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Tarantino y una oda a la cultura pop

La novena película del director llegó a los cines argentinos el 22 de agosto de la mano de una historia contada cientos de veces, pero nunca de la manera en la que lo hace Quentin.

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Tarantino y una oda a la cultura pop - Radio Cantilo

viernes 23 Ago, 2019

Quentin Tarantino es uno de los directores que más aguas divide entre los fanáticos del cine. Pero, para bien o para mal, nadie puede ignorarlo. Por lo que cuando anunció que filmaría su novena película, toda la atención del mundo del séptimo arte se focalizó en cada uno de los pasos de la producción.

Once upon time in Hollywood tuvo múltiples estrenos durante este 2019. Pasó por la pantalla de Cannes, tuvo su avant premiere en Los Ángeles y, tras un mes de larga espera desde su debut en los cines comerciales, el 22 de agosto llegó a la Argentina. Los nombres que le dieron forma a la película, por supuesto, prometieron desde el principio salas llenas y la expectativa fue en aumento con el pasar de las semanas. Las críticas, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, son extremas: al igual que la figura de su director, la cinta es tan amada como odiada.

¿Es la mejor película de Quentin? No, claro que no. Pero eso no le quita mérito a una de sus más grandes apuestas. La producción, que comenzó a rodarse el 18 de junio de 2018, tiene un puñado de aciertos que no pueden dejar de ser alabados, aún por los odiadores seriales del director: la elección del trío protagonista, la musicalización, la fotografía y la decisión de volver a narrar una ficción ucrónica, una fórmula que ya había funcionado a la perfección en Bastardos sin gloria. A eso hay que sumarle el manejo temporal, otra de las marcas registradas de Tarantino. El ritmo de las escenas no dejan que el espectador pierda la atención ni siquiera un segundo y resulta extraño dimensionar que la acción de las más de dos horas y media de duración del film transcurre en tan solo cuatro días específicos.

La novena película de Tarantino reúne dos de sus grandes pasiones: los westerns de antaño y Hollywood. Con una serie de guiños a clásicos de la televisión y de la gran pantalla, la cinta nos muestra a un par de actores caídos en desgracia frente a la nueva generación que invadió la meca del cine a finales de los 60, el hippismo, la Familia Manson, el ascenso de Roman Polanski y Sharon Tate, las drogas, los excesos y mucha, mucha violencia. Un perfecto retrato de una década que marcó a fuego la historia norteamericana y que fue un punto de inflexión para la maquinaria cultural.

Lo novedoso, en este caso, está en la manera en la que Tarantino eligió contar una de las décadas más trascendentales del siglo XX. Porque películas que narren todas y cada una de las cuestiones mencionadas hay un centenar. Pero ninguna puede contarlo con la crueldad ni con la construcción argumental, narrativa y, por supuesto, escénica a la que Quentin nos tiene acostumbrados. Porque quizás en lo que concierne a contenido no convenza a su seguidores de siempre, pero es innegable que en las formas de hacer cine su modo de ver el mundo y su impronta siguen intactos.  

Probablemente uno de los puntos más flojos de la cinta sea la participación de Margot Robbie, cuyo personaje era uno de los que más expectativas generaba. La difunta Sharon Tate, víctima de la locura avasalladora de la familia Manson, volvió a la vida en este film pero lo hizo casi como una pieza más del decorado hollywoodense. Nada de esto, claro, es culpa de la pobre Margot: su actuación, digna de una diva en ascenso, es formidable. Pero con eso no alcanza, sobre todo porque no fue eso lo que nos vendieron durante todo este tiempo.

Distinto es el caso de Leonardo DiCaprio y de Brad Pitt. El dúo, que por primera vez compartió pantalla luego del fallido intento de sumar a Leo al elenco de Bastardos sin gloria hace ya una década, superó con creces lo que se esperaba de ellos. Si hay algo por lo que Once upon a time in Hollywood será recordada en los años venideros será, justamente, por los roles que encarnaron. Y hablo en plural porque no pueden pensarse por separado: son una combinación de fracasos, frustraciones, aspiraciones que se retroalimentan. No podrían existir si no se tuvieran mutuamente.

DiCaprio, desde que explotó de la mano de Scorsese hace 17 años, parece estar siempre en su mejor momento. Más maduro que nunca y con un estilo que ya lo transformó en una suerte de hito cinematográfico, Leo va camino a ser una leyenda hollywoodense. Brad, por su parte, se luce solemne y su figura, a esta altura, ya pasó a ser un hito del cine moderno.

Once upon a time in Hollywood es, en pocas palabras, un himno a la cultura pop. Se mete de lleno y sin rodeos en una de sus historias más icónicas para apropiarse de ella y resignificarla, pero conservando su esencia sádica y desafiante. Sin dudas, el viaje ácido y violento vale la pena.

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