Entrevistas

Gabriela Acher: “La risa nos anestesia del dolor de la existencia”

Gabriela Acher, la actriz y escritora uruguaya, trae al Teatro Metro de La Plata un unipersonal imperdible, en el que se pregunta: "¿Que hace una chica como yo en una edad como ésta?". Pero la charla en Ciudad Despierta transitó por mil lugares.

Gabriela Acher: “La risa nos anestesia del dolor de la existencia” - Radio Cantilo

jueves 05 Sep, 2019

Gabriela Acher cautiva, encanta. Es de esas mujeres que dejan su impronta y su luz al lugar donde vayan. No en vano se autodeclara como la “pionera del feminismo”, mucho antes de que el feminismo existiera como tal. “Soy una francotiradora desde hace 50 años. Feminista desde una época en que más que una ideología era un prontuario”, ironiza.

Acher tira misiles y suaviza el impacto con una risa honesta, traviesa, contagiosa. Piensa cada cosa que va a decir, y se entusiasma al reflexionar. No exhibe ningún tipo de cansancio: demuestra tener intacto el espíritu joven que en su unipersonal, el que trae al Teatro Metro de La Plata el próximo 14 de septiembre, asegura ver en todas las mujeres.

En su espectáculo, Gabriela se pregunta: “¿Que hace una chica como yo en una edad como ésta?” y en lenguaje teatral le habla a cada mujer mayor en la que convive una joven desorientada que se pregunta qué pasó cuando se mira al espejo y se encuentra con su madre. “Hay algo dentro nuestro que no crece. Siempre se tienen 20 años en un rincón del corazón. Lo que la ciencia no ha podido dilucidar aún es ¿por qué carajo el cuerpo no le da bola?”, humoriza.

Para la actriz y escritora, es necesario interpelar a las nuevas generaciones de mujeres, que son nuevas porque hace 50 años “no existían”.  “No gozaban de lo que nosotros hoy le llamamos vida -explica-. Cuando yo era chica, a los 50 años eras una anciana y a los 70 ni te digo. Mis abuelas eran ancianas con rodete que estaban confinadas a su casa. Hoy tengo amigas de 60 que usan mini-falda que hacen triatlón, y amigas de 50 hechas unas reinas, superactivas, llenas de proyectos…, nada más alejado de una mujer mayor. Es otra vida la que tenemos hoy definitivamente”.

Se informa, también, en el espectáculo, que la Universidad de Tajo Lindo en California ha hecho un estudio genético a más de 150 mil mujeres y develó que gracias al hecho de que estas nuevas generaciones se han divertido un 1500 por ciento más que sus madres y abuelas, lograron una mutación en su ADN que consiguió aislar el gen del envejecimiento y lo retrasó 20 años. De este modo, los 60 son los nuevos 40, los 50 son los nuevos 30, y los 40 son los nuevos 20.

“Otras de las cosas que intento es ayudarlas a saber si alguna de ellas es una mujer mayor. Por ahora, te digo que ninguna lo es. Porque cambió todo y a favor. Tengo mucha tela para cortar, y me he hecho el compromiso de acompañar a las mujeres en todas las etapas de la vida.  Vivir dentro de un cuerpo de mujer implica pasar menstruaciones, menopausia, embarazos, partos, lactancia… Significa tener una serie de experiencias comunes que por muy diferentes que seamos nos hace parecidas”, cuenta Acher, la actriz que trabajó junto a Antonio Gasalla y el inolvidable Tato Bores.

Explica de este modo por qué asumió el compromiso, sin que nadie se lo pidiera, de contener a las mujeres y acompañarlas en sus experiencias. A sus 50 años, escribió El amor en los tiempos del colesterol, pero con este unipersonal -surgió también de su libro del mismo título- decidió atravesar todas las décadas. “Porque somos mujeres que estamos en edades muy activas, ocupamos espacios de poder o aportamos mucho a la cultura”, explica.

“Mi feminismo surgió antes de escribir mis libros. Escribía artículos y me pedían que escribiera de lo que yo quisiera. Entonces escribía de mis experiencias personales con los varones, con la vida, y cuando vi la repercusión que tenía esto en las otras mujeres, descubrí que lo que yo creía que eran problemas personales eran problemas del género. Que eran los mismos problemas que tenían todas… Y esto me provocó un amor por el resto de las mujeres. Por la esencia de lo femenino, el sacrifico de ser mujer… No se me pasó nunca más y me hizo sentir acompañada para siempre. Me hizo sentir que debía acompañar para siempre al resto de las mujeres del mundo”.

Gabriela siempre humoriza con que su elección hizo que no se le acercara de allí en adelante un solo hombre más en la vida. Pero reconoce que tuvo la fortuna de comenzar su carrera contenida por un grupo de trabajo instituido y reconocido en el Uruguay, como fue el de Telecataplum, y que eso hizo que viviera pocos inconvenientes durante los años que trabajó como actriz.  No obstante, Acher recuerda: “Empecé a tenerlos cuando me dediqué a escribir. En Comicolor, año 82, a pesar de que hacía tantos años que laburábamos juntos con mis compañeros uruguayos, trataron de recontratarme al año siguiente pero sólo como actriz. No me querían pensando. Entonces dije que no. Dejé Comicolor y me largué sola. A mí no me iban a coartar mi expresión. Mientras yo era actriz simpática y divertida y decía los libretos de otros, no tuve problemas”.

Esto explica, sin dudas, la emoción que la embargó cuando vio nacer el movimiento feminista y la lucha por los derechos de las mujeres en Argentina. El #NiUnaMenos era una realidad (aunque nunca entendió, dice, por qué no se llamó “Ni una Más”); concretamente hizo que volviera sobre una teoría propia que nunca había compartido con nadie: “El 99 por ciento de las mujeres recibió en la vida un cachetazo, un empujón o algún tipo de maltrato físico. No lo puedo comprobar, pero siempre lo pensé así y hago estadísticas hablando con mujeres. Ni hablemos de maltrato psicológico”.

En este sentido, la mujer que se ha parado de manos en ámbitos laborales cuando se sintió coartada en sus derechos, puede acertar con autoridad al decir que considera que lo que se entabla hoy es una lucha inédita. En uno de sus libros, Si soy tan inteligente ¿porque me enamoro como una idiota? precisamente reflexiona sobre esta lucha, en la que el enemigo ya no es el jefe, el hombre con poder, con el que no hay vínculo más que el laboral: el “otro bando” resulta ser “nuestro padre, nuestro marido, nuestro amante”.

“Entonces, estamos luchando porque queremos tener derechos pero ¡también queremos tener relaciones afectivas! -expresa con vehemencia- La persona a la que le tenemos que hacer entender esto es alguien comprometido con nosotras afectivamente. ¿Cómo nos libramos de eso? No es como en la guerra, que peleás contra un enemigo que desaparece. Por eso nos cuesta tanto a las mujeres”.

En esa dificultad, a su vez, aparece también la reacción de ellos por esta lucha que se entabla. Para Gabriela, “los varones están aterrados”

“Los más jóvenes son nuestros hijos y tienen otra cabeza. Yo lo veo, tienen ya otro tipo de vínculos. Pero la gente más grande, que viene de otra manera de pensar y se encuentran con esto… Siempre repito una frase de Virginia Woolf: ‘Durante siglos las mujeres hemos funcionado como espejos mágicos en los que el hombre se ha visto con el doble de su tamaño’. Ahora que dejamos de reflejarles eso, ellos sienten que les dimos el espejo por la cabeza. Pero no es así. Sólo dejamos de mirarlos desde abajo“, aclara, conciliadora.

Dentro de este proceso, sin embargo, Acher entendió que la historia no se mueve en línea recta, sino en péndulos, y que por tanto es natural que aparezcan desequilibrios y extremismos que hasta van en contra del movimiento mismo.

“Es imposible no tener excesos y por supuesto que no me gustan. El feminismo atraviesa todos los estratos sociales y veo que hay confusiones. Pero es que es algo muy nuevo para mucha gente, tal vez no para mí, y se vive con una efervescencia terrible. Mi hijo me dice: ‘Me putean por la calle porque soy hombre’. Es decir… hay excesos y no creo que favorezca al movimiento, pero es insoslayable”, explica.

Según Acher, lo importante es que “ya salimos de dónde estábamos, pero todavía no llegamos a donde vamos, estamos en la mitad del rio. Lo importante es que arrancó, y esto no se detiene”. La actriz se reconoce como alguien que abrió caminos, pero es consciente de cuánto dejó a nivel personal.

Vuelve a aclarar que no recayó censura sobre su famosa Doctora Diú, ni sobre ningún personaje que hizo, pero que eso se debió a que estuvo amparada por el humor. “Si lo hubiera hecho en serio me hubieran colgado en una plaza pública”, admite.

En este sentido, sorprende que un personaje como la Doctora Diú, con una fuerte estética ochentosa, estridente y sin piedad por los hombres, encajara en un programa como el de Marcelo Tinelli, de fuerte impronta machista. Acher cuenta que Diú fue una creación conjunta con Maitena, una dupla explosiva que ideó una suerte de interferencia en la señal para colarse en Showmatch, en 1991.

“Estaba haciendo Hagamos el humor en Canal 13, y me sentí muy exigida. Tenía que ser diferente cada programa, tener musical y no había una producción acorde. Me agoté, tenía un hijo pequeño en casa, y ése es otro tema importante de las mujeres: la culpa por estar fuera de casa todo el tiempo, cosa que los varones no sienten, ¿no? Históricamente salieron de casa y no se hicieron problema”.

“Dejé Canal 13, entonces, -retoma el relato-  y al año siguiente me encuentro con Yankelevich, y le digo: ¿Cómo nunca me invitaste a tu canal, tenés algo en contra del talento? Me propuso ponerme en un programa de 40 puntos de rating y que hiciera lo que quisiera. Ahí entonces me dije: ¿Cómo me mezclo con Tinelli? ¡Era imposible! Entonces inventamos que la doctora estaba en un bunker, le tomaban la señal, entraba con una televisión pirata, hacía lo suyo y se iba. Nunca interactuaba con él. Fue la manera de meternos, él gritaba arriba, no dejaba escuchar… la verdad, no dejó que se luciera mucho la Dra Diú. Él estaba haciendo el concurso de las camisetas mojadas… ¡Era lo más opuesto que había en el universo! La doctora Diú entraba y decía: “Vengo a defender los derechos de tanto pezón y nalga descubierta”… ¡Era un delirio total!”, se ríe Acher, al traer a la memoria sus célebres sketchs (hoy pueden verse todos en forma completa en el canal de youtube de la actriz).

Una vez más, el humor la dejaba entrometerse en espacios que de otro modo, les hubieran sido vedados. Acher rescata siempre el humor como “la verdadera fuente de la juventud”.

Con esa reflexión, precisamente, da cierre a su unipersonal que durante una hora y media invita a reírnos de nosotros mismos. “La risa nos llena de endorfinas que pueden anestesiar el dolor de la existencia. Y la mejor de todas las risas del universo es la risa sobre uno mismo, porque la persona que se ríe de sí misma siempre va a tener motivos para reírse”, explica.

“La risa desdramatiza, ¡te salva la vida! Te arranca del lugar de víctima, te hace poner distancia emocional y, desde otra óptica, ver otra película de tu drama. La risa es sanadora absolutamente”, enfatiza Gabriela, que encontró en esto la satisfacción más grande de toda su carrera: la de “poder reírnos al unísono con la gente y darnos cuenta de nuestra mutua humanidad, de la compañía que nos hacemos y de lo hermosa que es la risa compartida”.

Grandiosa. ¿Qué otro adjetivo cabe para una mujer que nos invita todo el tiempo, desde el afecto y la buena energía, a pensar, a hermanarnos y a reírnos, por espacio de un instante?

 

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