Entrevistas

Eva Giberti: “Los prejuicios han cedido su fuerza, pero aún hay mucho por avanzar”

Pionera del feminismo, referente en materia de género y derechos humanos de niños, incansable luchadora en pos de la igualdad y la reivindicación de la mujer. Una charla que coronó el mes de septiembre en Ciudad Despierta, dedicado a género y a diversidad.

Eva Giberti: “Los prejuicios han cedido su fuerza, pero aún hay mucho por avanzar” - Radio Cantilo

miércoles 02 Oct, 2019

El nombre de Eva Giberti concentra historia pero es actualidad. Está asociado a lucha, a la mujer, a los derechos humanos de niños y mujeres. Su recorrido es tan vasto que a la especialización se le suma popularidad. Eva es referente y al mismo tiempo consultora internacional en su campo, una comunicadora que tiene la eficacia de llegar a todos con un lenguaje académico y a la vez llano, con giros y expresiones terrenales, concretos, viscerales.

Si se pretendiera sintetizar su trayectoria existe el riesgo de cometer una injusticia con su nombre. Sus aportes dentro del campo del género, la salud y los derechos humanos no son ajenos a nadie, así nos situemos en la actualidad o en el pasado.

En términos profesionales, es asistente social y Doctora Honoris causa en Psicología. Actualmente, coordina el programa Las Víctimas contra las Violencias en el Ministerio de Justicia de la Nación. Pionera del feminismo, dedicó y dedica su vida a promover cambios de fondo en esos terrenos. Con ese fin, comenzó a escribir, se involucró en la actividad política, y se ubicó inexorablemente en el centro de infinidad de debates.

Sin medias tintas, sin rodeos. Cien por ciento Eva Giberti.

Naturalmente, el lugar de la mujer en los distintos ámbitos de la sociedad formó parte de su lucha. Fue tema insoslayable durante el mes de septiembre de las distintas emisiones de Ciudad Despierta, y se abordó a Giberti en busca de su mirada, en este sentido:

̶  Aún hay mucho por avanzar, si bien es cierto que los prejuicios han cedido parte de su fuerza y su eficacia. Pero falta, porque los preconceptos acerca de lo que puede y no puede hacer una mujer, o los trabajos vedados o permitidos, todavía funcionan. Se ve en los hospitales: no hay jefas de servicio. Hay más médicas que médicos, sin embargo, y muchas estudiantes de medicina pero en los cargos de responsabilidad cuando llega el momento de los concursos van adelante los varones. Es un principio, pero… ¡adelante los varones! Y después vamos a ver si las mujeres les damos permiso para que avancen.

Entre las profesionales que ocupan un lugar en ámbitos que históricamente fueron tierra masculina, hay una experiencia en común: la lucha que todas, sin excepción, debieron entablar desde el vamos sólo por su condición de mujer. Eva Giberti sabe de esto demasiado. Su rebeldía comienza desde muy temprano, cuando era una niña de 4 o 5 años y se negaba a sentarse derecha y con cada brazo en su lugar, en clase.

Pese a esta realidad, llegamos al presente y vemos flamear las banderas de la inclusión y el feminismo. Un doble discurso que también se observa en hombres y mujeres que las sostienen, pero que al poco rato se los ve reproduciendo pensamientos o actitudes machistas.

̶  En algunos hombres está el discurso que queda bien, que se utiliza, para mostrar que está a’ la page, en el rigor de lo último que se está diciendo y aplicando, que está informado. Pero llega a su casa y espera que lo sirva su mujer, que se subordine y obedezca o se ocupe de las tareas del hogar. Hay varones que orgullosamente dicen “yo les cambio los pañales al nene” cuando en realidad ese nene es el resultado de algo en lo que tuvieron mucho que ver. Lo poco que hacen lo muestran como si fueran abanderados de una avanzada social.

La ironía que, cada cierto tiempo, aparece en boca de Giberti, reconforta.

̶  Admitamos que hay cambios, sí. Pero lo que ocurre es que esos cambios se están volviendo en contra de las mujeres, porque a los varones finalmente les termina dando mucha rabia no poder usar las estrategias del machismo. En parte se convencen, pero siempre queda de base el patriarcado en el cual se han criado. Se esfuerzan por aprender y convencerse de cómo son las cosas, cuál es el lugar de las mujeres, pero son hijos de una sociedad machista y patriarcal, un país que lo es, y les quedan resabios del patriarcado. Esto está relacionado con la cantidad de casos que vemos de mujeres violentadas y muertas. Hay un deseo de matar latente en el ser humano, en todos nosotros, que no se expresa ni se ejerce, pero los que son asesinos tienen el deseo a la vista y tienen un sentido de permiso para matar a la mujer, y lo ponen en práctica; es lo que vemos con el incremento permanente de femicidios. En mi trabajo, encontramos formas muchas más crueles de golpear a las mujeres que hace 10 años y esto tiene que ver con los avances de las mujeres: no lo aguantan. Los desestabiliza.

̶  Al mismo tiempo -admite Giberti- hay otros hombres que funcionan de otro modo, de un modo más solidario y cariñoso que realmente están convencidos de la igualdad de los derechos de las mujeres. En honor al mérito, tenemos que asumir que estos varones están haciendo lo posible para funcionar de la manera que las mujeres esperamos.

 

̶ Una mujer que ha batallado desde hace tanto tiempo en pos de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, y ha sido feminista cuando ni siquiera existía el movimiento como tal, ¿cómo recibe el proceso que se inicia en Argentina con el #NiUnaMenos, sigue con el #MeToo o Yo también y se prolonga hasta el presente?

̶  El proceso lo recibimos como el resultado de algo que habíamos iniciado, pero no lo esperábamos con tanta fuerza y energía y con tal capital humano. Las que somos viejas y empezamos este movimiento de manera muy cuidadosa y prudente, sabiendo que nos arriesgábamos mucho, nunca esperábamos que esto funcionara con la amplitud y el coraje con que se está viendo en la actualidad. De manera que para las viejas -y yo personalmente que he estado en el primer plano de las discusiones- fue una sorpresa enorme. Ver a mujeres jóvenes entusiasmadas fue verdaderamente para todas las feministas de la primera hora una sorpresa más que agradable e impresionante.

 

Giberti nació en el seno de una familia patriarcal. De padre italiano, y madre argentina pero formada por padre y madres italianos, ese nido era absolutamente patriarcal. “Tuve que salir de allí como pude y hacer una adolescencia lo más rebelde que pude; desde entonces ya empecé a protestar por la diferencia entre hombres y mujeres”, cuenta. Tenía 17 años cuando una jovencísima Eva entabla amistad con Alicia Moreau de Justo, una relación que se sostuvo durante muchos años y que la llevó a involucrarse en política y a expresarse. Eligió decir a través de sus libros. El primero fue Escuela para padres, donde “varios capítulos estaban en relación con el feminismo… no sé cómo hice para meterlos”. Fue entre los años 1958 y 1965.

 

̶ Una de las cosas que dijiste, Eva, y que seguramente no gustó demasiado, fue que el instinto maternal no existe. ¿Qué reacciones recordás a esto?

̶  Recibí la furia del otro lado. Pero me puse a dar explicaciones históricas, que están bien fundamentadas sobre todo en el libro de [Elizabeth] Badinter: ¿Existe el instinto materno? Son tantas las descripciones históricas que es imposible desconocerlo. Pero también tuve que pelear mucho por ese lado. Finalmente hoy hay hombres que dicen que el instinto materno no existe. De cualquier manera es una garantía pensar que existe… porque nos da la seguridad de que alguien nos quiso. Estamos seguros por ese instinto que fuimos queridos. Garantizamos que mamá, al menos por instinto, nos quiso, cuando sabemos que hay madres que no desean tener a sus hijos.

 

La charla deriva en la educación sexual, y la importancia de la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) desde temprana edad, en todas las instituciones educativas del país. Giberti fue convocada por el entonces ministro de Educación de la Nación Daniel Filmus en las últimas reuniones donde se le dio el toque final a la Ley. “Éramos unas 20 y tantas personas, de un lado estaban los que respondían a lo más talibán y reaccionario, y en la mesa de enfrente los que estábamos en la vanguardia. Una discusión que duró seis días. Realmente las cabezas que teníamos enfrente eran de gente retrógrada, casi todas aparecían enarbolando sus religiones y es imposible trabajar con gente que parte de creencias religiosas, es imposible discutir. Ganamos la discusión pero fue durísima; según ellos, no se podía explicar qué era la trata de personas. Pero no entendían que las chiquitas que viven en Salta y Formosa son las que en sexto grado tienen que saber bien qué es la trata, porque de allí se las llevan”.

̶ Yo tenía que usar elementos de esa fuerza, porque ¿cómo les vamos a enseñar qué es la prostitución? ¡Si las niñitas lo están viviendo todos los días! Teníamos que usar argumentos de esa índole. Afortunadamente conozco bien a mi país y sé lo que pasa en los lugares de fronteras con la prostitución y la trata. Hay regiones como esas provincias que te nombré donde no se está aplicando la ley y es estrictamente necesaria. Costó muchísimo imponerla y allí no se la lleva adelante.

 

̶  Hay que destacar el enorme trabajo que hiciste para combatir el flagelo de la trata de personas en Argentina, Eva, durante muchos años…

̶  Fue un trabajo grande, de los primeros que se hicieron en Argentina desde el programa Las Víctimas contra la Violencia. Arrancamos desde ahí y la ley madre salió de nuestros escritorios. Pero actualmente no está funcionando. Hay equipos que trabajan y se ocupan pero no hay una consciencia ciudadana como la hubo en ese momento. Se fue cayendo todo esto, y hoy las denuncias de trata son mínimas. Sencillamente se ha vuelto al sistema arcaico, tienen a las muchachas en los prostíbulos y es como una gracia tenerlas y ofrecerlas. En este sentido hay que empezar de cero.

 

El unicornio como símbolo de libertad

Un detalle que pocos conocen de Eva está intrínsecamente relacionado con su mirada del mundo: su afán por coleccionar unicornios, estos animales míticos que representan la libertad en toda su amplitud.

̶  El unicornio entre cualquier valor elige el amor. Se hace matar con tal de no caer preso y quedar prisionero de su amor por la princesa. Salta la valla rumbo al bosque escapándose del amor de esa princesa, a la que amaba profundamente, pero sabía que ese amor lo había tenido encerrado detrás de una valla. Al saltarla, le sueltan una flecha que le parte el corazón, y cae fuera de la valla, está muerto pero libre. Es el símbolo más puro de la libertad.

 

El relato de la leyenda del unicornio que hace Giberti no hace más que resumir su pensamiento, de pies a cabeza: se habla de libertad cuando hablamos de reivindicar los derechos de las personas, se habla de libertad cuando hablamos de la posibilidad de elegir, del derecho a decidir, a la información, a la educación.

Su mirada de lo social se expresa de este modo, y los unicornios están allí, tal vez elegidos por esta gran mujer para que nadie olvide que la libertad, en definitiva, es el sentido de todo.

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