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Starship Troopers: una incomprendida sátira de guerra

Repasá este clásico de acción dirigido por Paul Verhoeven.

Starship Troopers: una incomprendida sátira de guerra - Radio Cantilo

lunes 23 Mar, 2020

Cuando Starship Troopers se estrenó en 1997, Paul Verhoeven ya era un nombre que pisaba fuerte dentro del cine gracias a cintas como Delicias Turcas, Robocop y Bajos Instintos. Desde sus comienzos, su cine estuvo caracterizado por el drama fusionado con la ciencia ficción, la violencia gráfica y, en otras ocasiones, por el alto contenido sexual que atravesaban a sus historias. Algunos de esos elementos aparecen también en éxitos posteriores, como El hombre sin sombra y Elle, la aclamada y polémica producción encabezada por Isabelle Huppert.  

Starship Troopers se sitúa en una sociedad futura en donde los jóvenes estudiantes son alentados para unirse al ejército. Pero todo termina en una guerra cuando unos insectos interestelares lanzan un meteorito y destruyen gran parte de una ciudad. Al momento de su llegada a los cines, muchos espectadores no captaron de inmediato la ironía que escondía el film: Verhoeven fue acusado de imperialista, militarista y poco menos que genocida, cuando en realidad su mensaje era, claramente, el opuesto.

Apenas había estrenado Bajos Instintos cuando el Verhoeven se enteró de la existencia del guion de esta historia. Jon Davidson, el productor, supo que los derechos de la novela homónima estaban libres y fue en ese momento que decidieron adaptarla. Contactaron de inmediato a Phil Tippett, quien venía de ganar el Oscar por Efectos Visuales gracias a su labor en El retorno del Jedi y Jurassic Park y fundaron la Big Bug Pictures para darle forma a la cinta. Para ese entonces, el director solo impuso dos condiciones: que lo dejaran terminar la grabación de Showgirls, por la que ya había asumido un compromiso, y reinventar la visión del libro original.

¿Propaganda fascista o todo lo contrario?

Robert E. Heinlein es uno de los más importantes autores clásicos de ciencia-ficción. Entre sus obras hay cosas tan esenciales como Amo de títeres, Forastero en tierra extraña, La luna es una cruel amante y, por supuesto, Starship Troopers. En esta última, reivindica el uso constructivo de la fuerza y la tesis de que la gente debería nacer sin derechos y ganárselos con la aportación a la sociedad.

Por esa razón, Verhoeven decidió cambiar esa visión de la historia dándoles una particular entidad a sus personajes. Y lo hizo de una manera, digamos, maquiavélica: escogió a actores inusualmente atractivos y de una pieza, como salidos de una serie para adolescentes de la época, combinado con el tono de farsa general. ¿El resultado? Una bomba. Casper Van Dien, Denise Richards, Jake Busey y Neil Patrick Harris van encajando en los distintos tópicos del cine estudiantil y solo se escapa Dina Meyer dando vida a la inteligente Isabelle “Dizzy” Flores, personaje salido de fundir a un par de soldados previos de la novela, y que encaja mejor con el estilo de mujer fuerte, decidida (y morena) de Verhoeven.

Es imposible para el espectador empatizar con cualquiera de estos personajes, actualización de una raza aria imposible, que entran en el ejército por orgullo juvenil, por pulsión adolescente u obedeciendo a inhumanos ideales que justifican la idea del genocidio. Como es habitual en Verhoeven, deja al espectador sin asideros emocionales.

La primera mitad de la película es una clarísima parodia de la propaganda bélica, con homenajes incluidos a El triunfo de la voluntad y donde no se molesta en hilar muy fino. Sin embargo, en la segunda mitad, Verhoeven aplica una táctica mucho más maquiavélica, al plantear una película de acción con ese mensaje, pero que funciona como película de género.

Por supuesto, TriStar quería recuperar los 105 millones de dólares que invirtió y Starship Troopers tenía la obligación de comportarse como un blockbuster, pero la intención de Verhoeven estaba clara al encajar las secuencias de acción tras la propaganda paródica.  Cuando llegó a los cines hace 16 años, la mayoría de los críticos americanos la defenestraron.   Durante las casi dos décadas desde el debut de la película, esa situación no ha cambiado demasiado.

No hay duda de que el mensaje detrás de Starship Troopers es antimilitarista, antifascista, anti-guerra. Es, también, la película infantil más violenta que se haya hecho. Y cuando decimos que es para niños, no la hacemos desde un lugar despectivo: su acción, sus personajes y sus valores son lanzados a los fanáticos de la ciencia ficción de 11 años. Eso la hace fiel a su origen.

 

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