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“El cielo es ahora una gran banda”, y Foo Fighters también

Crónica de una noche de escandaloso Rock and Roll en Buenos Aires que cerró la gira internacional de Foo Fighters y Queen of The Stone Age.

“El cielo es ahora una gran banda”, y Foo Fighters también - Radio Cantilo

domingo 11 Mar, 2018

Por Ayelén Berdiñas

“Como va a vender humo hoy” decían algunos entre risas mientras esperaban en la interminable cola para entrar al campo.  Y la historia del miércoles 7 de marzo en el estadio del club Velez Sarfield empezó así: “¿Están listoooooos?”  preguntó Dave Grohl,haciendo estallar a las casi 50 mil personas con los primeros acordes de “Run, uno de los cortes del último disco Concrete and Gold” (2017) abriendo una noche que contó con tributos, vértigo, muchos riff y zapadas eternas, ratos de stand up, solos exquisitos en la batería, clásicos incuestionables y claro, mucho rock and roll.

Del último disco sonaron cuatro canciones y tal vez uno de los momentos más nobles del show se lo llevó The Sky is a Neighbourhood con un coro femenino que angeló la canción, compensando la energía desenfrenada del rock que acaricia la banda en algunos pasajes musicales.

“¡You´re mother fucker crazy!” gritó Grohl unas diez o quince veces. La euforia no fue solamente de los fanáticos esta vez. Tanto el líder de Foo Fighters como el resto de la banda de Seattle no daban crédito a lo que sucedía. La gente acompañó con cánticos constantes, desde los clásicos “olé olé olé” y “pan y pino y pan y vino” hasta los coros dedicados especialmente a Grohl o Taylor Hawkins, el baterista y segundo indiscutible en las líneas de Foo. Argentina los recibió con calor y ellos respondieron con una noche de furioso Rock and Roll.

Pasaron 26 años y nueve discos desde de Dave Grohl tocó en el país como parte menos protagónica de Nirvana. Esta vez, lo hizo como líder, tipo simpático del mundo del rock, y como amo y señor de una noche que le pediría mucho de lo que dio. Improvisó una canción que repetía “Te amo Argentina”, y “están locos hijos de puta”, corrió de un extremo al otro del escenario  jugando con la guitarra y agitando a las masas en el comienzo, centro y cierre de la noche. Transpirado desde el segundo tema, nunca dejó de desafiar al público: “¿Quieren más?” Gritó.  “¿Quieren más?, repitió. “Yo también, hijos de puta”.

Pasando la mitad del recital comenzaron las largas presentaciones individuales, en las que apareció de todo. Un mushup de “Imagine” de John Lennon con “Jump” de Van Halen que realizó Grohl junto a su tecladista, Rami Jaffee. Un exquisito trazo “Another One Bites The Dust” de Queen, en la presentación y en el bajo de Nate Mendel, que siguió con el momento de Pat Smear, quien ni siquiera necesitó presentación. La ovación del público acompañó a su guitarra haciendo “Blitzkireg Bop” de los Ramones y una vez más Pat sonrió con desdén, zarandeándose de un lado hacia el otro con la relajada actitud de quien ya vio todo desde un escenario y ahora se dedica simple y sencillamente a disfrutarlo.

 

La presentación dorada fue para el mejor amigo de Grohl: Taylor Hawkins. En un juego de amor, Grohl repitió una y otra vez “Amo a Taylor Hawkins”, quien sorprendió regalándole a su compañero una a capela de “Love of My Life”. Como ya había hecho un furioso solo en la batería que duró más de diez minutos, el batero y el cantante intercambiaron roles: dos décadas y media después, Grohl volvió a tomar los palillos en Argentina y lo hizo para que Howkins cante “Under Pressuare” de Freddy Mercury y David Bowie, atravesando otro de los emotivos momentos que tuvo la noche.

Lejos de la mega producción que pueden tener Coldplay o U2, Foo Figthers entra en la categoría “banda de estadio” aunque por otras nobles cualidades. El juego de luces lo hizo la gente, en un apagón pedido por Grohl, donde las 50 mil personas encendieron sus teléfonos celulares y todo fue luz otra vez.

Los pasajes emotivos suelen suceder en los clásicos: “These Days”, “Learn to Fly” (al comienzo), “Pretender” o “All my Life”, “Monkey Wrench”, “Times Like These”, “Generator”, “Big Me” y “Best of You” fueron las canciones que trazaron la línea de un show que se aseguró el acompañamiento masivo en los climas de cada canción. El viejo truco de la banda con cálidas intro y estridentes estribillos nuevamente funcionó.

Siendo en la actualidad el entretenedor número uno del Mainstream, Grohl tuvo varios ratos de diálogo en Spanglish con su gente. Cuestionó sobre a quién adjudicarle la locura de la noche, si a los fieles seguidores de siempre o “a los nuevos”. De todas maneras agradeció una y otra vez por el calor ruidoso y el apoyo. Prometió volver y por eso mismo no dijo adiós, sino hasta pronto. Con una cámara infrarroja en backstage, habló con señas a la audiencia y volvieron al escenario para tocar “dos, o tal vez tres temas más”. Cerró con el coro de ángeles acompañándolo en “Dirty Water”,  para seguir con “This is a call” y la irrenunciable “Everlong” que cerró la noche de casi cinco horas de música (contemplando el show previo de Queen Of Stone Age), dejando a todos los presentes extasiados, y con gusto a mucho.

EL LADO B DEL ROCK: PROBLEMAS EN EL ACCESO Y ENOJO MASIVO

Cerrando un miércoles laboral, el público se amontonó sin demasiado tiempo extra en el estadio José Amalfitani, en donde una vez más, el acceso protagonizó un atardecer de furia. Queen of The Stone Age realizó lo suyo a tiempo y  con más de la mitad de espectadores en la puerta: una muy cuestionable organización en el estadio hizo que todo el público de campo pueda acceder únicamente por una puerta. Lo que generó un embudo y más de diez cuadras de cola en sig sag, logrando demora de más de una hora y media para entrar. Muchos de los fanáticos se perdieron el recital completo de QOTSA, llegando enfurecidos al acceso del estadio. Las denuncias en los sitios oficiales de las bandas y la organización, tanto como en Tw e Instagram no tardaron en llegar. ¿Pagaste por dos, pero te perdiste uno?. Volvé la próxima. No hay vuelta atrás, y tampoco hubo respuestas o explicaciones.

PH: Gallo Bluguermann 

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