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Club Silencio: ¿De qué se trata entregarse a la música?

Club Silencio es una experiencia sensorial y musical, que se vive a ojos cubiertos y se propone como un viaje por los rincones de la mente. Su creador, el músico Shoni Shed, llevó ese viaje unos instantes a Ciudad Despierta

Club Silencio: ¿De qué se trata entregarse a la música? - Radio Cantilo

jueves 08 Ago, 2019

Hay un momento en la película Mulholland Drive (renombrada El Camino de los Sueños en Argentina) en que los personajes llegan a un local en Los Ángeles llamado Club Silencio. En ese extraño lugar, hay público y un hombre vestido de negro en el escenario que dice enérgico: “No hay banda”, mientras una trompeta suena de fondo.

 

Esta escena pudo haber inspirado al músico Shoni Shed, amante del cine de David Lynch, que una tarde de 2008 quiso ponerle luz a esa secuencia. Se imaginó un lugar, un público y una música de fondo, y decidió experimentar.

 

Convocó a sus amigos: “Guárdense esta fecha que quiero proponerles una experiencia”. Con cierta cautela, aunque obedientes, asistieron y fue la primera vez que Shed puso en práctica su idea.

 

Al principio se asustaron un poco, les dije: ‘No se preocupen’.  Y la verdad es que lo disfrutaron muchísimo. Incluso dos de ese grupo me propusieron sumarse y al poco tiempo lo estábamos haciendo semanalmente, con un show que se renovó ya cuatro veces y en diferentes partes del mundo”, narra su creador.

 

Pero, ¿de qué se trata Club Silencio? Para Shed es difícil catalogarlo, y en algún punto goza de la idea de mantener el misterio. “Es un recital, pero tiene algo de experimental que lo diferencia”, dice. Club Silencio es una experiencia sensorial y musical, que requiere dos condiciones: se vive a ojos cubiertos y se requiere la entrega -al menos mental- de quienes se aventuran a vivirla.

 

Las personas llegan con una vaga idea de cuál es la propuesta, y, con los ojos cubiertos, son llevados a un viaje por rincones de su propia mente. Luego vendrá la segunda parte de la experiencia: un despertar visual y un momento de música unplugged que terminará de darle sentido a todo.

 

“En estos tiempos de estrés y de sobreestímulos, y en una ciudad como ésta [Buenos Aires], cubrirnos los ojos es el primer paso para dejarnos llevar por otros estímulos y sensaciones que en el día a día no se nos generan tan fácilmente”, explica Shed. “Cuando nos vendan los ojos nos ponemos totalmente vulnerables pero necesariamente entrás a un mundo que se te abre. Ha pasado que algunas personas se ponen a la defensiva, pero con el paso de los minutos se van relajando y se entregan a disfrutar”.

 

Según Shoni, precisamente ahí está lo interesante de la propuesta: “Que cada uno se encuentra con uno mismo, con sus luces y sus sombras y una serie de sensaciones, recuerdos y emociones”.

 

“La idea es que el espectador se conecte consigo mismo y para eso se busca que el viaje sea placentero, si bien puede haber cosas que no agraden tanto a algunos…, no todos somos iguales. Todo esto tiene que ver con qué hay dentro de uno, por eso hay gente que no logra entregarse a la experiencia”, cuenta también.

 

Shed puede comparar la experiencia con alguna técnica que propone la meditación, si bien es frecuente que quienes asisten a Club Silencio lo hacen en grupo o en pareja: “Meditación es sentir el aquí y el ahora y este viaje te obliga a estar aquí presente, pero la diferencia es que podés compartirlo con alguien, viajar con vos mismo o con tu pareja”.

 

El músico recuerda con fascinación la escena relatada de Mulholland Drive, y admite a David Lynch como uno de sus preferidos. “Estudié dirección de cine, y traté de unir las dos cosas, lo visual y lo musical. Me dije: voy a contar una historia, voy a mostrar sin mostrar. Esa escena de la película muestra un espacio teatral donde el sueño y la realidad están en el mismo filo. Pero hay mucha oscuridad ahí, y Club Silencio se caracteriza por no ser oscuro, es algo más lumínico, y es muy psicológico a su vez”, describe.

 

Y lo es sin dudas, porque Club Silencio contó con asistentes que fueron derivados allí por su propio psicólogo. Shoni Shed nunca hubiese creído que esto podía ocurrir en aquella rara idea que nació hace 10 años tan sólo como un experimento.

Cuando empecé no sabía lo que estaba creando, después me di cuenta de que era algo valioso, que le hacía bien a la gente por ser un momento de escape. Soy músico desde que tengo uso de razón y mi idea fue compartir mi música de manera diferente, llegar a la gente a través de las sensaciones. Algunas personas me han llegado a decir que vuelven porque lo necesitan, porque es un oasis en el desierto”, cuenta Shed.

 

La experiencia Club Silencio tuvo réplicas en provincias como Tucumán y Rosario, y fuera del país en Chile y en Colombia. El denominador común en la reacción de la gente pareciera ser cierta reticencia a la hora de cubrirse los ojos… para luego no querer quitarse la venda y “despertar”.

 

Sin embargo, Shed prefiere que estos eventos se mantengan en lo under, porque otra de sus características es que son necesariamente íntimos, para un grupo reducido de no más de 28 personas: “Nunca salimos demasiado a la luz justamente con este objetivo. Club Silencio me dio muchas satisfacciones, me reconforta escuchar a la gente diciendo que es un espacio diferente, íntimo y cálido en el medio de una jungla de cemento”, concluye.

Shed mide sus palabras hasta el último momento de la charla, en busca de mantener ese misterio que caracteriza a Club Silencio. Tal vez sea por ello que suscita intrigas y una gran curiosidad por saber de qué se trata entregarse a la música, sin más presencia que uno mismo y los rincones de su mente.

 

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