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“From the Inside”: Alice Cooper y una de sus obras más oscuras

En el día de su cumpleaños, la historia del disco de culto que cuenta los pormenores de un hospital psiquiátrico en los 70s.

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“From the Inside”: Alice Cooper y una de sus obras más oscuras - Radio Cantilo

martes 04 Feb, 2020

Parece mentira pero hace algunos años, cuando los alcohólicos cruzaban líneas peligrosas eran enviados al manicomio. Entre 1977 y 1978, Alice Cooper ingresó en la clínica psiquiátrica neoyorquina Cornell Medical Centre. Era su primer intento por ponerse sobrio frente a los demonios que lo perseguían desde los inicios de su carrera.

Antes de ir al hospital, su mejor amigo era Bernie Taupin. Por eso, después de la “rehabilitación” se comunicó con él, le contó que tenía material y que podían hacer algo juntos. Hasta ese momento, Taupin trabajaba en conjunto con Elton John escribiendo letras y componiendo canciones. Sólo había una premisa: cada personaje del hospital psiquiátrico tenía una canción. Más tarde, en una entrevista con The Quietus que se publicó en 2009 contó la situación: “Le conté sobre los personajes y cuando empezamos a escribir la letra, yo hacía una y él devolvía otra, era como un partido de letras de ping-pong”.

Ahí está el germen de la aventura que encararon en “From the Inside”, undécimo álbum de estudio de Alice Cooper. Desde el vamos, el enfoque era distinto a todo lo que había hecho hasta entonces y pasó desapercibido en cuanto a éxitos radiales y posiciones en los rankings más importantes del mundo. Las diferencias más notables con discos como “School’s Out” o “Billion Dollar Babies” partían desde el sonido: la banda de apoyo se conformó con otros dos ex integrantes del grupo de Elton John. Los elegidos fueron el guitarrista Davey Johnstone y el bajista Dee Murray. Toda una apuesta para un artista que siempre se había desempeñado en géneros más pesados. 

 

El círculo se cerró con el productor David Foster (Chicago, John Lennon, Earth, Wind & Fire, entre otros) y definió la dirección sonora del álbum, decisión extraña teniendo en cuenta los logros de Cooper con el histórico Bob Ezrin. A lo largo del trabajo suenan pianos y estructuras de canciones que Alice Cooper nunca había explorado. De hecho, musicalmente y según el propio artista, fue lo mejor que hizo: “También usé al chico de Toto, Steve Lukather, él cantaba voces de fondo. Tenía a los mejores de ese momento y por eso fue uno de los mejores álbumes que hice”.

Con la lupa en el diario del lunes, los motivos del “no éxito” pueden ir desde la descripción abstracta e intensa de sus letras, hasta la mirada introspectiva y autorreferencial de algo tan sensible como el estadio en un manicomio. Pero esto no era común en la década de los 70s y por eso, Alice Cooper fue pionero en escribir sobre sus adicciones de una manera conceptual.

 

Con el recurso autorreferencial como caballo de batalla, Cooper y Foster le contaron al mundo las sensaciones del encierro en “From the Inside”: “Nunca soñé que terminaría en el extremo perdedor / Estor atrapado aquí dentro mirando afuera / Sólo soy otro caso / ¿Dónde está mi maquillaje? / ¿Dónde está mi cara?”. En “The Quiet Room”, el manifiesto de un suicida: “Ellos tienen este lugar / Donde me han estado manteniendo. / Donde no puedo lastimarme / No puedo hacer que mis muñecas sangren / Simplemente no sé por qué / El suicidio me atrae”. Y como cúspide de la trilogía personal, se despachan con la balada histórica que dedicó a su esposa, la famosa “How You Gonna See Me Now”: “Cómo me verás ahora / por favor, no me veas feo cariño / porque sé que te he defraudado / oh, en tantas formas”. Letras desgarradoras si las hay.

En el mundo real, los rumores callejeros señalaban a Alice Cooper como el artista que se tomaba 24 botellas de cerveza por día y vomitaba sangre porque el cuerpo no le respondía. En el encierro, el músico se empezó a relacionar con personajes tétricos a lo Jocker que dejó plasmados en sus mejores letras: “Nurse Rozetta”, una especie de ironía erótica y macabra con un sacerdote ficticio alrededor de la enfermera que lo cuidaba, “Billie y Millie”, con la frase impregnada y dedicada al matrimonio que al parecer había matado a sus hijos: “Millie nuestro mundo es un manicomio / y nuestras mentras como dices no están en orden” y “Jackknife Johnny”, la historia del veterano de guerra que sucumbía por los pasillos del Cornell Medical Centre.

Alice Cooper tuvo infinidad de recaídas y rehabilitaciones, y recién en 1985 pudo llegar a su objetivo: la sobriedad. A pesar de esto, su primera experiencia en una clínica psiquiátrica dejó uno de los trabajos de estudio más emblemáticos de su carrera. Está en evidencia que no fue por el resultado en cuanto a ventas y posicionamiento comercial, sino más bien por la búsqueda artística que a través de canciones describió uno de los momentos más difíciles de su vida.

 

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