Entrevistas

Diego Reinhold: “Estamos totalmente frustrados como seres humanos”

Verborrágico, pensante, Reinhold habla con la misma energía que vuelca sobre el escenario El actor eligió hacer reír, como lo demuestra desde hace años con sus shows unipersonales pero también dice, y nos hizo pensar.

Diego Reinhold: “Estamos totalmente frustrados como seres humanos” - Radio Cantilo

miércoles 19 Jun, 2019

“En la escuela de Teatro es donde comencé a ser yo. Porque en la escuela tradicional no fue así… Había mucho bullying, y todo esto del pelo corto, ’mirá para adelante’, izar la bandera, jurar a la bandera, todo eso fue nefasto y sabía que nada bueno podía salir de ahí”, dispara Diego Reinhold, el actor y comediante que trae a La Plata su unipersonal Comedy Show, al Teatro Coliseo Podestá.

Verborrágico, pensante, Reinhold habla con la misma energía que vuelca sobre el escenario. Enlaza sus ideas, y lleva con coherencia un relato sólido, contestatario e inconformista. Por momentos, desesperanzador.

Admite que esto ya lo ha discutido muchas veces y no está en su ánimo polemizar con nadie, pero tampoco dejar de decir lo que piensa: “Todo esto me dejó resentimiento, fue violento, y para los chicos hoy es violento hacerles jurar a algo. No se les debe hacer jurar a nada, ni prometer; la nacionalidad pasa por otro lado, todo es una hipocresía y creo que nos dominan, nos programan, justamente de este modo”.

“Además me parece un fracaso. Doscientos años de escuela para llegar a este punto en el que estamos: es un fracaso, a los hechos me remito. Hoy tenemos un barrio en Buenos Aires que se llama Palermo Hollywood y otro Palermo Soho. Una ridiculez. Así nunca vamos a salir adelante”, completa.

La misma lucidez y velocidad la lleva a Diego Reinhold Comedy Show, que está conformado por números de tres minutos, una gran composición digital para poder interactuar con la pantalla, monólogos de todo tipo y situaciones delirantes. “Nada te puede aburrir”, sintetiza Diego, y busca el origen de su inclinación a hacer reír desde el juego de las palabras.

“No había artistas en mi familia, ni siquiera uno lejano que tocara la guitarra. Eran todos milicos y trabajadores de la industria del calzado. No sé de dónde saqué ese gusto de que una palabra me lleve a otra, o la sinestesia, tomar la palabra por el sonido que tiene y no por lo que significa. En el camino me encontré con gente que tenía el mismo toc y me fui nutriendo, fui dejándolo salir y hoy estoy todo tomado”, humoriza.

El intento por encontrar el origen de quién es hoy, lo llevó a los malos recuerdos de la escuela y de su infancia, y a su convicción de que el sistema debe ser cuestionado, porque el fracaso está a la vista. “Me preocupa la desinformación. No vemos que es todo igual todo el tiempo y la mentira reina. En la infancia el mandato es ‘vayan a estudiar porque así van a ser libres’, y yo te digo que es al contrario: en ese lugar, los pibes todos los días de 8 a 4 de la tarde no salen libres, salen formateados, con una creencia que no es la que trajeron al mundo. Ellos vienen con su propia manera de ser y los podan”, opina.

“Si tu hijo te trae un boletín con un 10 en música y un 6 en matemática, ¿por qué le ponés un profesor particular de matemática? ¡No! Ponele uno de música, te está diciendo el boletín que tu hijo va para ese lado. Pero no, se nivela para abajo en lugar de nivelar para arriba”, ejemplifica Reinhold, y va más allá con su crítica a la educación: “La escuela es una instrucción, del mismo modo que lo es el servicio militar, pero no lo pudimos ver todavía. Nos parece un pecado hablar así de la educación, de la cultura del trabajo, como nos parecía un pecado garchar antes de casarse. Es un adormecimiento que lleva milenios”.

Es cien por ciento Reinhold. Pone sobre la mesa diversos temas, todos estrechamente relacionados entre sí, y los refleja de manera crítica en su show. “Nos han mentido desde la escuela, la televisión y la Iglesia, yo lo creo y me chupa un huevo lo que me digan. Cada uno sabrá hasta donde se anima a pensar. Siento que los resultados son malísimos, hemos avanzado tecnológicamente, pero estamos totalmente frustrados como seres humanos, no hay sentido para dónde salir, ni para dónde va todo. Pareciera que el mundo se va a recalentar, todo es plástico por todos lados. Y esto claramente tiene que ver con una intencionalidad de alguien”, remata.

“Hemos contaminado el planeta, hemos hecho un desastre en nombre de la patria, hemos contaminado los ríos, se viene un crack en los sistemas financieros. Y a lo único que llegó esta situación es a una gran escasez, pobreza, sometimiento”. 

Reinhold, como se percibe, es un gran observador de la realidad que lo rodea, pero también se involucra. Hace seis años se sumó a una asociación civil especializada en niñez y adolescencia, Conceptos Sencillos, y desde allí abrió un hogar donde actualmente viven 13 chicos de hasta seis años. Diego alterna sus shows con visitas al hogar y escapadas a pasear con los pibes. Está muy comprometido con esos chicos, su historia, y el recorrido que les tocará una vez que encuentran familia adoptante.

Me parece que de esta forma sí se hace patria. Pero yo no me declaro un santo, soy un tipo con mi oscuridad y mis contradicciones. Por eso también no quiero un dirigente para mí que no sea contradictorio. La gente muy pura me da sospechas. Todos están mirando quién es corrupto y quién no, pero la verdad es que nadie se mira. Y no va a bajar Jesús a gobernarnos, nos vamos a frustrar siempre si miramos la política desde ese lado”, considera.

El actor, pese a su función social, no fue tentado hasta el momento para hacer política. Pero cree que una de las cosas más importantes que puede hacer una persona es meterse en política: “Es un arte, vibra muy alto, es conducir los destinos de una sociedad. Es ir tejiendo un relato. Porque una sociedad sin relato es una sociedad perdida. El relato tiene que ser seguido por alguien. Es una direccionalidad, sin ella nos pegamos un palo. La gente dice que esto es demagógico. Ok, a mí no me parece mal la demagogia”.

Y cuenta además: “El otro día me equivoqué y me bajé en Pasteur y caminé cinco cuadras por Corrientes, esa zona de los teatros que está linda, iluminada. Y la verdad que era un ghetto de Varsovia, gente tirada en la calle como nunca había visto, ni en 2001. Quedé impactado. ¿Y todavía nos dicen que vayamos a laburar? Macri dijo que nos teníamos que romper el traste para ser exitosos. O sea que no sólo tengo que trabajar, sino que además tengo que terminar roto. Y esa es la estructura que tenemos: ¡romperse! No podemos salir de la esclavitud”.

“Entiendo que para sacar adelante al país se necesita el trabajo, para que a partir de ahí la gente tenga recursos y se pueda reactivar la economía. Eso lo entiendo, ¡pero díganlo así! No dignifica un trabajo si no me sobra para irme de vacaciones, si no es estar corriendo detrás de un horario. Todos los políticos para mí repiten algo aprendido, están siendo manipulados por fuerzas mucho más altas”, agrega a su idea.

 

 

“Tenemos que repartir, hay un miedo a perderlo todo que es tremendo. Es una situación de ignorancia de la cual tenemos que salir, no es lo real. Lo real tiene que ver con el amor y no tiene que ver con el miedo a perder algo”, avanza, y grafica de este modo: “Llegamos a un punto de ridiculez tal que un tipo en el mundo tiene en el banco, en su cuenta privada, el PBI de cinco países. Por más talento que tenga, ¡no es justo! Es una obscenidad, ¿y encima te dicen que trabajes?”

Por supuesto que el actor ve salidas para esto, y una de ellas es expresarse, decir lo que individualmente se piensa, atreverse a hablar, “basta de decir lo que aprendimos”, porque de a poco eso puede ir impactando en la realidad.

En este sentido, mencionó al movimiento feminista, como una de las reacciones positivas que se gestó a partir de una situación social muy concreta. “Es buenísimo, y hay que reconocer que en muchos aspectos estamos mejor que antes. Mirá cómo será que nos dijeron que nuestros abuelos que vinieron en barcos trabajaban de sol a sol, y eso era una vida digna. Yo digo que es una vida espantosa, y que no tiene que volver a ocurrir, y ocurre todo el tiempo en las migraciones. Es una vergüenza para la especie. Y nos enseñaron que eso era loable, pero eso es repudiable, ellos eran víctimas, no héroes. Laburaban felices porque se habían escapado de la guerra. ¿Cómo podemos dignificar eso? Eso es dar vuelta los mensajes. ¡Entonces yo decido también darlos vuelta!”, se enfurece Reinhold.

Por eso hay un mensaje claro, que el actor deja y que desliza también en su unipersonal, porque él elige pensar además de hacer reír y se nota: “La distorsión es tan grande que el hombre vive hoy muy afuera del tiempo real, vive el tiempo que tiene en la muñeca, el formado. Pero nos queda reaccionar, vivir la vida de uno y ver quién soy realmente, donde estoy, más allá de esta coyuntura cruel…”.

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