Entrevistas

Eduardo De La Puente: “Patalear es la manera constructiva de poder cambiar algunas cosas”

Ciudad Despierta cumplió 50 programas y, entre otras perlas de la noche, el DJ Luis Zerillo musicalizó la noche, y participó de un mano a mano con Eduardo De La Puente, el hombre que hizo de la radio su estilo de vida.

Eduardo De La Puente: “Patalear es la manera constructiva de poder cambiar algunas cosas” - Radio Cantilo

miércoles 15 May, 2019

“Sí, grande de la radio soy, porque soy un señor grande de la radio”, ironiza Eduardo De La Puente, el hombre que lleva más de 30 años emparentado con la Rock & Pop, la radio que marcó a una generación en los ’90 a partir de su propuesta musical, estética y discurso.

La radio que, también, sufrió cimbronazos artísticos y económicos, y sigue siendo una suerte de madre para Eduardo, que sin dudarlo se considera hoy un “auténtico sobreviviente”: “He pasado por la mejor y la peor Rock & Pop, la que vaciaron, la que hundieron. No salí a buscar otra cosa, me siento cómodo, en mi elemento, y no por eso estoy cerrado a otras opciones. Pero digamos que ahí ya estoy inventariado, me falta un código de barras nada más”, bromea, sin dejar de ser nunca este “chico grande” de barrio que mete 250 palabras por minuto, y un gag entre frase y frase.

Pero Eduardo también formó parte de un programa de televisión que revolucionó la pantalla con esa impronta de rebeldía y un discurso extremadamente opositor: Caiga Quien Caiga. La TV, así se convirtió en su otro medio, su trabajo fijo, pero “no mucho más que eso”.

“La radio no me abandonó ni la abandoné, en cambio la tele no es mi vida ni mucho menos. Caiga era un programa opositor, no importaba quien estuviera arriba. Hoy sería imposible de hacer, porque si sos opositor ya estás de un lado de la grieta, y sería difícil tratar de demostrar un equilibro en tu ideología. Yo estaba cómodo en Caiga porque eso no me cuesta nada: puteo para un lado y para otro también”, señala.

“En esencia, yo soy opositor. No opositor a Macri o a Cristina. Esté quien esté arriba yo voy a ser opositor, es mi creencia, porque siento que patalear desde el lado que se pueda es la manera constructiva de poder cambiar algunas cosas o mejorarlas“.

Por supuesto que esta manera de pararse ante los hechos, y responderles críticamente, fue atravesado necesariamente por el humor. El humor ácido, y también el absurdo fueron, en definitiva, los géneros que Eduardo manejaba al dedillo, y trabajar para divertirse se convirtió en la motivación principal para encarar cada uno de sus proyectos.

“Siempre tuve ese privilegio, pero sé que es la única forma de poder hacer las cosas. Los libros de cuentos, las novelas que escribí, nunca fueron pensados como libros, porque escribir es una actividad lúdica para mí. De pronto pintaba publicar, y lo hacía. Pero siento que si dejo de divertirme es gravísimo, pierdo todo tipo de inspiración”, asegura. “Tal vez no he ganado dinero así, pero sí gané al tener una vida laboral que me ha dado satisfacciones increíbles; libros, una banda con la que ya tenemos 3 discos, y fue hecha para divertirnos y con una pasión gigante por la música”.

Es que esa permanente motivación que era y es la diversión para De La Puente tiene que ver con una ideología y una mirada a las que nunca quiso renunciar. La premisa de divertirse para poder trabajar, y resistir a lo establecido para ser auténtico siempre, y, si fuese posible, intentar cambiar en algo las cosas.  “En mi caso, olvídense de que negocie mi ideología. Pero me atrevería a decir que en otros casos no fue tan así, porque para poder manejar determinadas cuestiones que tenían que ver con esta actividad, debieron negociar con cierta gente. No es mi caso, repito”, aclara, en clara alusión a su ex compañero y amigo durante décadas, Mario Pergolini, con quien el distanciamiento es vox populi.

“Con la banda hace unos días [se refiere a Tristemente Célebres, la banda de rock de la que forma parte hace 15 años] hablábamos precisamente de esto, de cómo puede ser que existan bandas de rock oficialistas. El rock por esencia es pataleo, marcar las cosas que ve mal. Por lo tanto, si te casás con un partido político o ideología, entonces ya laburas en obsecuencia con eso y ahí se cae todo. Ok, hacés rock, pero no sos una banda de rock. Es una contradicción en sí misma”, opina.

 

Bajo este concepto de lo que fue y es el rock, y motivado por Luis Zerillo, en la charla, De La Puente se retrotae a los años ’80. “Cuando hablamos de esa época, hablamos de la salida de la Dictadura, de una prohibición de rock en inglés, que duró lo suficiente para que fuera considerado rock cualquier cosa que después supimos que no era rock. Los medios se llenaron de esto, y después se fue depurando, como se depuró la euforia democrática. De a poco se ubicó todo en su lugar, y hoy estamos en una época en la cual tenemos tanta información, incorporamos tanto, que los géneros están más nutridos que antes“, reflexiona.

“A la vez, todo se ha homogeneizado demasiado, los géneros toman cosas de otros géneros. Un día escuché a Linkin Park metiendo el efecto de autotune que usa el reggateon, y me dije “¡Ah la mierda! A lo que hemos llegado”. Pero no es que Linkin Park haga reggateon, se adoptó un sonido”, intenta explicar De La Puente, quien sin embargo admite que “la vara bajó” inevitablemente, y eso se explica si pensamos que “tuvimos un Spinetta, un Cerati, un García, y hoy llena estadios una banda que rima madre con padre”. 

“Creo que ha habido una apertura, por una cuestión generacional, y se ha vuelto todo muy inclusivo. A nivel artístico, el exceso de información preparó una especie de guiso gigantesco, y hay tantas cosas que alguna vas a encontrar que te guste… Pero tampoco vas a encontrar un género que te guste; vas a encontrar sonidos, tendencias… adoptar cosas y largar. Esto por un lado es maravilloso, y por otro lado… ¡es terrible! Porque a larga no queda nada, no hay tiempo para asimilar las cosas”, se lamenta.

El “grande de la radio” habla con autoridad de música, y no duda en ratificar su costado ricotero, pese a los golpes sufridos aquella vez que opinó en la Rock & Pop acerca del Indio Solari días antes de uno de los míticos shows multitudinarios. “Me parece que al Indio la gente le chupa un huevo”, había dicho Eduardo, y usó la palabra “desidia” como característica de las misas ricoteras.

Bien recuerda, dice, el “tsunami de odio y puteadas gigantescas” que recibió, y que respondía claramente al fanatismo. “Y yo me opongo a todo tipo fanatismo, porque al ser opositor no puedo ser fanático. Esto me pegó bajo porque nunca me había pasado sentir tanto odio junto por una opinión expresada. Tuvo que pasar mucho tiempo para que varios de los que me mataron pudieran decirme… bueno, no tenemos los mismos gustos pero respeto tu opinión”, dice y suspira aliviado: “Bueeeno, ¡de eso se trata, hombre!”

“Hoy hay un nivel de irritabilidad terrible -reflexiona, en línea con este episodio-  tenemos el umbral de la paciencia en cero, y esto es muy molesto y primitivo. Porque… si las cosas se pueden arreglar de otra manera, ¿por qué tiene que ser así? Podemos construir entre todos”, y agrega, absolutamente convencido: “Pasa que el ejemplo tiene que venir de arriba, y eso es algo que nunca va a pasar”.

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