Entrevistas

Cantar su historia: mano a mano con Andrea Álvarez

Siempre transitando en el circuito independiente, Andrea es baterista, compositora y cantante, y una mina que se para con firmeza y canta todo lo que tiene que cantar, en todos los sentidos.

Cantar su historia: mano a mano con Andrea Álvarez - Radio Cantilo

miércoles 29 May, 2019

“Me encantaría ser de esas artistas que trabajan de noche, pero no me da el piné, no tengo tiempo libre, ojalá lo tuviera”, dice mezclando risa con palabras Andrea Alvarez, como punto de partida a esta charla.

Andrea habla en un contexto de plena transición en el mundo de la música para sus representantes mujeres, pero también lo dice en un contexto cultural adverso, en donde se reconoce sumida en un stand-by artístico y de creación.

“Llega un punto en que no hay lugar para la metáfora, está todo demasiado apretado, y con todas las preocupaciones urgentes que se viven, lo que uno hace es postergar”, define.

Desde Rouge, la banda argentina también integrada por Maria Gabriela Epumer y Claudia Sinesi, hasta Viuda e Hijas de Roque Enroll, Álvarez es la primera baterista argentina con tanta continuidad en la escena de la música.

Siempre transitando en el circuito independiente, tocando la batería de Soda, de Divididos o de Charly, hoy además es compositora y cantante, y una mina que se para con firmeza y canta todo lo que tiene que cantar, en todos los sentidos.

“Hay una tendencia mundial de un cambio de gustos y necesidades, pero en Argentina tiene mucho que ver con la política cultural, porque hay una realidad: este gobierno no me gusta porque no me gusta el estilo de persona al que no le interesa la cultura. Y la cultura no le interesa en general a ningún político, pero ahora es más extremo, están cerrando un montón de espacios”.

“Esto, sumado a otras costumbres, a que se confunde cultura con entretenimiento, y a que todo es meritocracia y festivales corruptos más que nunca, hizo que se cerrara más que nunca el espacio a lo alternativo”, dispara Andrea. “No hay alternativa para el under, y esto es un laburo que se viene dando con el post Cromañón, la no música en vivo, lo no lúdico, es una decisión política de dominación”.

Los conceptos son claros en Andrea, una de las mujeres que estuvo del lado de la militancia a favor del cupo femenino del 30 por ciento en festivales de música argentina, un proyecto de ley que obtuvo días pasados sanción en el Senado de la Nación, e impulsado por su amiga y música Celsa Mel Gowland.

Es escéptica, no obstante, cuando se habla de un avance en los lugares que comenzó a ocupar la mujer dentro de la escena del rock. Parte de eso está expresado en un documental en el que trabaja hoy, Las chicas están bien, que habla de la historia no contada del rock argentino.

“La realidad es que desde que se empezó a monopolizar el business con respecto a la música, todos hablan del negocio de la música, y los músicos no tienen nada que ver con ese negocio, sino las personas que producen situaciones musicales. Y Cromañón tiene mucho que ver porque se lo utilizó. Los festivales empezaron a aparecer y a ser un lugar hermoso, y empezaron a gustar los sponsors; la grilla artística pasó a segundo plano, y empezaron a aparecer los intereses. Quedó la cultura independiente fuera del circuito, y las mujeres somos casi todas independientes, por lo tanto, pertenecemos a la cultura que quedó excluida, y al ser mujer quedás más excluida”, explica.

“Esto no tiene que ver con la música solamente, está la gente. Es cultural, los gustos se forman: si ponés La Beriso todo el día la gente va a cantar eso, tiene dos acordes, una melodía de dos notas, y es fácil. Se lo ponés 200 veces y a la gente le va a gustar. Porque se festeja el no riesgo, lo fácil. La milanga con papa fritas“, agrega lapidaria Álvarez.

 

 

El reclamo por parte de las mujeres músicas sobre las dificultades para encontrar espacios donde tocar, y, por ende, la ausencia de convocatoria a mujeres en festivales de importancia, fue tomando dimensión a partir de un estudio del colectivo Ruidosa. Ellas develaron el porcentaje mínimo de chicas en las grillas, pero Álvarez notaba otra cosa: “la casi nula inclusión de independientes y el gran maltrato y el ninguneo que se generaba”.

Las chicas no eran músicas, cantaban los coros. Entonces para mi generación, nuestra finalidad era demostrar que no éramos la novia de, ni la amiga de, ni la amante de nadie, y eso es agotador, sobre todo cuando una está rodeada de gente que no tiene talento y le va bien”, desliza, y reconoce que esto lo desconocen las músicas más jóvenes.

“Pero el cambio grande, que fijó un antes y un después, ¿sabés cuándo fue? Con la firma por la legalización del aborto. Cuando nos juntamos todas las músicas. Eso fue una apertura: se abrió la compuerta de un dique y toda el agua que estaba acumulada salió disparada, fue letal en el buen sentido. Fue impactante, un momento crucial donde todas nos juntamos sin preguntar de dónde veníamos, más que un interés en común y empezar a darnos cuenta de que éramos muchísimas, y nos estábamos bancando algo que ya no daba para más”.

El quiebre dio lugar a la creación de las Músicas Unidas en CABA, y con la base de las estadísticas de Ruidosa, Mel Gowland comenzó a arengar porque se trabaje en serio por una Ley de Cupo.

Ahí es donde nos dimos cuenta de que el tema era más heavy de lo que parecía. Los miedos, las inseguridades eran más reales de lo que parecía, y la gente que supuestamente tenía que tener la mente más abierta no la tenía. Había un gran desconocimiento de lo que pasaba”.

“Y claro, se empiezan a generar un montón de cosas, como nombrar las mismas figuritas de siempre porque son de Sony, como diciendo ‘esto llegó’, por lo tanto lo que no llegó entonces no está bien. Como si La Beriso llegara por talento”, ironiza Andrea, y se detiene en el concepto de talento: “en el mundo del espectáculo si algo no rankea es el talento. Independientemente de que alguien lo tenga o no, para triunfar, estar, aparecer, no es necesario. Es necesario hacer lobby, chupar medias, pero el talento no. Ojo, también es un talento poder ocupar determinados espacios comerciales, a pesar de que la gente diga que es berreta”.

En pleno Cosquín Rock, este año, el productor José Palazzo prendió la mecha: dijo que “le costaría mucho” cubrir el cupo de las mujeres en el festival cordobés porque “no hay talento femenino”. Alvarez sabe que allí es cuando explotó la bomba, “con las pelotudeces que empezó a decir Palazzo, a quien le encanta ser la estrella del festival”.

“El Cosquín Rock es el más machista que hay y el más retrógrado. Como también lo es la entrega de los Premios Gardel. Es todo muy armado y berreta, pero un día se vieron en la obligación de visibilizar a las mujeres“, dispara de nuevo.

Sin embargo, la baterista “políticamente incorrecta” (como se autodefine) sostiene que esto no se trata de un “acá estamos nosotras”, ni de la convicción de que las mujeres “venimos a salvar el rock and roll”. “Eso es un discurso inmaduro. Todos sabemos que la música y el arte no tienen sexo, el arte es arte, y a eso tenemos que llegar. Por eso falta mucho para madurar y también para registrar composiciones de mujeres como las de Celeste Carballo, que son tan difíciles de cantar. Pareciera que hubiese nacido hoy un movimiento de mujeres, y no es así”, se enoja Andrea, quien al mismo tiempo reconoce que todo esto forma parte del crecimiento y de la transición.

“Reconozco que yo, que hice un largo recorrido, y llevo más de 40 años en esto, tengo la obligación de entenderlo. ¿Me da bronca? Sí, pero también lo tengo que entender. Porque además es para festejar todo esto que está pasando. Hay mujeres instrumentistas, músicas compositoras que son alucinantes, pero tengamos claro que las mujeres no son salvadoras de nada, sí hay personas que son la salvación“, concluye.

Un dato no menor: después de 10 años de no pisar territorio platense, Andrea vendrá a tocar el jueves 27 de junio en Pura Vida, y se declara “feliz” ante este hecho, y esperanzada con algo en particular: “ojalá vengan muchas chicas”.

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