciénaga en 2001, largometraje que le permitió, además, comenzar a hacerse conocida en el ámbito internacional luego de los reconocimientos que recibió en el Festival de Sundance, en el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse, en el Festival de Cine de La Habana y en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Sin embargo, su carrera había comenzado más de una década antes, cuando dirigió El 56, su primer cortometraje.

Desde aquel hito que significó La Ciénaga no solo para su carrera sino para el cine latinoamericano en general, la carrera de Lucrecia fue en franco ascenso. En 2004 estrenó La niña santa, protagonizada por María Alché y producida por Pedro Almodóvar, quien había quedado fascinado luego de ver el primer largometraje de la directora,  que formó parte de las nominadas en el Festival de Cine de Cannes.

La consagración de Lucrecia en este agitado período de tiempo no hizo que la directora se apurara para sacar otro film. Su carrera, desde el comienzo, siempre se trató de hacer todo a su tiempo. Así que cuando el 2008 trajo consigo su tercera película, La mujer sin cabeza, la comunidad nacional e internacional del cine estaba atenta a qué podía suceder. Y la directora no los decepcionó. Regresó a la carga con una historia llena de tensión y dilemas morales, filmada en su Salta natal, que volvió a mostrarnos la mejor faceta del arte nacional: la que cuenta nuestras vivencias, la que retrata nuestra idiosincrasia, la que se nos parece. “Yo creo que es mi película más argentina, y hasta diría más salteña, o del norte en todo caso”, había explicado la misma Martel en una entrevista en Página/12 cuando la cinta recién se estrenaba en nuestro país.

Tuvieron que pasar nueve años para que Lucrecia volviera a atrapar al público con una nueva historia. Zama llegó a los cines en 2017, luego de que la directora decidiera adaptar la novela homónima de Antonio De Benedetto. Seleccionada para representar a la Argentina en los Oscars que se celebraron el año siguiente, la cinta terminó de confirmar la que ya muchos sabían: Lucrecia era la mejor de las nuestras. Pero no solo eso. También era la más fiel representante del cine latinoamericano dirigido por mujeres y se transformó en una exponente mundial entre sus pares.

A partir de ese reconocimiento, Marvel se contactó con la salteña para que dirigiera uno de los films de su famoso Universo Cinematográfico, pero ella lo rechazó porque solo querían que se hiciera cargo de la construcción del personaje femenino y no iban a dejarla dirigir las escenas de acción: “A los estudios les interesan las directoras, pero siguen pensando que las escenas de acción son para los hombres”, declaró luego de no aceptar el trato que le proponían.

En 2019, la directora se encontró frente a dos nuevos desafíos. El primero de ellos, dirigir el espectáculo que la cantante Björk montó en Nueva York. El segundo, llegó de la mano del Festival de Cine de Venecia, donde fue elegida para presidir el jurado por ser, según palabras de Alberto Barbera, “la directora latinoamericana más importante y una de las mejores del mundo”.

Y a pocos días de que el año llegue a su fin, Martel volvió a ser reconocida por su trabajo. Pero esta vez llegó desde dos lugares diferentes. Por un lado, la BBC publicó una lista con las 100 mejores películas de la historia dirigidas por mujeres. Y allí Lucrecia, la única representante de América Latina en el listado, apareció con tres de sus cuatro películas: La Ciénaga, La mujer sin cabeza y Zama. Pero eso no fue todo, porque el Festival de Toronto eligió Zama como el mejor film de la década, por encima de la ganadora del Oscar Moonlight y del las aclamadas Get Out y The Master. James Quandt, director del festival, dijo a través de Twitter que la obra de la argentina era asombrosa porque “transforma una novela existencial en un trabajo ferozmente político que comenta tanto sobre su época racista y colonialista como sobre nuestros propios tiempos terribles”.

En medio de luchas entre el streaming y el cine tradicional, en un mundo atestado de producciones que solo buscan el entretenimiento, a base de buenas historias y de un retrato histórico invaluable, Lucrecia Martel continúa brillando.

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