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Todo concluye al fin

Termina Game of Thrones y la pregunta que todos nos hacemos es si estará a la altura de las circunstancias. Mientras tanto, armamos nuestro podio de peores y mejores finales. Entrá a la nota y repasalos con nosotros, pero ojo: hay spoilers.

Todo concluye al fin - Radio Cantilo

viernes 17 May, 2019

Faltan horas para que Game of Thrones llegue a su final definitivo. Tras ocho temporadas, la historia de la lucha por el trono de los Siete Reinos terminará el próximo domingo. Sin embargo, la última entrega generó más controversias que críticas positivas. Las altas expectativas que habían depositado los fans en el cierre de la serie no lograron satisfacer a nadie. Por el contrario, fueron más las decepciones que las alegrías.

Tras dos años de espera, un presupuesto millonario y un flujo de televidentes que alcanzó picos de rating imaginados, Game of Thrones regresó el pasado abril para cerrar las tramas de sus decenas de personajes. Con seis capítulos, se suponía que el final alcanzaría una épica nunca antes vista en la televisión. Lo hizo, sí, pero no como muchos esperaban. El impacto que causaron algunos de los episodios se vio opacado por desenlaces inverosímiles, por diálogos cliché y por malas decisiones de guion que condicionaron el desarrollo de toda la temporada.

Ante este panorama, la discusión por el último capítulo se corrió del eje. Ya dejamos atrás la batalla con los caminantes y Daenerys arrasó de tal manera King’s Landing que pareciera que ya no queda nada por lo que pelearse. Así que lo que ahora realmente preocupa a los fanáticos es en qué lugar su ubicará el season finale: entre los más memorables de la historia de la televisión o entre aquellos que es mejor olvidar.

Esta dicotomía reavivó una vieja disputa sobre cuáles fueron los mejores y cuáles los peores finales seriéfilos. En una encuesta que publicó E! Entertainment en 2014, los televidentes eligieron a Breaking Bad como el mejor final de la historia, con Friends  y Sex and the city siguiéndole los pasos. Entre los peores, votaron a Lost, Dexter y Seinfield. Mientras esperamos el desenlace de Game of Thrones, aprovechamos la ocasión para armar nuestro podio de lo más destacado y lo más decepcionante de los cierres televisivos.

 

Finales que sí

El puesto número uno, la medalla dorada al mejor final de serie va para The Americans. ¿Por qué? La serie de FX fue de menor a mayor cada temporada. Ambientada en los 80, narró la historia de un matrimonio de agentes rusos de la KGB que vivían infiltrados como ciudadanos norteamericanos. Desde los suburbios de Washington, los Jennings se embarcaron cada episodio en diferentes misiones para debilitar al gobierno estadounidense y robarle información en plena Guerra Fría.

La sexta y última temporada estuvo cargada de tensión de principio a fin. Encausados en una misión que los dejó expuestos, el matrimonio se vio obligado a escapar del país en el que habían formado una familia y, dejando sus hijos atrás, regresaron a su Rusia natal. Pero ese desenlace no fue lo único brillante: la certeza de haber dedicado su vida a una causa perdida, los recuerdos de una niñez marcada por el hambre y por la guerra, recuperar sus identidades originales fueron algunas de las situaciones que marcaron el pulso de un cierre emotivo y perfecto. The Americans, sin duda alguna, no podría haber terminado mejor. Para Elizabeth y Philipp nada podía hacerles más justicia que volver a su tierra y, allí, elegirse una vez más para ser compañeros de vida.

 

El segundo final seriéfilo que merece un reconocimiento es el de Six feet under. La serie de HBO sobre los Fisher, una particular familia dueña de una funeraria, nos condujo capítulo a capítulo a un desenlace que incluyó muertes, futuro, amor, soledad y muchas, muchas lágrimas. Sus personajes, tan cotidianos, fueron creando a lo largo de los años fuertes lazos de empatía con los espectadores que veían en sus problemáticas, en sus decisiones y en sus crisis un fiel reflejo de lo que les pasaba a ellos en la vida real.

Tras la muerte del hijo mayor de los Fisher, todos los protagonistas de la historia tuvieron que reordenarse y repensarse nuevamente. Y empezar a disfrutar de sus vidas sin culpas y con plenitud. Así vimos a David alcanzar su anhelo de tener  una familia tipo, a Claire romper con los mandatos que le habían impuesto y cumpliendo su sueño de ser una fotógrafa reconocida y a Ruth a enfrentar la soledad sin ataduras ni imposiciones. ¿Qué mejor lección de vida que esa podía dejarnos la serie? Probablemente ninguna. Si le sumamos el desenlace imperfecto pero real de cada personaje, no podemos más que agradecerle a Alan Ball por semejante creación.

 

El podio de los mejores finales lo completa Mad Men. Tras la enfermedad terminal de Betty, que hizo que Don Draper se viera expuesto frente a su soledad y su hermetismo, el publicista terminó en un retiro espiritual hippie. Y allí es donde se ve cara a cara con lo peor de sí, con sus miserias, hasta que finalmente rompe la coraza que lo protegía de mostrar su verdadero yo. Repensando la identidad que había construido y que lo convirtieron en un hombre inquebrantable e infeliz, al final de la serie conocimos a un Don Draper (Dick, en realidad) sentimental y listo para empezar de nuevo.

Mientras lo vemos meditando, con un gesto que transmite tranquilidad, Don sonríe cuando el gurú dice que está por comenzar no solo un nuevo día sino también una nueva idea y un nuevo yo. Sin embargo esa no es la escena final de la serie: tras eso, aparece una publicidad de Coca Cola de 1971, de las más famosas de la marca en Estados Unidos. ¿De qué va el spot? De un mundo armónico, pacífico y teñido de amor de la mano de la gaseosa. Por lo que todo hace indicar que tras el retiro, Don se reinventó una vez más y le dio rienda suelta a su creatividad. Porque, al fin y al cabo, en el fondo, los humanos no cambiamos tanto, ¿no?

Exquisito.

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Finales que no

Dexter supo reinventar la televisión y, al mismo tiempo, estrellarse contra su propia ambición. Cuando nuestro asesino de asesinos llegó a la pantalla chica logró que nos enamoráramos de un perfecto antagonista. Ver a Dex luchar con su instinto animal, controlarlo y canalizarlo fue una de las mejores cosas que nos regaló la industria seriéfila estadounidense. ¿Cómo lo hicieron? Con una historia llena de matices y de contradicciones, de sentimientos encontrados y de sed de justicia. Porque Dexter no era un verdugo, era un justiciero que libraba al mundo de monstruos que eran mucho, muchísimo peores que él.  

Pero a partir de la quinta temporada, con un final de la cuarta entrega que nos dejó sin aliento, la serie entró en una vorágine y en un puñado de secuencias confusas que enredaron al mismísimo Dexter, el hombre más metódico y cuidadoso de todos. Tras borrar del mapa a la esposa de Dex, que le servía como fachada para mostrarse como una persona normal, el rey de la sangre perdió el rumbo. Y no porque la extrañara, sino porque los guionistas no supieron cómo seguir. Cometiendo errores de amateur, sumergiéndose en una relación amorosa que rozaba lo enfermizo y obsesivo, perdiendo la prolijidad y el objetivo central de sus asesinatos, Dexter cayó en picada.

Para el final de la serie, en la octava temporada, ya no había nada que pudiera hacerse para remontarla: tras quedar expuesto frente a su hermana y a sus compañeros de trabajo, Dexter desapareció y empezó una vida normal como leñador. ¿A quién se le ocurrió que prefería ser un hombre más? No lo sabemos, pero no se lo perdonamos.

 

House of cards fue la principal víctima de los daños colaterales tras el escándalo de abuso sexual en el que se vio envuelto Kevin Spacey. Con su protagonista afuera, la serie tuvo que sobrevivir a su última temporada como pudo. No hay nada para reclamarle a los intérpretes: las actuaciones son, probablemente, lo único que puede rescatarse de ese barco que se hundió y del que no pudieron huir a tiempo.

Claire Underwood era un personaje tan poderoso como el de Frank, pero, aparentemente, lo necesitaba para brillar. Sola contra el mundo, Robin Wright tuvo que cargarse al hombro un desenlace que desaprovechó una historia que, en sus inicios, parecía imbatible. La peor parte fue que los guionistas no se animaron a darle el protagonismo total a Claire, que dependió toda la temporada final de las migajas que quedaban de Frank.

Si bien House of cards había comenzado a decaer, el cierre de la historia podría haberle cedido la posta a un personaje que tenía suficiente espalda para soportarlo. Sin embargo, se quedaron a mitad de camino, desperdiciaron los nombres que le dieron forma el elenco y la escena final mostró lo peor que podíamos esperar: una Claire desdibujada, poco inteligente e impulsiva. Nada más alejado de la verdadera.

 

Innecesario. Esa es la palabra que mejor define al final de How I met your mother. ¿Por qué nos hicieron eso? No hay respuestas. Luego de años de seguir paso a paso las idas y vueltas de Robin y Barney, de tolerar una temporada en torno a su casamiento y de ver a Ted madurar y aceptar que ella estaba enamorada de otra persona, dieron el batacazo uniendo a dos personajes que ya habían demostrado que no tenían nada que ver.

Ted y Robin se habían separado porque su manera de ver y de vivir el mundo eran totalmente opuestas. Durante siete largas temporadas no solo la vimos a ella enamorarse de Barney sino también a él intentando olvidarla, siendo consciente más de una vez que su obsesión con ella no lo llevaría a ningún lado. Pero los creadores de la serie creyeron que era una buena idea que después de mucho tiempo, Robin y Barney se divorciaran y Ted fuera a conquistarla nuevamente.

Los fieles seguidores de la serie se sintieron, en gran parte, estafados por este cierre. Verlos crecer, soltar los caprichos y madurar emocionalmente fue, aparentemente, en vano. La mala recepción del final fue tan categórica que los creadores se vieron en la obligación de hacer público un final alternativo que habían grabado, en el que el emparejamiento forzado y poco verosímil no existió. Al menos nos queda esa historia paralela para conformarnos, pero nada nos quitará el sabor amargo de la primera decepción.

 

Y vos, ¿qué podio pensás que va a ocupar Game of Thrones?

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