Entrevistas

Enrique Pinti: “Estamos en la época del panqueque y de la ensalada de fruta”

Durante cinco décadas utilizó todos los espacios para expresarse. Sus monólogos plagados de palabrotas y en tono ácido es lo que más nos hace identificar hoy a este señor. El analista de la escena política nacional y hasta mundial, se tomó un largo rato para hablar en Ciudad Despierta.

Enrique Pinti: “Estamos en la época del panqueque y de la ensalada de fruta” - Radio Cantilo

jueves 27 Jun, 2019

“El mayor rapero de Argentina”. Esa fue la definición de Charly García, aquella tarde que Enrique Pinti y él se encontraron en un restaurant porteño.

Me señaló desde la mesa y me dijo ‘Vos sos rap’. Yo ni sabía lo que era el rap…”, cuenta Pinti con total honestidad. Era 1991 y aunque estaba seguro de que era una locura más de Charly, aceptó. El resultado fue Radio Pinti, el segundo álbum de estudio de García junto a Pedro Aznar en el que Pinti se encargó del rap y la locución.

Si nos detenemos a pensar un minuto, el rap consiste en ese recitado rítmico de frases que tratan de transmitir un mensaje muchas veces crítico con la sociedad y las circunstancias actuales. Algo no tan alejado de lo que durante décadas hizo Pinti. Charly tenía razón.

Enrique tenía 26 años cuando comenzó a meterse en esa suerte de sótanos porteños donde comenzaron a crearse los café concert, como una manera de sobrevivir de los artistas. Salió así, y de esa forma comenzó a construirse el actor, el humorista, el escritor y el dramaturgo, que durante prácticamente cinco décadas utilizó todos los espacios para expresarse; y sin dudas sus monólogos plagados de palabrotas y en tono ácido es lo que más nos hace identificar hoy a este señor. A este gran analista de la escena política nacional y hasta mundial.

No soy el primer standapero -dice, no obstante-. Parravicini [Florencio] y todos los grandes de la revista porteña de la década del ’30 ya hacían sus monólogos políticos. El propio Tato Bores ha dicho la mitad de las cosas que yo digo. La vigencia que tiene lo que decimos es increíble”.

Quienes este viernes 28 de junio vayan al Teatro Coliseo Podestá de La Plata a ver “Al Fondo a la derecha… El último que pague la luz (si puede!), el unipersonal de Pinti, comprobarán que esto es así. En su monólogo se burla de la famosa “grieta”. Hace un recorrido que dejará ver que los disensos siempre existieron, y la historia lo demuestra.

“Se ponen de moda ciertos razonamientos, o terminologías, pero la diferencia de opiniones, más profundas o menos, más pacíficas o más violentas, ha existido siempre en el mundo. Desde un lado es positivo que así sea. El fanatismo es inherente a los seres humanos, aunque para mí es un detalle negativo. Hay gente que se fanatiza con la política y gente que no, pero lo trata tan mal la situación que se enfurece”, define, y profundiza la idea: “La gente que tiene que comer salteado, sin ningún merecimiento, se pone nerviosa, y ¿a quién le va a echar la culpa si no es a los que llevan los destinos del país? Hay una irritación que hace que de pronto ciertos sectores que se ven afectados desarrollen un odio con la administración actual o la anterior, y son diferencias muy difíciles de zanjar”.

Esa gente a la que Pinti hace referencia es toda gente que sufrió en carne propia distintos momentos críticos de la Argentina: “A la gente que sufrió la crisis del 2001 y se quedó sin nada, no le podés hablar de De la Rúa, ni de alianzas. El que quedó arruinado, el que se fue a la mierda, el que tuvo un pariente que se murió de un infarto, nunca más va a querer apoyar eso, les despierta un odio de la Gran 7… de la misma manera que quienes fueron arruinados por otras debacles económicas. Es difícil convencerlos de que hay que tener paz y tolerancia, porque los dejaron culo para arriba. No es mi caso ni el de miles de argentinos, pero sí el de millones que quedaron afuera del sistema”.

Lo peor que nos puede pasar a nosotros y a cualquier país del mundo es que haya tanta gente fuera del sistema. Que por cuestiones económicas y políticas se deje marginada a mucha gente. Es gente que al estar resentida puede ser pasto de fieras de cualquier tipo de extremismo, y ahí es donde se arma el desastre, la desigualdad social económica profunda”, reflexiona, y sigue en esa línea: “Porque una cosa es que vos tengas más o yo tenga menos, de acuerdo al rendimiento en tu trabajo, que son las leyes del juego, y otra cosa es la gente que queda culo para arriba habiendo trabajado toda la vida; que a los 60 años tiene una jubilación que no le alcanza para nada, y tiene que oír los mensajes gubernamentales diciendo ‘que aguante 4 o 5 años a que la cosa se arregle’ y saben que no tienen futuro”.

 

El concepto de gente excluida, y su problemática, es mucho más profundo y a Pinti lo lleva a pensar en las raíces de esa situación, sobre todo para pensar qué hay detrás de un pibe de 9 o 10 años que sale a robar. “Han nacido en la miseria de padres de miseria. Sus padres ya perdieron el trabajo, sus abuelos tenían un trabajo precario… Son tres generaciones: el abuelo se las arregló como pudo, y el padre ya no tenía trabajo, o se dedicó al alcohol o se fue a la mierda. Entonces ese chico nació excluido. Tenemos una idea del tiempo completamente falseada“, agrega, crítico también con quiénes hacen que nos formemos esa idea, a partir de buscar cuál es el origen de la decadencia presente.

“Los políticos de acuerdo a la ideología que tengan te dicen que la decadencia del país comenzó en tal o cual década”, y ejemplifica: “Los que son muy antiperonistas te dicen que el país se fue a la mierda cuando Perón subió al poder en el año 46. Los que son un poco más de izquierda te dicen que el problema empezó con el golpe del ’76 y el proceso militar y que ahí se descompuso para siempre. Y los que somos más viejos pensamos fue con el golpe del ’30 a Irigoyen, que reventó una democracia que venía encarrilada. Y la verdad es que hay que hacer una autocrítica: todos tuvieron sus cosas buenas y cosas malas, excepto la dictadura que no tuvo perdón de Dios –porque cuando se conculcan los derechos humanos y se mata a la gente por lo que piensa... o ni siquiera se la mata, se la desaparece, eso es demasiado monstruoso para poder justificar– pero si no, todos los gobiernos han hecho cosas buenas y malas. El tema es que hay una decadencia total y absoluta que no sabemos de dónde viene ni cuándo”, resume finalmente el siempre verborrágico Pinti.

Pero como el gran conocedor de la historia mundial y argentina que es, puede irse en el tiempo aún más lejos. A fines del siglo XIX, hubo mucha gente que llegó a Argentina en busca de paz, huyendo de las persecuciones políticas, de la guerra y del hambre. Más adelante en el tiempo, durante la primera mitad del siglo XX, con la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y la Guerra Civil Española, “toda esa gente vino de la debacle de un continente de gran cultura como Europa que se degeneró en algo horroroso, con Stalin, Franco, Mussolini y Hitler. ¿Cómo era posible que en pleno siglo XX esos monstruos se desarrollaran en países de culturas milenarias, antiquísimas, que eran las que les habían dado pauta de la cultura occidental?“, relata Pinti.

 

 

“Esa descomposición hizo que esa guerra y ese horror tornara la vida imposible… el hambre, campos de concentración… Esa gente vino disparada de todo eso a este continente y sobre todo a Argentina, donde encontraron una tierra donde se podía estar mal, se podía vivir en un conventillo, sin agua caliente, sin nada, pero con la sensación de que tenían un futuro. Esa gente venía tan destruida que no les importaba trabajar 14,16 horas diarias porque venían del horror, y aunque las condiciones no eran buenas, se aguantaban, hacían lo que podían, tenían la sensación de que esas condiciones eran transitorias y que era un país de oportunidades. Se podía vender chatarra, y a lo mejor en unos años podían tener otra posibilidad, se podrían abrir una mercería, un almacén, y con esfuerzo sus hijos podían ir a la escuela, porque era gratuita y obligatoria, y podían tener otro nivel de vida”, describe, para poder llegar a un pensamiento que señala algo muy actual:

Esa época pasó, entonces no se le puede exigir lo mismo a la gente que nació en un país presumiblemente democrático, libre y rico, que ahora se joda, y viva en villas miserias, y cuando esa gente se queja, se les diga… ‘Mi abuelo era inmigrante, vivía mucho peor que ustedes, y no se quejaba! No hacía choripaneadas’. La situación es completamente diferente. Aquel país con muchas desigualdades sirvió para que mucha gente se reconstruyera, ESTE país, en cambio, -remarca la palabra– no le sirve a nadie como está, y no sabemos cuándo empezó a caerse. Pero cuando se terminó aquella cultura de trabajo, claramente eso no fue bueno”.

“El tiro de gracia se dio cuando nos dijeron que comprar dólares daba más resultado que un trabajo. Nos impusieron esa idiosincracia. Apareció Martinez de Hoz, en la Dictadura, cerró fábricas, y dijo que no había necesidad de que acá se produjera porque vivíamos de las vacas. Les metió en la cabeza a los argentinos el dólar y la plata dulce. Entonces…. con una nación cuya clase media tiene la cabeza podrida, pensando que la especulación alcanza porque la plata no sirve para nada, no es un buen cimiento para que la gente vaya para adelante”, concluye con acierto.

 

De manera inevitable, la crítica también apuntará directamente a nuestros representantes políticos actuales. Pinti recuerda a los líderes del pasado, y admite que, aún con sus contradicciones, “eran más netos”:

“Venían de un desarrollo histórico diferente, ahora estamos en la época del panqueque y de la ensalada de fruta. Mañana puede salir una fórmula entre Hebe de Bonafini y Elisa Carrió, y salen contentas y dicen ‘Hemos limado nuestras diferencias’… ¡Pero dejame de joder! Eso no da confianza a la gente… sobre todo al que tiene memoria. Y los que optan por tener un perfil propio, después no los votan. Nuestra cabeza está deformada. Por ejemplo, viene Lavagna, que se pudo haber equivocado, pero se presenta, ‘si ustedes quieren que yo sea presidente’, dice… Pero ¡morite viejo!, y no lo vota nadie”.

“Honestamente, creo que nos dan a elegir entre la horca o la guillotina, la silla eléctrica y la cámara de gas. Y nos quedamos con la inyección letal“, dispara con ese humor ácido fiel a su estilo.

El mismo que este viernes desplegará en su unipersonal, y el mismo que construyó el personaje de Pinti durante décadas, pero que nos convence de que, en definitiva, no hay un personaje. Es Enrique Pinti auténtico, a sus casi 80 años. Una de las joyas culturales más valiosas, y bien nuestra.

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