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Entrevistas

Ro Vitale: “Yo escribo sobre lo que me parece sumamente urgente”

La cantante estuvo en el estudio Noberto “Ruso” Verea para hablar de su trayectoria y de la enfermedad que la obligó a ponerle pausa a su carrera.

Ro Vitale: “Yo escribo sobre lo que me parece sumamente urgente” - Radio Cantilo

martes 03 Dic, 2019

Romina Vitale comenzó sus andanzas por el mundo de la música cuando tenía apenas cuatro años, con la banda de su papá, Marcelo Vitale. Grabó con ellos una canción, a modo de juego, y unos productores que estaban por contratarlos les pidieron que la sumaran a la gira que iban a emprender en Paraguay. Incluso un mexicano les propuso a sus padres contratarla a esa corta edad, pero decidieron que, en aquel entonces, no era una buena idea.

 

Cuchi Calderón: ¿Qué tenía esa Ro Vitale que llamaba la atención? ¿Su voz, que era histriónica?

Ro Vitale: Algo de eso había. Era muy histriónica, era desenfadada. Tenía mucho banque con la cuestión del escenario, la cuestión social, con las notas. No me pesaba, me gustaba. Y además cantaba lindo, pero era una nena de cuatro años. Yo creo que el personaje llamó la atención. Hablaba mucho, tenía mucho léxico entonces podía dar notas fluidamente.

 

Gallo Bluguermann: Y volvieron a Buenos Aires.

RV: Volvimos a Buenos Aires y hubo mucho conflicto en el colegio porque las maestras pensaban que yo mentía, así que la pasé muy mal en ese rato hasta que se acomodó. Empecé a grabar un disco a los ocho años y finalmente no se editó, pero fue una experiencia larga de grabación, importante. Después de esto, empecé a componer de bastante chica y empiezo a gestar lo que fue mi primer disco.

 

CC: ¿Ahí es cuando tomás consciencia y decís “quiero hacer esto”?

RV: No, un poco después. Siempre tuve la sensación de que yo no podía estar segura si la música era una elección mía o una imposición familiar. Tuve la duda histórica de si esto era mío o de alguien más que lo proyectó en mí, o es porque lo hago bien y tengo que estar ahí porque lo sé hacer.

 

GB: ¿Lo disfrutabas igual?

RV: Es difícil. El registro del disfrute es difícil porque no sabés qué es lo que estás disfrutando: si el reconocimiento de tus papás que están contentos con lo que hacés, si lo que estás haciendo fehacientemente. Es difícil. Empecé a estudiar psicología cuando salí del colegio y quería tener una carrera de back up, quería darme otras opciones. Pero la música, de un modo u otro, venía siempre a cortarme las patas de las otras cosas. Arranqué la facultad y al toque tuve que irme a Miami a los MTV Awards porque mi disco estaba funcionando bien. Vuelvo, me reincorporo y empiezo a grabar mi segundo disco y vuelvo a la facu y aparece la misma situación: saco el disco y la facu me quedaba imposible. Eran muchas horas y dejé la facu. Estoy muy vinculada, pero la música siempre estuvo ahí.

GB: Hubo un evento que te marcó y te obligó a que frenes un poco: el TOC severo. ¿Cómo fue?

RV: Era imposible no darse cuenta, fue muy virulento. De una semana a la otra empecé a tener pensamientos irracionales sobre cosas que eran ridículas. Yo lo sabía, pero no podía combatir el miedo que provocan estos pensamientos irracionales. Las primeras cosas que me pasaron fue empezar a sentir que si salía a la calle iba a empezar a caer una lluvia de metales pesados. El temor era irrefrenable y dejé de salir a la calle. Después empecé a sentir que la comida estaba contaminada y dejé de comer. Y empecé a sentir que tenía que hacer rituales supersticiosos para caminar media cuadra y entonces media cuadra me llevaba media hora. En el medio de esta sorpresa de ver mi mundo modificado al extremo en dos minutos, tuve que empezar a ver qué era esto y llegar al diagnóstico. Costó, al principio no sabíamos muy bien con mi familia de qué estábamos hablando. Hasta que caí en un centro especializado en trastornos de ansiedad y en TOC específicamente, de la escuela cognitiva-conductual. Me diagnosticaron con un TOC muy severo y empecé mi tratamiento que consistió en una técnica que se llama exposición y prevención de la respuesta. Hay que saber que hay una técnica muy exitosa y es esta. Hay que visibilizar estas cuestiones, porque la gente tiende a esconderse y el TOC es una de las diez patologías más incapacitantes del mundo.

 

CC: ¿En algún momento pensaste que te estabas volviendo loca?

RV: No me pasó tanto esto. Quizás porque entendía que no tenía nada que ver con la psicosis. Pero sí tenía vergüenza. Los síntomas del TOC son bizarros, espectaculares, muy visibles. Como no estamos psicotizados, nos damos cuenta de que nos están mirando y es ridículo, entonces cuesta mucho lo social, salir a la calle. En un momento mi mundo era el borde de la bañera, pensaba 44 kilos y eso era todo.

 

GB: ¿La música qué papel jugó ahí?

RV: El estudio de mi casa había quedado bastante conservado. Me acuerdo que me había enamorado de John Mayer y era mi cable a tierra. Puse toda mi energía ahí y empecé a componer para él. Como una oda y como una conexión con el afuera. Me recordaba la música en ese momento que yo no era un paquete de síntomas, que mi identidad no estaba en la enfermedad. La enfermedad era algo que me estaba sucediendo, pero yo no era la enfermedad. Yo era esa mina que hacía música, que se sensibilizaba con otro músico, que tenía cosas para decir.

 

GB: ¿Dónde encontraste el quiebre para salir?

RV: No hubo un quiebre. Hubo un proceso largo de tratamiento y cuando ya pude empezar a salir un poquitito, apenas hacés pie, lo que me funcionó muchísimo fue identificar algo en relación al deseo. Al principio no podés porque es puro síntoma y todo lo que hacés es atender a la enfermedad, pero cuando salís un toque y ahí parás y decís “¿con qué puedo conectar?”. Alguien que me guste mucho, alguna cosa que me parezca muy importante, algo que realmente despierte mi motivación. A partir de ahí, el laburo se vuelve un poquito más fácil porque tengo un objetivo relacionado con el deseo. Empecé a conectar con cosas que me parecían importantes apenas tuve un poquito de aire y pude salir a pelear por ellas. Puede ser el amor, cualquier cosa. No se cura con eso, pero sí ayuda estar motivada. La música fue un elemento de mucho peso en ese sentido. Mis gatos fueron un motor.

 

GB: A nivel letras hacer catarsis o escribir sobre lo que te pasó era un lugar obvio. ¿Lo intentaste evitar o dejaste salir la inspiración?

RV: Nunca escribí una canción en relación al TOC. Sí, seguramente, esté atravesada. Lo que me está pasando ahora, que en realidad me pasó siempre pero ahora como más fuerte, es que escribo sobre lo que me parece sumamente urgente. Yo soy activista, estoy muy metida en el tema activismo antiespecista, ecologista, estoy todo el tiempo conectándome física y emocionalmente con las cuestiones que yo considero urgente, que me interpelan. Con mi primer disco, el primer corte difusión se llamaba “Colmillos de la calle” y hablaba de esto; en el segundo disco, “Caminante del cambio”, que también tenía que ver con una mirada regenerativa de nosotros como humanidad. Y ahora estoy saliendo con “Niña, toro y mar” que también habla de despertarnos a la crisis sistémica que estamos viviendo y tratar de acompañar una transición paradigmática. Estas son mis letras, yo hablo de esas cosas. Alguna que otra letra puede ser más banal, pero lo que a mí me interpela realmente son otras cosas y las pongo en las letras. No encuentro un mejor lugar que no sea ahí.

 

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