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Cine y TV

Javier Quintas: “La Casa de Papel llegó en un momento en que la gente necesitaba símbolos a los que aferrarse”

Uno de los directores de la serie española dialogó en exclusiva con El Pacto Copérnico.

Javier Quintas: “La Casa de Papel llegó en un momento en que la gente necesitaba símbolos a los que aferrarse” - Radio Cantilo

lunes 11 May, 2020

Javier Quintas es uno de los directores españoles más prolíferos de los últimos años. Reconocido por su trabajo detrás de la cámara en El Príncipe y Vive Cantando, en 2017 se sumó a La Casa de Papel para imprimirle su impronta a una producción que, según el mismo definió, tenía un potencial enorme aunque en la televisión local había tenido un éxito moderado. A partir de allí, también trabajó en otros proyectos que pueden verse en la pantalla de Netflix: Élite y Toy Boy.

 

Hernán Moyano: ¿Cómo te iniciaste y qué fue lo que te llevó a elegir esta profesión?

Javier Quintas: Yo pertenezco a una generación que se formó viendo muchísimas películas en la televisión y amando todas aquellas películas, principalmente por la influencia de mi padre que es un gran amante del cine y que me dejaba siendo muy pequeño ver películas en la televisión porque pensaba que era bueno para mí. Y efectivamente fue bueno para mí. Crecí pensando que aquello era lo que más me gustaba en el mundo y en un momento dado, los años 80 en Madrid fueron una explosión de creatividad, y pensé que quería formar parte, que quería contar historias y hacer películas. Estudié algo que no tenía nada que ver con el cine en principio, Antropología de América, y mientras estudiaba me dediqué a hacer cortos. Y cuando terminé la carrera me ofrecieron irme a una misión antropológica y dije que quería ir a hacer películas. Y a partir de ahí no paré.

 

HM: ¿Cómo empezás a conceptualizar un nuevo proyecto?

JQ: Me ha tocado ser partícipe de una gran cantidad de proyectos de gran trascendencia. Normalmente en una serie somos varios directores, por lo cual es un trabajo que se hace en común. Yo he estado en algunas series desde el principio y a otras he llegado tarde. En esos evidentemente dejas una marca, pero te encuentras con mucho hecho. Si estás desde el principio suele ser un trabajo muy creativo. El cómic y los grandes autores universales influyen muchísimo en mi manera de contar. Y siempre aparecen las referencias pictóricas.

 

HM: Cuando te subiste al barco de La Casa de Papel, ¿imaginaste el bombazo que iba a ser después?

JQ: El tremendo éxito que ha tenido yo creo que no podía preverlo nadie. Ten en cuenta que algo sí se podía intuir cuando se estrenó aquí en España. Tuvo un éxito moderado, pero había algo que hacía intuir que podía ser grande. Yo tenía otro proyecto pero me decanté por hacer La Casa de Papel. Primero porque me gustaba mucho lo que se estaba viendo y porque era evidente que había algo que la hacía grande, que iba a tener proyección. Cuando saltó a Netflix el éxito fue descomunal ¿Por qué? Yo creo que la gente empatiza mucho con los personajes y sus problemas. Habla de cosas universales: relaciones, sentimientos, amor, ambición, muerte, amistad profunda. Además yo creo que ha llegado en un momento en que la gente necesita símbolos a los que aferrarse para llevar a cabo muchas luchas. Es un momento complicado, en el que mucha gente necesita reivindicar cosas. Y la serie toca la desigualdad social, la falta de justicia y tiene muchos símbolos a los que la gente se ha aferrado. Me causa mucha emoción ver a los inmigrantes cantar el “Bella Ciao” cuando se acercaban a tierra firme. Creo que la gente ha conectado porque les hemos dado símbolos.

HM: ¿Creés que la posibilidad que un proyecto se vea en Netflix ha hecho que el fenómeno se vuelva global?

JQ: El éxito que puede proporcionar una plataforma como Netflix no tiene nada que ver con la dimensión que tiene una serie cuando se reduce al ámbito nacional o incluso cuando se vende a determinados países y se emite en alguna cadena en abierto. Una plataforma es algo global. Netflix está en 190 países, tiene 160 millones de suscriptores. El potencial de la serie lo eleva a un grado que aquí, antes de las plataformas, no hubiéramos imaginado. Si a eso le añades la necesidad de la gente por ver historias que les diviertan, que les atraigan, que les atrapen y que además les regalen pequeños símbolos a los que aferrarse en momentos especiales eso hace que la serie sea potencialmente un bombazo. Netflix ha sido fundamental para entender la televisión actualmente.

 

HM: ¿Cuál es el desafío más grande en una serie de este tipo? ¿Qué tanto podés aportar y qué tan rígido es el libro de estilo de la serie?

JQ: Primero es estar a la altura de un talento tan descomunal como tienen las personas que han creado esta serie. Poner en imágenes estas locuras que ellos sueñan. Muchas veces cuando recibes el guion te quieres morir porque no sabes ni cómo empezar a enfocarlo. Eso y el desafío de saber que a la serie la están esperando millones de personas en todo el mundo. Es abrumador. El libro de estilo es muy rígido. Vancouver tiene muy claras las líneas que quiere explotar cuando arranca un proyecto y hay que seguir esas líneas. Eso es lo que le da entidad, le da fuerza y hace que sea absolutamente reconocible. Un director siempre puede aportar muchas cosas, interpreta sobre lo que está escrito. Sobre todo a la hora de crear visualmente tenemos una gran libertad y creo que es muy evidente cuando se ve la serie. Es muy importante las normas visuales que se marcan desde el principio. Teniendo en cuenta las normas, hay muchísimo para decir y muchísimo para crear.

 

HM: Te tocó trabajar con Rodrigo de la Serna. ¿Qué pensás de él, qué le aporta a la serie?

JQ: Su inmensa grandeza actoral. Es un actor inconmensurable. El personaje de Palermo está escrito magistralmente, venía a complementar al personaje de Berlín y estaba destinado a convertirse en algo tan complejo y tan polémico en sus actuaciones como el propio Berlín. Eso ya estaba en el personaje escrito, pero Rodrigo le da grandeza. He trabajado con muy pocos actores que sean tan precisos, que aporten tanto, que deseen hacer crecer la dimensión del personaje. Es un placer trabajar con él, dirigirle y saber que te va a dar lo que quieres y más. Siempre trabaja sin red: se lanza, se arriesga y da lo mejor de sí mismo.

 

HM: ¿Cómo te parece que cambió el paradigma en los esquemas de producción a partir de la aparición de plataformas de straming?

JQ: El cambio es evidente y tremendamente positivo. La posibilidad que se nos ha ofrecido de estar presentes en casi todos los países del mundo no la habíamos soñado nunca. Afecta al producto, a la manera de producir, a la manera de verlo. La producción ha crecido, los presupuesto se han hecho mayores y hay que cumplir expectativas mucho más globales. Lo que hacemos ahora es global show y requiere otras dimensiones. Las ideas son mucho más variadas porque ahora podemos contar cualquier historia. Las plataformas han venido para quedarse, menos mal. Porque suponen una renovación en la manera de consumir televisión y cine. Creo que era necesario un cambio de paradigma.

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