Entrevistas

Música para el Alma

Música para el Alma es una ONG integrada por músicos que llevan sus conciertos a la gente que por una u otra razón no puede trasladarse al lugar. La cantante Laura Delogu contó en Ciudad Despierta cómo música transforma cada momento.

Música para el Alma - Radio Cantilo

miércoles 24 Jul, 2019

A simple vista, o a simple oído, Música Para el Alma es un conjunto de palabras que acaricia. Se las pronuncia y hay una paz innegable que se transmite a medida que cada palabra cobra sentido. Por eso es imposible que el objetivo de quienes idearon esta ONG esté lejos de lo que genera su propio nombre.

Nació de una historia triste, pero también nació del amor, el día que dos músicos de una Orquesta Nacional de Música se conocieron, María Eugenia Rubio y Jorge Bergero. Años después, llegaría la noticia de la enfermedad de Eugenia, y su internación en la Fundación Salud.

Y llegaría también la idea de Eugenia y Jorge de usar la música para acariciar el alma, el día que organizaron, junto a otros músicos, un concierto en el medio de esa institución, allí, al lado de otros pacientes, enfermeros y presentes en el lugar. Fue un bálsamo dentro de la tristeza, y Jorge lo supo un año más tarde, cuando Eugenia ya no estaba, y resolvió que los conciertos tenían que repetirse, más veces, cientas de veces, y que todo aquel que no pudiera acercarse a la música tuviese la posibilidad de que la música se acercara a él.

“Todos vimos cómo toda esa música transformaba un momento de dolor”, cuenta Laura Delogu, cantante soprano del Coro Polifónco Nacional y una de las pioneras en MPA. “Al año siguiente fue el primer concierto formal, en la Escuela de Niños Ciegos de Caballito, y de un grupo de 8 músicos que eran entonces, hoy se convirtió en una red que tiene más de 2500 músicos en 10 provincias y más de 6 países”.

“Los que hacemos MPA somos músicos que trabajamos en teatros, en auditorios, coros y orquestas profesionales del país, que llevamos nuestro arte hacia la gente que por una u otra razón no se pueden acercar a un teatro o el lugar donde tocamos“, explica Laura, graficando de este modo cómo los músicos son quienes se trasladan a hospitales, geriátricos, centros de salud o de rehabilitación y hasta cárceles del país.

“Lo más maravilloso es que cuando uno se profesionaliza en la música, naturaliza ciertas cosas. Voy a un escenario, hago mi función, el público está receptivo hacia eso, y va con una carga de prejuicio o no. Aquí de repente transcurre un hecho musical en el hall de un hospital o el comedor de un hogar de adultos mayores, un hecho que no es habitual, y eso también hace que el acercamiento con la gente sea otro, porque la respuesta es franca y pura”, resume.

Concretamente, cualquiera de nosotros puede ir un día al hospital o clínica de su barrio a pedir un turno, y encontrarse con un concierto en vivo, cubriendo la sala de notas y sonidos, un pleno lunes a la mañana. A casi siete años del nacimiento de Música para el Alma, no es loco pensarlo. Pero sí lo era cuando estos músicos comenzaron, en 2012, a entrar a los hospitales a contar lo que hacían. “Éramos los raros que iban a pedir permiso… no entendían. Nos decían, ‘Bueno, pero ¿cuánto cobran?’ Hemos tocado y cantado en las formas más adversas que te puedas imaginar, trepados en la escalera, en los pasillos puestos en filas de a 10, como podíamos”, cuenta con tono divertido Delogu.

 

“Más allá del hecho musical en sí, que siempre alcanza un nivel, esto trasciende eso. La prefesionalización lleva a un cierto hábito y a que ciertas cosas se naturalicen. Pero acá cada concierto es único, es distinto. Se mueve la energía de todo el mundo, el paciente, el que acompaña, el médico. Pasan cosas que hace que se reacomoden las prioridades”.

Los grupos y géneros propios de Música para el Alma son variados. Los conciertos más masivos son los que se hacen en el hall de la institución elegida, y los grupos más reducidos hacen visitas a pabellones de internación, donde “la interacción es uno a uno y eso es maravilloso”.

Además, existe un formato autogestionado para aquellos grupos que no entran dentro del formato de concierto sinfónico o música de cámara, como un grupo de tango, un cuarteto de jazz, o una banda de rock. Laura cuenta que en los orígenes se ofrecía música clásica, pero se comenzaron a incorporar géneros como el folclore o el jazz, y música infantil para los espectáculos para niños del Hospital Garrahan, que es uno de los sitios donde más visitas hicieron. Del mismo modo, para ciertas instituciones que no pueden recibir un grupo de quince músicos con sus instrumentos, se pensó un formato de dúo o trío.

Las experiencias en ámbitos carcelarios, donde también MPA acerca sus conciertos, no fueron tan numerosas ni libres de escollos, como cuenta Laura. “Hicimos un concierto sinfónico en la cárcel de Ezeiza. Fue en principio una experiencia rara. Los internos se acercaron pensando que era una actividad que se les imponía, y cuando les aclaramos que era de motu proprio, la onda cambió. Pasamos de que nos ignoraran por completo a que terminen cantando con nosotros“, relata. El próximo evento en ámbito carcelario será hacia fin de año en una unidad penal de zona Norte, donde se tramitan los permisos, con la lentitud que caracteriza estos trámites.

Otra particularidad de MPA es hacer la recorrida de visitas por regiones, e incluso fuera del país, De este modo, comenzaron a sumarse al proyecto músicos de otras latitudes, y a crear la propia red dentro de su país de origen. Las “sucursales” están hoy en Colombia, Perú, Uruguay, Chile y próximamente en Colombia. “La idea es cada vez que se hace una gira quede sembrada la semilla, y los músicos locales tomen esa posta y le den su propia impronta”.

“La sede Uruguay, por ejemplo, funciona fantásticamente y la idea es que se reproduzca y llegue cada vez a más gente, independientemente de las caras, lo importante es que siga el proyecto, su misión y su funcionalidad. Y la gente que se sigue integrando es la que vibra en el mismo lugar que uno”, apunta Laura.

El Teatro del Globo, en Buenos Aires, es un espacio donde MPA ofrece sus conciertos, con el fin de recaudar fondos para la ONG; que se sustenta fundamentalmente con la colaboración y donación de todos. Se trata de un trabajo desinteresado de músicos y voluntarios, que permanentemente recibe gente que busca colaborar, sea desde el lugar del músico como de la organización y coordinación.

MPA lleva, sólo en Argentina, 450 conciertos brindados, y una larga agenda de fechas para 2019, que pueden encontrarse en www.musicaparaelalma.org, como también las maneras de colaborar.

Laura siente que Música para el Alma logró reconectarla con la razón por la que hace música, “que es simplemente porque me gusta”. “Poder dar parte de mi arte, es devolver todo lo que yo recibí en mi formación. Siempre digo que el público infantil es el más sincero del universo, los chicos te ignoran o te aman, y su respuesta es tan franca, que es comparable con lo que me pasa en los conciertos. Es algo que sale desde adentro, la gente no está esperando un resultado. Lo recibe de manera desprejuiciada“. asegura.

“Como profesionales, nos habituamos a que hay que cumplir con cierto standard. Pero acá dejo de estar tan pendiente de ese resultado rígido y esperable, para ir directamente al lugar emocional, y casualmente siempre sale bien”, concluye con naturalidad.

 

Publicidad

LEETE TAMBIÉN...