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La Visita: un mundo diferente, a pasos de la cárcel

Un grupo de 500 mujeres -madres, novias, abuelas, hijas- que llegan al pueblo de Sierra Chica con un solo fin: visitar a sus hombres detenidos en la cárcel del lugar. La historia es contada por el director argentino Jorge Leandro Colás, y pasó por Ciudad Despierta.

La Visita: un mundo diferente, a pasos de la cárcel - Radio Cantilo

miércoles 14 Ago, 2019

Cada fin de semana, un grupo de 500 mujeres -madres, novias, abuelas, hijas- y un pequeño grupo de hombres llegan al pueblo de Sierra Chica, muy cerca de Olavarría, y a la cárcel de ese lugar. El complejo penitenciario aloja a 4 mil detenidos y se ha creado en su entorno un circuito de bares, paradores, y pensiones pensados para esa visita, sistemática, masiva, fugaz.

Un director de cine sintió curiosidad precisamente por ese circuito, y cuando viajó para explorarlo, advirtió que había algo mucho más profundo e interesante en ese mundo: “el recorrido de estas mujeres que viajan cada fin de semana a Sierra Chica con el objetivo tan simple y complejo a su vez de reconstruir aunque sea por un rato este espacio de vínculo familiar dentro de un lugar tan hostil como el de un penal”.

Una de las chicas que forma parte de ese grupo de visitantes dijo que sentía que eran ellas quienes estaban cumpliendo una pena. Una síntesis atroz de la realidad que viven estas mujeres, sin elegirlo, sin más alternativa que entrar al penal cada fin de semana y ser presas de un sistema cruel y estigmatizantes aún con los familiares de los internos.

“El sistema de ingresos es muy hostil y pasan horas bajo el sol o bajo la lluvia para hacer la cola para ver su familia. Llevan bolsones de comida porque la del penal es muy mala. Y soportan esa mirada que tiene que ver con el prejuicio y la estigmatización de parte de la gente, y puntualmente del pueblo de Sierra Chica”, relata Jorge Leandro Colás, el director del documental. “Quería hacer foco en ellas, y ver así este costado de la realidad, que está cerca nuestra, pero honestamente conocemos de oído lo que tiene que ver con este sistema. Quise que el espectador se pueda correr un poco de ese lugar de prejuicio que está lanzado hacia los detenidos y los familiares de los detenidos”.

Además de filmar a las visitantes, Colás conoció la historia de Bibiana, que viajaba cada semana desde su Santa Fe natal hasta que no pudo hacerlo más y decidió instalarse en Sierra Chica. Allí fue convirtiéndose en consejera y apoyo de muchas mujeres a las que les alquila una habitación, en su casa, que es una suerte de refugio para las visitantes novatas que llegan al pueblo sin idea de las redes burocráticas con las que deberán lidiar, cada vez que quieran entrar al penal.

“Pasó a conocerse como la pensión de Bibi, y ella como alguien con quien contar, por saber acerca de esto de ser familiar de una persona detenida”, relata Colás, quien también pasó horas de rodaje en “el bar del Gallego”, en donde las visitas reciben un trato amable y además de comprar mercadería las visitantes pueden cargar sus celulares, usar los sanitarios o guardar mochilas. La pensión de Bibi y el bar del Gallego son dos espacios donde pasan las historias de vida de estas mujeres, en las que abunda el dolor, la fuerza y el amor.

“Se puede ver en la película un par de secuencias con unas niñas que juegan y cantan en las puertas mismas del penal, y es impresionante ver cómo lo viven como algo cotidiano, como para otros niños puede ser ir a visitar un familiar a otro pueblo, a ellas les toca ser familiares de detenidos, con una gran consciencia de lo dificil que es serlo”, describe el realizador.

Según cuenta, el 95 por ciento de las personas que asisten al penal -y que por lo tanto fueron elegidas para el relato de la historia- son mujeres, madres, abuelas, hermanas e hijas, y con ellas, necesariamente se estableció un vínculo fuerte. “Hoy son muy militantes de la película”, cuenta con una sonrisa Jorge.

La película transcurre todo el tiempo fuera del penal, desde las rejas hacia afuera, y narra el contexto de ingreso y el sistema, “claramente precario del penal de Sierra Chica”. Es que lo que hace particular a este film, sin dudas, fue la decisión de Colás de dejar afuera el interior del penal y los presos, consciente de que el cine y la televisión ya se ocuparon de ello. Aquí, las mujeres son las protagonistas y el relato –hecho con sumo respeto- es desde su mirada, su punto de vista, y desde ese bloque humano y fuerte que arman ante la adversidad que les presenta el Sistema Penitenciario, y la mirada hostil -cruel a veces- de gran parte de la sociedad.

Jorge Leandro Colás también retrató la vida interna de un refugio nocturno para gente en situación de calle, con Parador Retiro, el mundo de las divisiones juvenil de fútbol de Boca, con Los Pibes, y hasta incursionó en ficción, con Barrefondo. Y sabe que la adrenalina de toparse con la realidad siempre es más atractiva. “El hecho de rodar un documental siempre me genera emociones más intensas. Uno tiene ciertas pautas que sabe que va a cumplir, porque previamente investigó sobre la temática. Pero cada día la realidad te regala cosas que tal vez ni siquiera imaginaste. El mundo de la ficción es interesante pero es más organizado, hay un guión y personajes que interpretan ese guión para llevarlo a las escenas. En el documental es mucho más abierto, este juego de la realidad y la incertidumbre es sumamente apasionante. Nos pasa que hay situaciones en nuestros documentales que ni el mejor guionista de la industria podría haber imaginado, la realidad genera muchas cosas potentes, muy metafóricas y bellas a nivel plástico… tanto que supera a la propia imaginación”, se explaya.

Sin embargo, reconoce la pelea que un realizador de cine independiente debe dar, y muy especialmente en el cine documental, para que su obra sea vista y tenga un recorrido. “El INCAA ha favorecido y puesto el fomento a las películas más grandes, las que no necesitan el apoyo del Estado para ser realizadas porque ya lo tienen de grandes compañías; así, descuidó a las películas más pequeñas, al cine independiente y al documental”, opina.

“El cine documental hace caminos mucho más largos, y va sumando espectadores muy de a poco. Tiene funciones que no cuentan tickets, pero observa y cuenta realidad que pasa inadvertida para muchos. Por fortuna, la producción documental sigue… pese a todo. El sistema incluso hoy está colapsado en cuanto a producción”, destaca.

La Visita ya lleva un largo recorrido en diferentes salas del país y tendrá una última función este sábado 17 de agosto en el Centrol Cultural Recoleta de Buenos Aires. Colás asegura sentir “emoción” por los resultados que ha tenido, y apuesta a que, en definitiva, sea un film para “ayudar un poco a que la gente que no está vinculada a lo carcelario pueda correrse del lugar de prejuicio que sabemos que existe”.

 

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