Entrevistas

Ser drag queen: una búsqueda personal

Después de instalado el movimiento social LGBT, el drag comenzó a ser más común. Es una expresión de género y también una burla de las nociones tradicionales de género. Conocer más es un comienzo para derribar prejuicios, y esa fue la idea de esta charla con La Rula Queen, en Ciudad Despierta.

Ser drag queen: una búsqueda personal - Radio Cantilo

jueves 29 Ago, 2019

El movimiento drag puede parecer para muchos algo nuevo, pero sus orígenes están mucho más atrás en el tiempo. En rigor, surgió en Inglaterra como un elemento dramático en el siglo XIX y satirizaba a la aristocracia, y al género femenino dentro de esa aristocracia. Lo hacía a través de sketchs en los que principalmente había hombres disfrazados de mujer para provocar humor.

De modo que a la crítica más resonante que el colectivo feminista hace a los drags, sobre la intención de perpetuar estereotipos de género, puede respondérsele que la intención es otra, y ésta es la esencia de los drag: la burla deliberada de las nociones tradicionales de género y sus roles.

Pero el movimiento va más allá: es una forma de expresión y de arte. Después de instalado el movimiento social LGBT, el drag comenzó a ser más común como una expresión de género ya enfocada a la identidad transgénero.

“La idea de lo drag es un poco deconstruirnos y volver a construirnos sin encasillarnos en ningún género: ésa es La Rula, un producto artístico que no es hombre ni mujer, simplemente es”, define La Rula Queen, un artista que lleva ya un par de décadas sobre las tablas y que no para de reinventarse.

La Rula es consciente, de igual modo, del peso de todo símbolo social, y entiende que es necesario partir de un determinado conocimiento “para poder hablarlo, vivirlo, transitarlo”. “En esto de no poner género está todo el símbolo social de que si te vestís con tal cosa sos mujer, y si tenés tal otra sos hombre. La idea es romper con eso. Raúl Gómez, que es con quien estás hablando, tiene las uñas pintadas y eso no me hace ni más ni menos hombre. Me gusta tenerlas pintadas. Claro que voy al súper y veo la mirada de los demás cuando doy mi tarjeta de débito… Pero aclaro que pienso seguir pintándome las uñas y está bueno que cada uno haga lo que tenga ganas de hacer”, resume.

 

Raúl Gómez está “atravesado por el mar”: nacido en San Clemente del Tuyú, no duda que sus orígenes fueron la clave de haber elegido expresarse de manera artística muy tempranamente. De haber iniciado una búsqueda personal sin ataduras, sin prejuicios, sin la mirada reprobatoria de nadie. Después de su carrera profesional como bailarín de tango y folclore, de integrar el Cosquín y otros festivales y de representar al país en el exterior como tal, la búsqueda de Raúl continuó: se especializó en Ciencias de la Educación y se abocó a la caracterización teatral.

“Desde entonces se puede decir que empezó a nacer La Rula. Se viene alimentando desde 2004. En mis 16 años ya había gente que se refería a mí con ese nombre, y seguramente tuvo que ver con mis pares de San Clemente. Era un lugar sumamente familiar y siempre tuve mucha recepción. Allí en la peatonal me vestí de paisana y monté una peña. Fue una forma de hacer visible esto, de naturalizarlo”, cuenta La Rula.

Tenía esa fantasía artística relacionada con la interpretación, y la dejó desarrollarse. Ese fue el ingreso al mundo drag. Donde las reglas permiten expresarse, liberarse, hacer lo que se siente. Y dentro de ese hacer está la posibilidad de crear personajes independientemente del género; esto es así porque el drag no tiene género y aunque lo asociamos al transformismo, va más allá de un hombre con atuendos exagerados del estereotipo de mujer: el drag juega con la confusión de no saber el género de la persona.

“Si la gente percibió que es transformismo uno de mis shows, está bien; yo no soy quien para decir cuál es el límite. El término transformismo está muy instalado, y refiere a un hombre que se produce y se transforma en mujer. En mi San Clemente hice muchos espectáculos de transformismo. Después fui haciendo una búsqueda personal, adquiriendo técnicas para ir creando La Rula”, cuenta.

En esta noción de no género, muchas veces lo drag puede reunir un ser de fantasía, y La Rula no escapa a esto.

“La Rula no puede estar encasillada en un género. Es un producto artístico, claramente lo que hacemos es buscar elementos sumamente femeninos, pestañas gigantes, tacos altísimos, generamos una silueta exagerada, maximizamos los detalles de la mujer, los exageramos, obviamente con mucho respeto. Un drag es eso, pero hay mucho más en torno de esto. Es un proceso y una búsqueda y una construcción tan personal, que ninguno se parece a otro. La Rula es la construcción de todo lo que yo viví en mi vida”, aclara.

Gran porcentaje de un día de Raúl Gómez transcurre en dos lugares: en el Teatro Argentino, donde trabaja en la sección de peluquería y caracterización teatral, y en la Escuela de Danzas Tradicionales, donde es docente de caracterización teatral. Por la noche, La Rula Queen aparece y se reparte entre un bar gay, y La Reina -resto disco show-, donde desde hace seis años se para frente al público y se expresa: “Llevo un momento estético, de arte, de compartir y militar. De mostrar la diversidad por ese lado. Lo que hago es arte en movimiento, porque al producto La Rula se llega con una serie de condimentos. Está todo pensado y amalgamado, hay una composición, hay técnicas y una caracterización, un vestuario teatral diferente al social, pelucas, cascos, cosas armadas con materiales no convencionales; un material que para alguien es basura, para mi cobra vida, lo reciclo y lo luzco, por eso me defino como arte en movimiento”.

La Rula sabe que es una búsqueda constante, porque una vez que se define el producto arranca el objetivo de generarle una identidad y es una búsqueda que siempre se continúa. No sólo en su propuesta estética y de vestuario, en los que se siguen patrones elegidos en base a lo que se quiere representar y mostrar, sino también en cuanto al tipo de show. El drag comenzó por el camino del humor, pero hoy se perfila hacia lo performático, animaciones, presencias y diálogo con el público.

“Las tablas son el lugar que más cómodo me siento. Arriba del escenario no he vivido situaciones malas, ni miradas raras. Hay mucha naturalidad en lo que hago, en el sentido de la buena vibra, y son varias cosas las que se amalgaman en el producto. Realmente creo que si se genera otra cosa, es problema del otro. Tiene tarea para el hogar: que lo resuelva solito“, ironiza con total franqueza.

Lo mismo pensó años atrás, cuando era adolescente y recuerda situaciones de señalamiento, en momentos en que todavía no tenía en claro quién era ni hacia dónde iba. “Yo no sabía que era gay, y ya estaba la mirada de otro que me rotulaba como puto. Esta etapa fue la más complicada de mi vida, y nunca fue por mi familia, que me dieron siempre todo el apoyo, sino por la gente. Porque si bien estamos en un momento en que se habla más de estos temas, hay todavía restos homofóbicos. La gente se pone nerviosa cuando ve que uno transita libremente lo que quiere ser”, dispara.

A La Rula le bullen la corona de proyectos, y no descansa. En La Plata, y otro tanto en Buenos Aires, donde, asegura, “vive la reina madre de todas”. Esos proyectos son los que forman parte de la búsqueda constante, a partir de una clara evolución: cuadros que ya no se identifican con su pensamiento, y que exigen un cambio.

“Siempre nos estamos reinventando”, explica. Porque su trabajo es eso: la conjugación de lo artístico con la expresión de una identidad. Pero ante todo, también, una forma de militancia.

 

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