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Cinco años de #NiUnaMenos: aniversario de una lucha y una deuda que perdura

Un 3 de junio de 2015 una llamada de furia en Twitter por un nuevo femicidio vaticinó una marea feminista que marcaría un antes y un después en la historia social argentina.

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Cinco años de #NiUnaMenos: aniversario de una lucha y una deuda que perdura - Radio Cantilo

miércoles 03 Jun, 2020

Hasta el año 2015, en los medios y en las causas judiciales de nuestro país, al femicidio se lo mal llamaba “crimen pasional”. En consonancia con un sistema judicial patriarcal y poco representativo de la realidad, la naturalidad frente a la muerte de una mujer asesinada cada 30 horas en manos de un varón adormecía una deuda histórica con los feminismos de la Argentina.

Hace cinco años y con el antecedente de un fuerte movimiento social desde los márgenes, las mujeres y disidencias se encontraron en las calles con una consigna: que paren de matarnos. La periodista Marcela Ojeda escribió en las redes un grito de hartazgo frente al femicidio de Chiara Páez y junto a otras comunicadoras organizaron la primera concentración en el Congreso.

La convocatoria superó los límites de lo esperable y tradujo una necesidad concreta de miles de mujeres de todas las generaciones, regiones, agrupaciones, clases sociales, sectores políticos y gremiales. Militantes,  comunicadoras, políticas, estudiantes, actrices, músicas, empleadas, licenciadas, jubiladas y jóvenes de todo el país le dieron rienda suelta a la ampliación de un espacio político completamente diferente a lo conocido hasta el momento. Lo que iba a pasar después no lo imaginó nadie: el movimiento feminista comenzó a tomar un gigantesco volumen que con los años se sintetizó en la marea verde, una expresión multitudinaria de matriz política, transversal y transformadora.

Según un informe del observatorio “Ahora que sí nos ven”, desde el 3 de junio de 2015 al 25 de mayo de 2020 en Argentina hubo 1450 femicidios. De ese total, un 64% sucedieron en la vivienda de la víctima y el 45% fue cometido por la pareja.

Las demandas históricas y las deudas pendientes

El documento leído ese 3 de junio de 2015 tenía entre sus principales demandas la declaración de Emergencia en Violencia de Género; la creación de refugios y centros de contención psicológica, jurídica y social gratuitos para las mujeres (hoy existen los Polos Integrales de las Mujeres); la capacitación en perspectiva de género a todos los funcionarios públicos (conocida hoy como Ley Micaela); la adhesión a la Ley de Protección Integral de las Mujeres 26.485 (ya adherida); la creación de un registro único de femicidios; la adhesión de los medios a protocolos de tratamiento periodístico de la violencia de género; y garantizar la educación sexual integral en todos los niveles educativos; entre otros. A eso se sumó la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (con media sanción de Diputados en 2018), la federalización en el acceso a la salud sexual y reproductiva, el cupo laboral trans, entre otras.

Con el feminismo amplificado llegaron a las mesas de las hogares, a los trabajos, escuelas y universidades las discusiones que alguna vez fueron aisladas. Se debate sobre el lenguaje, el acceso al mundo del trabajo, a los espacios de liderazgo, o la forma en la que un hombre se refiere a una mujer. No tardaron en llegar las peleas históricas sobre la educación patriarcal, el transodio, la gordofobia, la discriminación de género y racial, la construcción de humor machista, de publicidad hegemónica y la lista sigue.

Si bien podemos registrar innumerables avances sociales, políticos y legales en materia de derechos para las mujeres y disidencias, los números que arrojan los casos de femicidios enfurecen y preocupan. En lo que va de 2020 hubo 79 femicidios y 44 se dieron en cuarentena.

Hoy la bandera de Ni Una Menos flamea de forma virtual pero la lucha continúa. Todavía muere una mujer cada 30 horas y la violencia machista se traduce en infinitas tramas sociales hasta llegar al femicidio. Es tarea de todas y de todos continuar desatando algunos nudos sociales que hacen de este un mundo un lugar infinitamente más injusto, doloroso e incluso peligroso para las mujeres.

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