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Análisis: “La Grasa de las Capitales”, 40 años después

Es uno de los discos más importantes del rock nacional, que generó una ruptura con el sonido hegemónico de la época y criticó abiertamente al poder de turno. Por eso, en Media Hora Más ahondamos su historia de la mano de Oscar Jalil, periodista especializado.

Análisis: “La Grasa de las Capitales”, 40 años después - Radio Cantilo

lunes 04 Nov, 2019

“Qué importan ya tus ideales, qué importa tu canción, la grasa de las capitales cubre tu corazón”. Hacia finales de 1979 Serú Girán publicaba su segundo disco una obra crítica, ácida, que apuntaba contra la frivolidad de una sociedad bajo un régimen dictatorial, que aceptaba la falta de libertad de expresión y la convivencia con el miedo como algo lógico.

Una tapa memorable, crítica explícita a la revista Gente; sonidos que mezclan el rock y la psicodelia; letras filosas, cargadas de frases directas o de doble sentido que apuntaban contra los militares de turno, los medios de comunicación cómplices, aunque también contra la decadencia del mundo occidental en estado de ebullición.

“La idea fue mía. Estaba podrido de todas esas revistas tipo “Gente”, que eran tan caretas. Habíamos compuesto ese disco para ir al choque directamente. Las canciones eran más pesadas, más contestatarias. Había que salir de la grasa, de la mediocridad. Era una época en que el rock todavía estaba en contra de la música comercial: era nosotros contra el mundo. Y la revista Gente era el enemigo”, dijo Charly tiempo después de la publicación de La Grasa de las Capitales.

En este disco cada uno de los miembros del grupo expone todo su talento, desde lo compositivo y creativo, hasta en el modo de ejecución de las nueve canciones que lo conforman.

Por supuesto que Charly García fue el cerebro principal detrás de esta obra, aunque también se aprecia el aporte de David Lebón en “San Francisco y el Lobo”, “Frecuencia Modulada” y “Noche de Perros”, así como de Pedro Aznar en “Paranoia y soledad”. Vale la pena destacar que en esta producción se pudo apreciar la capacidad camaleónica de Oscar Moro para adaptarse a los diferentes estilos de percusión que la obra demandaba.

 

Es un disco clave del rock argentino, de los cuatro discos de Serú es el que desnuda mejor el estado de las cosas, de la realidad argentina en 1979, como la frivolidad de la revista ‘Gente’, que apoyaba abiertamente al gobierno militar”, explica Oscar Jalil, periodista de rock y actual miembro de la revista Rolling Stone.

A pesar de lo que pueda significar este disco en la actualidad, los comienzos de esta banda lejos estuvieron de ser exitosos. Todo lo contrario. De hecho cuando el cuarteto regresó de su experiencia en Buzios, conformado como supergrupo, la escena musical argentina creía que se habían vendido, que no tenían nada que ver con los ideales que había propuesto el mismo Charly en Sui Géneris.

Un año antes de la salida de La Grasa Pipo Lernoud, reconocido periodista musical en ese entonces en El Expreso Imaginario, había publicado irónicamente que por razones de seguridad los dobles de Serú Girán se habían presentado en el Festival de la Genética Humana (Luna Park) donde la banda solamente tocó tres canciones.

La respuesta del grupo llegó desde la tapa del disco que llevó escrita la frase “Descubrimos los dobles de Serú Girán”.

 

LA FRIVOLIDAD DE UNA SOCIEDAD EN DICTADURA

 

“Si uno quiere entender lo que significaba vivir en dictadura tiene que escuchar La Máquina de Hacer Pájaros. En este disco lo que está presente es la sensación de los argentinos viviendo en dictadura, con una situación económica grave y después del Mundial 78, donde no había una reacción popular. Es una crítica a la sociedad y a los medios de comunicación”, asegura Jalil.

“Este disco llega luego que Charly viajara a Europa por primera vez, acompañando a Zoca, su novia bailarina. Allí conoció por primera vez París, Roma, Londres. Vio a Génesis, Devo y otras bandas. Fue en ese entonces cuando vio una Europa en decadencia, en plena guerra fría o con jornadas laborales de tres días como había en Inglaterra, donde además todas las noches se cortaba la luz. Entonces todas las capitales que el soñaba o que el argentino anhelaba también estaban en decadencia”, añade.

La crítica se presenta como eje conceptual de la obra que apunta contra “el mundo careta”, conformado por los militares, los periodistas o los conchetos. Es decir, la frivolidad de una sociedad distraía con Mirtha Legrand mientras en las calles desaparecían y asesinaban a miles de personas.

Aunque, en ese sentido, el propio Charly García cayó en algunas contradicciones también como haber ido a comer al programa de Mirtha. Aunque haya sido para mostrar la portada del disco y burlarse del poder en su propio espacio.

Las canciones hablan del estado de las cosas, la paranoia, el miedo de lo que significaba vivir en esa época en Argentina. ‘Noche de Perros’ está relacionada con vivir en un estado de poca libertad, por ejemplo”, reflexiona Jalil.

 

CUATRO DÉCADAS DESPUÉS, MUCHAS SIMILITUDES

 

Si bien el panorama político y social que se vivía en 1979 es muy distinto al de la actualidad, es cierto que algunas de las temáticas que se abordan a través de las canciones de este disco se repiten como si el tiempo no hubiese pasado.

Según Jalil “me parece que en un momento el enemigo estaba más determinado, sin libertad o posibilidad de elegir, además del horror de un gobierno militar que desaparecía gente. Si lo traemos al presente, me parece que también los medios y ese ‘mundo careta’ siguen dominando. No tiene que ver con una cuestión clasista de ‘los ricos son malos y los pobres buenos’. Sino con la actitud careta de la frivolidad, apariencia, estar ubicados en el lugar que hay que estar. En las redes sociales hay mucho de visibilizarse, querer agradar al otro, eso estaba presente en La Grasa y sigue estando”.

Similar es el caso de “Frecuencia Modulada”, canción que apunta contra esas radios que tratan de imponer “música absurda” (cualquier similitud con el presente es pura coincidencia). Aunque para Jalil en esta canción “hay un cierto grado de intolerancia en Charly García. Había cosas que no se entendían, los rockeros argentinos venían de un proceso de escuchar jazz rock o progresivo y acá aparecía la bronca o subestimación que había a la música disco, que explotó con ‘Fiebre de sábado por la noche’ y esa idea de Travolta que trabaja toda la semana para salir a bailar sin pensar, que era lo que pregonaban los militares”.

Cuarenta años después llegamos al presente, en una sociedad vacía que consume sin cuestionar todo lo que los medios le dan, en la que importa más la publicación de una foto que las relaciones humanas, y donde las radios o canales de tv están copados por esas canciones que solo hablan de sexo y violencia mientras pregonan la “viveza” del individuo. Casualmente esa misma decadencia de las capitales de la que Serú Girán nos habló hace cuarenta años atrás.

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