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¿Ser felices, qué es eso?

¿Somos capaces de sentir felicidad en estado permanente o es solo una ilusión? En épocas de balances le preguntamos a la psicología, a la religión y la biología sobre esto.

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¿Ser felices, qué es eso? - Radio Cantilo

miércoles 04 Dic, 2019

– Tiempo de lectura: 5 minutos –

 

La felicidad” es esa meta hacia la que todos corremos constantemente pero pocas veces logramos alcanzarla. Es tal vez el sentimiento más placentero que existe, ya que reúne diferentes características al mismo tiempo que resumen un estado de gracia absoluta. Es ese instante de goce en el que bajamos la guardia y nos extasiamos con un momento o situación, en el que quedamos vulnerables al entorno sin que nos importe lo más mínimo. Es, según la Real Academia Española de Lenguas, “el estado de grata satisfacción espiritual y física”, ligado a personas, “situaciones, objetos o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz”, así como la “ausencia de inconvenientes o tropiezos”.

Vivimos en un mundo que nos dice que debemos ser felices. Para ello podemos refugiarnos en un ser querido, en algún gusto personal, en la compra de algún objeto “imprescindible” o viendo esa película que se vuelve especial para cada uno de nosotros.

Hablar de felicidad es muy particular para cada sujeto, porque no se puede responder qué es la felicidad para todos por igual. Cada persona construye algo que le gusta y disfruta de eso, aunque es distinto según el caso”, reflexiona el licenciado en psicología Emmanuel Alberio. Y añade “la tristeza o felicidad son emociones que cada sujeto va viviendo depende las circunstancias de la vida que va pasando. En estos tiempos se trata de suprimirla, pero la angustia también es un sentimiento que convive en el ser humano”.

Esa dualidad propia del ser humano es la que nos lleva a estar pendientes de los momentos en los que creemos que podemos llegar a ser felices. De hecho, por naturaleza, el individuo siempre añora ese pasado que fue, seleccionando solamente aquellos en los que considera haber sido feliz, tal como sucede en una pareja.

“La felicidad en pareja es algo más complejo porque es algo que se construye de a dos personas. Basándose en el hecho de qué los convoca a estar juntos, y yéndose a lo filosófico podemos preguntarnos ¿qué es el amor? La felicidad en pareja tiene que ver con construir algo que convoque a ambos a ser felices. Proyectos como viajes, familias, lo que sea. Pero sabiendo qué cosas de los dos pueden juntarse para un fin”, sostiene Alberio.

Pero, ¿Por qué la felicidad es tan breve? ¿Cuál es la razón por la siempre estamos buscando ser felices? ¿Acaso es que no somos capaces de disfrutarla o es que el entorno nos lleva a tener que ser así? ¿El capitalismo interfiere o beneficia nuestra felicidad? ¿Y la religión? ¿Qué dice la biología al respecto?

 

“VIVIR SOLO CUESTA VIDA”

 

Según explica Sigmund Freud en su ensayo de 1930 llamado “El malestar en la cultura”, “tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles. Para soportarla, no podemos pasarnos sin lenitivos. Los hay quizás de tres especies: distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas que la reducen; narcóticos que nos tornan insensibles a ella. Alguno cualquiera de estos remedios no es indispensable (…)

Lo que en el sentido más estricto se llama felicidad, surge de la satisfacción, casi siempre instantánea, de necesidades acumuladas que han alcanzado elevada tensión, y de acuerdo con esta índole sólo puede darse como fenómeno episódico. Toda persistencia de una situación anhelada por el principio del placer sólo proporciona una sensación de tibio bienestar, puesta nuestra disposición no nos permite gozar intensamente sino el contraste, pero sólo en muy escasa medida de lo estable. Así, nuestras facultades de felicidad están ya limitadas en principio por nuestra propia constitución. En cambio, nos es mucho menos difícil experimentar la desgracia. El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; por fin, de las relaciones con otros seres humanos”.

 

 

De este pasaje se desprende la idea que la persona para insertarse en una sociedad debe suprimir ciertos comportamientos naturales (más ligados al mundo animal), que llevan a un malestar permanente que deben soportar para convivir en armonía. Sumado a nuestra incapacidad para combatir el paso del tiempo o la amenaza permanente que significa relacionarnos con otros seres humanos. Si bien la visión de Freud tiene casi 90 años, es cierto que todavía se mantiene vigente a pesar del paso del tiempo.

El reto consiste en discernir la dicha posible a la que puede aspirar cada uno en un sentido muy moderado. Es más, si lográramos mantenernos en un estado de satisfacción por mucho tiempo, sólo obtendríamos una sensación ligera de bienestar, porque nuestra condición humana es paradójica: gozamos intensamente el contraste entre la felicidad y el sufrimiento y muy poco el estado”, manifiesta  Jesús Ayaquica Martínez, docente de la Licenciatura en Filosofía Universidad Intercontinental de México, en su escrito “Aristóteles vs Freud: debate sobre la felicidad”.

Por este motivo es que quizás, esa satisfacción sustitutiva solemos volcarla hacia el consumo. Ya sea a través de la vestimenta, las canciones, películas o series, libros y revistas, programas de tv, electrodomésticos o cualquier otro objeto material, canalizamos nuestro placer mediante el capitalismo con la intención de encontrar esa felicidad que tanto nos dicen que necesitamos.

El capitalismo está encargado en cierto punto de generar objetos que tienen felicidad para todos: el mejor auto, el último celular. Sin embargo, detrás de eso se desarma todo, ya que somos personas individuales”, afirma Alberio. “Desde el psicoanálisis se intenta abordar a una persona desde la forma integral. Preparados o no, no es algo general. No es una fábrica de zapatos donde todos van a salir iguales. Obviamente que pueden encontrar algo que pueda hacerlos felices en general, pero sigue dependiendo de cada sujeto. Para algunos puede ser un producto y para otros la búsqueda pasa por los cinco minutos de tomarse un café, no hay nada determinado”, aclara.

 

EL PAPEL DE LA RELIGIÓN

 

La felicidad tiene también un componente religioso, ya que la moralidad es una de las barreras que restringen nuestro comportamiento y nos asocian a un grupo determinado con el que nos sentimos identificados. Estar por fuera de ello, significaría sentirnos aislados y por lo tanto infelices.

Claro está que esto no se trata de una decisión personal, incluso hay quienes podrían decir que no se identifican con ninguna religión, aunque el haber crecido dentro de una sociedad que sí lo es, teniendo en cuenta los valores, normas de comportamiento y creencias que posee, genera cierto “molde” de la persona. Además es importante entender el término religión no como algo estrictamente ligado a lo eclesiástico sino que puede alcanzar también a un equipo deportivo o banda también, por ejemplo.

En 2011 se conoció que un estudio realizado por el sociólogo Jan Eichhorn, de la Universidad de Edimburgo (Escocia), reveló que la relación entre la religiosidad de un pueblo y la felicidad individual depende de cada sociedad. Según éste, “la felicidad que aporta la religiosidad se derivaría, principalmente, de la coincidencia individual con el ‘estándar’ religioso de cada país, en particular con el patrón visible de religiosidad de cada nación”.

De otro modo, las personas serían más felices cuando se encuentran en un grupo social afín a sus propias creencias.

 

¿LA CLAVE ESTÁ EN LA NATURALEZA?

 

La felicidad del ser humano se vio afectada en cuanto a proceso evolutivo y adaptación se refiere, por el entorno natural y el clima en el que se encuentra, así como por los diferentes momentos que atravesó hasta llegar al presente. Para la biología, el entorno natural puede acercarte o definirte en la felicidad, aunque teniendo en claro que la naturaleza no diseña ni tiene intenciones.

La clave para ser felices, entonces, podría estar simplemente en la naturaleza y no en dentro del capitalismo o la religión. De hecho, un estudio publicado por John Zelenski y Elizabeth Nisbet en la revista académica Environment and Behavior, llamado “La felicidad y el sentimiento de conexión: el papel distintivo de la naturaleza”, probaría esto.

Los autores realizaron el estudio con la idea de responder un interrogante: “¿Es el vínculo entre la naturaleza y la felicidad independiente de las otras cosas que nos hacen sentir emocionalmente conectados con la vida, como la familia, el país, la cultura, la música y los amigos?”.

Para el estudio midieron los sentimientos de conexión que las personas tienen, distribuyéndolos entre muchas esferas entre las que se incluyó a la naturaleza. De allí se desprendió que se trataba de una relación muy significativa ligada entre sí, por hacer sentir a las personas “conectadas con la vida” y darles una “sensación de felicidad”.

Según concluye esta investigación “la relación con la naturaleza tiene un beneficio de felicidad distinto“, que puede desempeñar un papel importante para la salud mental. Además los resultados arrojaron que “nuestra conexión emocional con el mundo natural es distinta de otras conexiones psicológicas en nuestras vidas; La relación con la naturaleza a menudo predice la felicidad independientemente de otros factores psicológicos; y que las conexiones psicológicas con la naturaleza tienen la capacidad de facilitar actitudes sostenibles, y pueden ser una herramienta importante para preservar nuestro medio ambiente”.

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