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Ignacio Varchausky, el invitado del último programa de Divina Tanguedia

Además, Santi Palazzo puso en valor un vinilo de Tita Merello y destacó un texto de Antonin Artaud.

Ignacio Varchausky, el invitado del último programa de Divina Tanguedia - Radio Cantilo

lunes 06 Abr, 2020

 

Pasó un nuevo programa de Divina Tanguedia y en el Bloque Legendario estuvo de invitado Ignacio Varchausky, bajista de la Orquesta El Arranque. El artista, director y compositor comenzó con esta orquesta en 1996 y desde entonces, ganó una excelente reputación como la más importante, integrada por músicos jóvenes, en todo el mundo. En esta ocasión, el músico eligió a Emilio Balcarce y Alfredo Gobbi.

 

 

En el Bloque Un Cacho E’ Cultura, Santi Palazzo puso en valor el vinyl voz de Tango de Tita Merello.

 

¡Reviví la última Playlist de Divina Tanguedia!

01. Cambiando Cordaje – Sueño Abandonado (Tape Rubin – Heller – Lacruz – Nikitoff)

TXT “La primera víctima de la guerra es la verdad” Julian Assange

02. Astor Piazzolla quinteto – Soledad (A. Piazzolla)
03. Osvaldo Fresedo Orquesta Típica – Alas (Vicente Demarco – Alfredo Faustino Roldán) canta Ricardo Ruiz
04. Pedro Laurenz O. T. – Recién (H. Manzi – O. Pugliese) canta Alberto Podestá

TXT “El teatro y la peste” Antonin Artaud

05. Pescado Rabioso – La sed verdadera (L. A. Spinetta)
06. Alberto Marino con guitarras – Ojos tristes (Rafael Iriarte – Alfredo Navarrine)
07. Tango Corrupto – Oscar Lajad & Maria José Rojas – No te creas tan importante (P. Lescano)
08. Eladia Blazquez – A un semejante (E. Blazquez)
09. Gisela Magri & Eva Basterra & Cintia Coria & Jeanine Martin – Fina ropa blanca (L. A. Spinetta)

Bloque Legendarios – Ignacio Varchausky. Elige a Emilio Balcarce y Alfredo Gobbi

10. Julio De Caro O. T – El arranque (J. D Caro  M. C. Gomila) 1948
11. El Arranque O. T. – Barajando (Nicolas Vacaro – Eduardo Escaris Mendez)
12. El Arranque O. T. –  Siempre en punga
13. Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce – Febril (E. Rovira)
14. El Arranque O. T.- El Yuyal (J. Seren) canta Juan Seren
15. El Arranque O. T. & Leopoldo Federico – Milonguero de hoy (L. Federico)
16. Alfredo Gobbi O. T. – Si sos brujo (E. Balcarce)

Bloque Un Cacho ´e Cultura – Tita Merello con Francisco Canaro y Orquesta Típica – Voz de tango

17. A1 Naipe marcado (A. Greco)
18. A2 El choclo (A. Villoldo – E. S. Discépolo – C. Marambio Catán)
19. A3 Llamarada pasional (H. Stamponi . T. Merello)
20. A4 Se dice de mí (F. Canaro – I. Pelay)
21. A6 Pipistrela (J. Canaro – F. Ochoa)
22. B1 Arrabalera (S. Piana – C. Castillo)+
23. O. T. Ciudad Baigón – El día que no muere (Hernán Cabrera, Germán Sánchez – Gabriel Gowezniansky)

“El teatro y la peste” – Antonin Artaud

“Cuando la peste se establece en una ciudad, las formas regulares se derrumban. Nadie cuida los caminos; no hay ejército, ni policía, ni gobiernos municipales; las piras par quemar a los muertos se encienden al azar, con cualquier medio disponible. Todas las familias quieren tener la suya. Luego hay cada vez menos maderas, menos espacio, y menos llamas, y las familias luchan alrededor de las piras, y al fin todos huyen, pues los cadáveres son demasiado numerosos. Ya los muertos obstruyen las calles en pirámides ruinosas, y los animales mordisquean los bordes. El hedor sube en el aire como una llama. El amontonamiento de los muertos bloquea calles enteras. Entonces las casas se abren, y los pestíferos delirantes van aullando por las calles con el peso de visiones espantosas. Otros apestados, sin bubones, sin delirios, sin dolores, sin erupciones, se miran orgullosamente en los espejos, sintiendo que revientan de salud, y caen muertos con las bacías en la mano, llenos de desprecio por las otras víctimas.
La hez de la población, aparentemente inmunizada por la furia de la codicia, entra en las casas abiertas y echa mano a riquezas, aunque sabe que no podrá aprovecharlas. Y en ese momento nace el teatro. El teatro, es decir la gratuidad inmediata que provoca actos inútiles y sin provecho.
Pero si se necesita un flagelo poderoso para revelar esta gratuidad frenética, y si ese flagelo se llama la peste, quizá podamos determinar entonces el valor de esa gratuidad en relación con nuestra personalidad total. El estado del apestado que muere sin destrucción de materias, con todos los estigmas de un mal absoluto y casi abstracto, es idéntico al del actor, penetrado integralmente por sentimientos que no lo benefician ni guardan relación con su condición verdadera. Todo muestra en el aspecto físico del actor, como en el del apestado, que la vida ha reaccionado hasta el paroxismo; y, sin embargo, nada ha ocurrido.
Pero así como las imágenes de la peste, en relación con un potente estado de desorganización física, son como las últimas andanadas de una fuerza espiritual que se agota, las imágenes de la poesía en el teatro son una fuerza espiritual que inicia su trayectoria en lo sensible y prescinde de la realidad.
Si admitimos esta imagen espiritual de la peste, descubriremos en los humores del apestado el aspecto material de un desorden que, en otros planos, equivale a los conflictos, a las luchas, a los cataclismos y a los desastres que encontramos en la vida. Y así como no es imposible que la desesperación impotente y los gritos de un lunático en un asilo lleguen a causar la peste, por una suerte de reversibilidad de sentimientos e imágenes, puede admitirse también que los acontecimientos exteriores, los conflictos políticos, los cataclismos naturales, el orden de la revolución y el desorden de la guerra, al pasar al plano del teatro, se descarguen a sí mismos en la sensibilidad del espectador con toda la fuerza de una epidemia.
“Para apaciguar la peste que mataba los cuerpos, vuestros dioses reclamaron que se les honrara con esos espectáculos, y vuestro pontífice, queriendo evitar esa peste que corrompe las almas, prohibe hasta la construcción del escenario. Si os queda aún una pizca de inteligencia y preferís el alma al cuerpo, mirad a quién debéis reverenciar; pues la astucia de los espíritus malignos, previendo que iba a cesar el contagio corporal, aprovechó alegremente la ocasión para introducir un flagelo mucho más peligroso, que no ataca el cuerpo sino las costumbres. En efecto, es tal la ceguera, tal la corrupción que los espectáculos producen en el alma, que aún en estos últimos tiempos gentes que escaparon del saqueo de Roma y se refugiaron en Cartago, y a quienes domina esta pasión funesta, estaban todos los días en el teatro, delirando por los histriones”

 

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