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Gordofobia: ¿Qué hay detrás del temor a subir de peso?

El fantasma del COVID-19 parece no ser el único. ¿Qué hay detrás del temor a pasarnos un poco con la comida? Mechi Estruch, activista de Anybody Argentina, reflexionó sobre esto en Ciudad Despierta.

Gordofobia: ¿Qué hay detrás del temor a subir de peso? - Radio Cantilo

domingo 07 Jun, 2020

“En nuestra sociedad, ser gordo o estar gordo parecería ser ¡el peor de los futuros!”, dispara Mechi Estruch, activista de Anybody Argentina, la organización que desde hace décadas persigue la búsqueda de conciencia en el mundo sobre una epidemia a la que nadie considera como tal: la gordofobia.

Y lo dice como respuesta a esto que a muchos nos pasó y nos pasa en la cuarentena, en un contexto en el que están restringidas las salidas y las actividades deportivas o recreativas, y por lo tanto hay una tendencia mayor al sedentarismo: el miedo a subir de peso. Sin tener una estadística certera al respecto, a un gran porcentaje de la población aislada, en algún momento de estos 75 días, se le cruzó el pensamiento: “¿Me entrará la ropa cuando tenga que volver a salir?”.

El fantasma del COVID-19, así, parece no ser el único. Pero… ¿nos detuvimos a pensar por qué esta preocupación y no otra? ¿Qué hay detrás del temor a pasarnos un poco de la línea? Sin dudas es un miedo que ni siquiera llega a ver un horizonte de obesidad: es un miedo a excedernos un mínimo dentro de los parámetros que la sociedad dicta como normales para los cuerpos “aceptables”.

Es sabido, sin embargo, que el concepto de gordofobia está siendo desplazado en los últimos tiempos por el de “gordo-odio”. Estruch resume por qué el cambio de concepto: “Se empezó a dar una discusión más interna porque cuando hablamos de fobia estamos hablando de algo que uno no puede controlar como cuando tenemos miedo a las arañas, por ejemplo. Pero lo que uno refiere como gordo-odio es algo que se puede controlar y erradicar, que tiene que ver con la sedimentación de prácticas sociales, cosas que construimos entre todos, que se pueden deconstruir y modificar, como el machismo”.

Estruch está desde hace años vinculada con el activismo gordo, el movimiento que busca visibilizar las “condiciones de opresión” bajo las cuales vivimos, sin ser completamente conscientes de ello, y que todo el tiempo reproducen los medios de comunicación, las publicidades, la industria y la gran mayoría de sistemas y construcciones sociales. En otras palabras, el mandato permanente y obligatorio de ser flaco, y las consecuencias de no serlo.

El activismo gordo y también Anybody, que Mechi Estruch integra, plantean arrancar por la base de todo, que es cuestionar lo dicho desde la base de la inocencia, o desde la naturalización del “gordo- odio”: expresiones como “si sigo comiendo voy a salir rodando“, porque en éstas se trasluce “el miedo grande que tenemos como sociedad de ser o estar gordos”, resume la activista, sorprendida en algún punto de que, en medio de una pandemia, una problemática muy común que se observa sea la preocupación por engordar. Confinados en nuestro hogar las 23 horas, sedentarios, pareciera ser uno de los primeros fantasmas que se aparecen.

“Tiene que ver con tener un cuerpo que no es el respetado, el hegemónico que nos imponen que hay que tener. Y que una parte de la sociedad puede tener, pero el que no lo tiene vive combatiendo para ‘no llegar a’…”, explica. “Es interesante pesar esos miedos de dónde salen, a quién le sirven y a quién le hacen daño, que es a la mayoría de la población”.

“El miedo a engordar tiene que ver con un miedo a ser excluidos, porque hay cuerpos que son más respetados o validados que otros. Y a esto se le suma un señalamiento a los cuerpos gordos, por no estar cumpliendo con lo que sería un cuerpo sano. Pero uno puede tener el cuerpo más hegemónico del mundo y a la vez no estar dentro de parámetros sanos. Lo que ocurre es que no se ve, la persecuta es a ese cuerpo que se sobresale porque se ve”, aclara.

La idea de que la gordura está reñida con salubridad, es, según Estruch y el activismo gordo, otro preconcepto que debería revisarse. “Pero son dos cuestiones distintas -remarca-. Primero están los estereotipos de belleza y estética que tenemos internalizados e ideales a los que queremos llegar, lo que afecta a las mujeres un poco más. Y después está la presunción de que engordar afecta a la salud. En la calle te encontrás con una diversidad corporal tal que hasta la idea de que existe un cuerpo promedio o normal lo podríamos poner en duda”.

“Se asocia lo gordo a lo insano, y se lo ridiculiza, discrimina o se lo burla, porque es una persona que está dentro de un cuerpo que está mal, y con fundamentos de la sanidad. Entonces se vuelve como un círculo vicioso: todos pueden opinar sobre el gordo porque es insano. Pero me pregunto: ¿todo el tiempo estamos opinando de los insanos? ¿O hay otra cosa detrás?”, dispara también.

Pese a desandar por cada uno de los prejuicios y construcciones culturales con los que convivimos, la autocrítica en Mechi no está ausente: “Yo soy una chica gorda, que se mira y se dice activista, pero no es que haya dejado de tener gordo-odio, y no es que me ame profundamente todos los días y crea que mi cuerpo es el mejor que me pudo haber tocado.  Es un cuerpo que me hace no tener un montón de privilegios, que me hace estar en un escalafón social más bajo, y es lógico que hasta que no cambiemos el imaginario social respecto de la diversidad vamos a seguir reproduciendo esto, por más que tengamos la mirada crítica puesta allí”, considera.

 

Ley de Talles: ¿por qué no se cumple?

AnyBody Argentina también promueve una moda inclusiva, sobre la base de “cuerpos reales” y no de estereotipos. Algunas de sus campañas en este sentido fueron: “El talle único no es el único talle” y “Vestirse es un derecho, no un privilegio”.

La necesidad de tener una ley de talles que sirviese de herramienta, como para empezar, no es nueva: comenzó a pensarse hace veinte años como consecuencia de la gran cantidad de personas -niños, adultos, mayores- que evidenciaban haber tenido siempre o algunas veces problemas para encontrar ropa de su talle. Los movimientos involucrados en el tema comenzaron a dar forma a una legislación que bajara a la industria nacional un sistema de talles basado en la diversidad de medidas y cuerpos existentes.

Era un requerimiento promovido a su vez por un tema de salud. De una encuesta nacional llevada adelante en 2018 por AnyBody, sobre un universo de más de 8500 personas, se determinó que 7 de cada 10 argentinos tiene problemas para conseguir prendas de su talle. Una búsqueda que origina estrés, angustia y ansiedad, por nombrar sólo algunas consecuencias psíquicas o emocionales.

“Antes de que se sancionara la ley teníamos 14 leyes distintas, entre provinciales y municipales, que no se cumplían. La ley lo que lo propone es algo que normalice a todo el país tipo a nivel ‘tabla de tallas’, y que sea más fácil de aplicar, porque que haya diferentes legislaciones hace que no se cumpla ninguna”, explica Mechi, quien fue una de las primeras en festejar aquella jornada de fines de noviembre de 2019, cuando se sancionó la Ley de Talles.

“Pero si vas a un local de ropas hoy no se aplica. Y lo que ocurre es que hay un primer paso que se debe dar, y que tiene que ver con un estudio antropométrico que comenzó a hacerse en 2014 y que aún no se terminó. Este estudio va a permitir tener una medida del cuerpo promedio argentino, para poder empezar a pensar una tabla de talles de la Argentina, porque a diferencia de otros países no contamos con ella”, detalla además.

Según Estruch, esto explica que no haya una referencia como sí podemos tener, por ejemplo, de los zapatos. Es necesario tener una tabla normalizadora universal, pero no sólo para la indumentaria: “Nos serviría para empezar a pensar cuando se hacen bancos de escuela, por ejemplo, asientos de transporte público. Hoy usamos medidas de otros países”, refiere.

Una vez finalizado el estudio antropométrico, que se inició bajo la órbita del INTI, Instituto Nacional Tecnológico Argentino, se podrá hablar de una tabla de talles “diversa y extensa”, contemplada en la Ley de Talles. Pero Estruch y quienes participan de estas peleas, saben que recién entonces podría hablarse de una primera batalla ganada.

“A partir de esa reglamentación vendría una implementación que llevaría tiempo. La realidad es que hay que seguir haciendo mucho ruido, porque una vez que tengamos la herramienta no termina la lucha sino que se viene otra batalla, que tiene que ver con que el Estado nos acompañe en impulsar a la marcas y empresas a empezar a cambiar sus moldes. Como también sabemos lo costoso que puede ser, la ley no va a castigar, sino a acompañar para que se genere un proceso y un cambio. También la sociedad tiene que acompañar con su pensamiento, tenemos que retraolimentarnos”, puntualiza.

Que todos nos involucremos en un proceso de deconstrucción, del mismo modo que sucede con el arcaico sistema patriarcal que aún resiste, es clave. La discriminación hacia las personas excedidas de peso no es nueva, pese a que se haya puesto el foco en las reacciones de la gente en situación de aislamiento respecto de la posibilidad de engordar.

 

Acaso porque la comida y el hecho de cocinar se reubicó en otro lugar, por varias razones -tenemos más tiempo, se viven momentos de ansiedad e incertidumbre encerrados en cuatro paredes-, las referencias a subir de peso como peor de los finales se multiplicaron. Tanto, que el INADI elaboró recientemente un estudio al respecto, en el que concluye que estos dichos “fortalecen la desigualdad y estigmatizan la diversidad corporal de las personas”. En concreto, los cuerpos gordos representan el “fracaso de la belleza” (en especial la femenina), y también el “fracaso económico asociado a los prejuicios de dejadez, improductividad y mala alimentación”, según el estudio.

“Si logramos cambios de manera colectiva sería más fácil. Hoy hay un montón de cuestiones que hace años no eran impensadas, como las modelos plus size que son influencers, y esto pensándolo del lado comercial, pero también sirve en algún punto porque es importante la representación. Eso aparece en los canales de televisión, las redes sociales y nos entra constantemente a nuestros celulares. Es una manera de empezar a pensar en la representatividad, empezar a ver que en la calle hay diversidad mientras que en los medios se consume un solo tipo de persona y desnaturalizar este tipo de cosas. Si ves que hay una modelo que es gorda, te enterás que hay ropa para gordos, vas y la compras…”, ejemplifica la activista.

Por otro lado, no le resta importancia al debate por la salud, o, mejor dicho, por la “no salud” de las personas gordas. “No somos nosotros los locos que decimos que no están vinculados, muchos profesionales de la salud en América Latina hablan de salud incluyente, de la necesidad de pensar la salud no sólo por lo físico sino que hay una pata importante en la emocionalidad, y cuánto sirve el equilibrio, tener en cuenta todos los aspectos de la salud”.

“Nuestra sociedad ha dejado el tema de la salud mental relegada porque estamos atravesados por la salud física. Es importante pensarnos como un todo, y lo diferentes que somos cada persona. Hay personas gordas con standares bien, o personas flacas que tienen algunas cosas bien o algunas mal… Quedarnos con un solo número para excluir un cuerpo o decir que un cuerpo no está bien tener, tiene un sesgo de discriminación“, insiste Estruch.

Entre otros postulados de la ONG Anybody, se destaca el que busca erradicar a las dietas “milagro”. Vinculado con una campaña promovida para “amar el cuerpo” y visualizar la problemática de los trastornos alimenticios, el 6 de mayo fue designado como el Día Internacional Sin Dietas. La idea fue de la feminista británica Mary Evans Young, fundadora del movimiento anti-dieta y autora de libros de esta temática.

“Hay un movimiento muy grande de nutricionistas que está diciendo: ‘No hay dieta que sirva’. Esto también nos lleva a problematizar ¿qué comemos?, ¿cuán sana es la comida que comemos? Si todo tiene agrotóxicos, si todo está procesado… ¿Qué posibilidad de elección tenemos de qué comemos? Es demasiado responsabilizar a la persona que tiene el cuerpo gordo porque supuestamente la solución es controlar lo que come y hacer ejercicio“, grafica Estruch.

“Es importante que nunca tu cuerpo sea motivo de que te excluyan o discriminen, y quienes estamos alrededor tal vez no somos los primeros en discriminar pero a veces nos convertimos en cómplices de esa discriminación y está bueno poner los frenos“, dice al finalizar, y la reflexión nos apunta a todos.

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